Capítulo 9: Olor a lirio.

Nagisa tenía los nervios de punta, llamar a Gakushuu no le dio la información que buscaba, tras bombardearle con preguntas como: “¿Quién es? ¿Cómo es? ¿Es hombre o mujer? ¿Siquiera tiene la estabilidad mental para cuidar de un niño? ¿Cómo sabes que no es un psicópata pedófilo? ¿Tiene la economía para aguantar el apetito voraz de Karma? Mejor vamos a someterlo a un periodo de prueba con un muñeco con peluca roja para ver cómo le va” Gakushuu, arto, le dijo que lo iría a recoger para que lo viera con sus propios ojos para después colgar y probablemente bloquearlo hasta en twiter porque no responde a ninguno de sus contactos.

Con su pie moviéndose inquieto en clara señal de ansiedad, su mirada rueda a la figura calmada y ajena de Karma viendo la televisión ya que su consola se había quedado sin batería. Nagisa todavía no tiene las palabras correctas para decirle que le consiguieron un lugar mejor para vivir, y no por falta de intento, pues lo lleva dando vueltas desde la noche prueba de ello son los sacos oscuros que tiene debajo de los ojos.

El pequeño veía con mucho interés una telenovela, prestando atención a como los protagonistas se tomaban de las manos mientras veían el atardecer y luego bajaba la mirada a las suyas propias, como percatándose que el también tiene un par igual y que puede hacer lo mismo. Nagisa sonríe, Karma estaba aprendiendo poco a poco de su entorno y mostrando una sana curiosidad, y pese a que un principio se veía muy retraído ahora se abría y hasta sostenía conversación, es un buen chico.

Se merece lo mejor.

El timbre de la puerta lo sobresaltó más de la cuenta, tragó grueso al saber que ese debe ser Asano buscándolos.

Se levanta tambaleante y respira profundo.

—K-Karma, es hora de irnos—El menor asiente para dirigirse hacia él.

El saludo con Asano fue corto, apenas un hola de Nagisa y una mala cara de Karma que fue bien devuelta. Subieron a un auto negro elegante conducido por el chofer personal de Asano.

—Deja la ventanilla demonio imperativo—Regañó al ver al menor subiendo y bajando la ventana en un juego infantil para molestarlo. A un lado veía a Nagisa en una postura tensa y moviendo los dedos inquietamente y mirando el paisaje afuera, fingiendo la calma que a leguas se ve que no tiene. Suspira con exasperación.

Va a ser un largo camino.

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Aún con el sonido del mar y la arena a sus pies Nagisa tenía el seño fruncido, suavizándolo sólo cuando Karma le veía para preguntarle que era ese enorme manto de agua que se extendía a lo ancho frente a ellos.

—Una playa eh…—Dijo, mientras veía Karma recoger una concha—¿Sabes cuantos menores mueren ahogados por negligencia adulta? Además en todo el recorrido hacia aquí he visto a delincuentes y a mujeres en poca ropa, malos ejemplos en todos lados.

—Deja de quejarte y sólo sígueme—Dice Asano terminando de quitarse los elegantes zapatos escolares que llevaba.

Los tres caminaron a oriyas de la playa, viendo una que otra chica en bikini o muchacho vendiendo helados. Karma miró a una pareja de enamorados que veía las olas, ambos tomados de las manos y emanando un aura que no sabe describir, vio su mano y luego vio la de Nagisa balanceándose tenuemente conforme avanzaba. Es una simple acción que le dio por imitar, se estiró para intentar alcanzarla pero cuando estaba cerca de tomarla Asano habló parando de andar de pronto con Nagisa imitándolo, cuando el peli azul lo miró de reojo escondió la mano rápidamente sin entender muy bien porque lo hacía.

Las mejillas se le calentaban sin entenderlo del todo.

—Es aquí—Decía Asano, apuntando a la humilde pero agradable casa plasmada en la distancia.

Nagisa poseía una expresión de total desaprobación, buscando los mil un desperfectos que tenía la vivienda conforme se acercaban. Ya frente a la puerta de madera, Asano tocó pausadamente.

Una voz femenina se escuchó y Nagisa tragó grueso al tiempo que tomaba de los hombros a Karma y lo jalaba detrás de él. El menor se mostró confundido pero no se resistió.

El individuo que los recibió era una mujer joven, de un cabello liso y largo de un roza claro, y vestía un kimono blanco floreado. Nagisa sintió un revuelo en el estómago al notar que sus ojos eran de un cobre sagaz.

Igual que Karma.

—Bienvenidos—Decía con una voz serena, su mirada tanteó entre Asano y luego en Nagisa, después de unos segundos de silencio parecía opacarse en decepción—¿Él no está?

Asano le dio un codazo a Nagisa mientras le dirigía una mirada severa, el más bajo le dedicó una mueca para después hacerse a un lado lentamente y con cautela.

La mujer y Karma quedaron frene a frente.

Nagisa contemplaba como a ella se le iluminaba la mirada mientras el menor observaba cada facción del nuevo individuo frente a él.

—Karma…—Dijo ella, con la voz ligeramente quebrada.

—Me conoce—Dice él, la mujer se agacha a su altura con un poco de dificultad, hasta ahora no se había dado cuenta de que llevaba un bastón de madera, le sonríe dulcemente.

—Nos conocemos—Corrige ella, Karma arqueó una ceja y percibió un tenue olor a flores—¿Recuerdas quién soy?

Karma se quedó en silencio observándola, distinguiendo mejor el olor como al de los lirios. Unas viejas imágenes que creía había olvidado le cruzaron la mente.

Una mujer de cabellera roja junto a un hombre de cabello negro de espaldas y abrazados, él los observaba junto a una mujer, ella olía muy bien. A lirios.

—¿Abuela?—Dice antes de ser abrazado por la mujer cuyas lágrimas caían en silencio.

Nagisa se limitaba a observar en silencio.

No podía encontrar algún defecto en la escena frente a él.

Continuará…

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