Capítulo 7: ¡Gracias por la comida!

Eran raras las ocasiones en que salía a hacer las compras, le bastaba con comprar sushi, fideos instantáneos, y un poco de pan. Pero su dieta cambió por completo con la llegada de Karma.

“Es un niño en crecimiento” se dijo así mismo cual adulto responsable (pese a que su edad es apenas quince años) “Mientras esté a mi cuidado debo alimentarlo correctamente” sonrió decidido a la vez que tomaba numerosas verduras y carnes.

Preparó un festín, el mejor que pudo, la mirada de Karma brilló al tiempo que un tono rojizo se posaba en sus mejillas. Nagisa sintió una gran dicha cuando lo veía devorar con felicidad lo que preparó.

El problema es que no paraba.

Una de las tantas características principales de los yatos es que estos comen como si sus vidas dependieran de ello, es así como las compras que había hecho para un mes se fueron en dos almuerzos para Karma.

Su bolsillo estaba en quiebra, pero no tenía corazón para decirle al menor que feliz devoraba todos sus platillos. Así tenga que cumplir trabajos más a diario, haría feliz a ese pequeño.

—¡No me importa cuánta sangre tenga que derramar, le compraré fresas todos los días!—Decía, con decisión en sus ojos.

La chica a su lado, de melena negra, larga y ojos anaranjados, sonríe compasiva mientras le daba unas palmaditas en la espalda.

—Eres un buen hermano mayor Nagisa—Le decía para reconfortarlo mientras le hacía seña al cantinero para pedir otra ronda de nmalteadas, que ella invitaba por supuesto ya que el contrario estaba sin un centavo.

—Él es tan lindo cuando sonríe…—Nagisa sonreía bobamente mirando al techo fantaseando—solía tener una mirada distante pero ahora poco a poco está abriéndose.

La chica lo observaba sin dejar de sonreír, había escuchado de Asano sobre que el ánimo del peli azul estaba alegre. Algo que la reconfortaba ya que consideraba que él más que nadie merecía ser feliz.

—Parece que te has encariñado con ese niño—Comenta, y Nagisa se queda quieto por un momento, con sus pensamientos perdidos en otra parte.

—Supongo…—Murmura distante sorprendiéndola un poco—debo cuidarlo bien mientras Gakushuu le consigue un hogar.

—Ah…

Ese era el detalle, por muy feliz que esté ahora tarde o temprano Karma se irá, por eso debe hacer lo mejor posible para darle comodidad. Lo comprende, pero no puede evitar sentir desilusión por Nagisa. Un vibrar de su bolso pequeño la distrae.

—Mi objetivo ya está en marcha—Dice, dejando el pago de las bebidas.

Nagisa suspiró con algo de decepción.

—No sé porque sigues en este trabajo si ya ganas más que suficiente como actriz, Akari.

—Me gusta tener un respaldo, y tú necesitas quien te cubra las espaldas.

—Akari…—Sus ojos se aguaron conmovidos por la declaración de su amiga que soltó una risita.

Ella y Asano son las personas más cercanas a él, las únicas que permite su cercanía. Es difícil para él explicar cómo se construyó esa relación, que en un principio era un vínculo de dar y recibir que se convirtió en algo más profundo sin darse cuenta.

—Te deseó suerte con tu niño…—Le sonríe dulcemente antes de depositarle un beso de despedida en la mejilla—¡Asegúrate de regresar a tu casa temprano!—fue lo último que dijo antes de retirarse por la puerta.

El camino de regreso fue un tanto largo y frío para su gusto, eran altas horas de la noche por lo que no había más vida que la suya propia. Oscuro y solitario, era un panorama parecido así mismo.

No le molestaba la soledad, le daba cierta seguridad, estando él sólo sabe que nadie le hará daño sin que se dé cuenta, que nadie va a juzgarlo. Lo único que le molestaba era el frío constante, y la inquietud que le producía ciertos recuerdos.

Se abraza así mismo y suspira.

En poco tiempo ya estaba en la puerta de su departamento, pareciéndole sombría, pensando para sí mismo si de verdad vivía alguien allí. Fue cuestión de segundos encajar la llave en la cerradura.

Ahora somnoliento se quitó los zapatos en la entrada, estaba acostumbrado a la oscuridad de su departamento, inerte sin más que sombras en cada esquina. Era el panorama que siempre lo recibía después de cada trabajo, normalmente se daría una ducha y se iría a la cama a tener seguramente pesadillas…

—¿Qué haces despierto? ¿No te he dicho que te acuestes temprano o te saldrán ojeras? ¿Por qué insistes en llevarme la contraria?

Un ruido lo despertó de su ensimismamiento. Una luz en la cocina lo puso por reflejo alerta sacando el cuchillo por un posible peligro.

Pero entonces recordó que ya no es el único en ese departamento.

—¿Karma?—Llama, pero no hubo respuesta salvo el ruido de unos utensilios. Extrañado se dirige a la puerta.

Cuando entra es recibido por el delicioso aroma a comida y unos platos llenos sobre la mesa. El menor estaba sentado en la mesa observándole expectante.

—¿Qué es todo esto?—Pregunta sorprendido.

—Comida—Responde con simpleza, y Nagisa recuerda que tiene que ser más especifico con él.

—Sí pero… ¿A esta hora?

—Pensé que tendrías hambre después del trabajo—Explica.

Nagisa arquea una ceja confuso hasta que recuerda que le había dicho antes de salir que debía reunirse con alguien, quizás el menor lo interpretó por asuntos de trabajo.

—¿No quieres? ¿Hice mal?—Pregunta, con la mirada suavizada en aires de pena y Nagisa sentía que le estrujaban el corazón como a un limón.

—¡No! ¡Hiciste bien me muero de hambre!—Decía rápidamente sentándose en la mesa—sólo me sorprendió que supieras cocinar.

—Aprendí viendo la televisión.

—Cielos Karma, eres muy listo—Sonrió al menor quien agachó la cabeza para evitar que vieran su rostro, una de las cosa más tiernas de él.

Cuando lo ve ser el primero en tomar un bocado no puede evitar tener una sensación de calor en el pecho, y el lugar que siempre parecía oscuro ahora estaba lleno de luz, como si nunca hubiera habido oscuridad en ese sitio.

Era reconfortante.

Nagisa sonríe y junta las manos.

—¡Gracias por la comida!—Tras una mordida sus ojos se alumbraron maravillados.

Nagisa reconoce que Karma cocinaba mucho mejor que él.

Continuará…

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