Capítulo 10: Un día normal para el shinigami.

Dentro de esa mansión de lujo todo era tranquilo como lo quería el dueño, un jefe de policía corrupto con la costumbre de poner contra las rejas a quien le faltara el respeto y de hacer la vista gorda si le daban el dinero suficiente. Divorciado y con dos hijos cuyas custodias pasara dentro de poco hacia él gracias al soborno de un juez, su mujer se arrepentirá de haberlo dejado eso lo daba por seguro.

—Señor, su desayuno—Dijo de forma humilde la ama de llaves que trabajaba para él durante años. Puso un plato de panqueques frente a un hombre robusto de cabello castaño alborotado y en pijamas color blanco.

—Esto se ve bastante bien hecho para ser tú, Yolda—Agregó con cierto tono burlón a lo que la mujer frunció el entrecejo levemente.

—Lo hizo el chef que contrató la otra vez, señor.

—Ah es cierto—Agregó ya recordando a aquel hombre de melena negra y sonrisa amable, justo cuando había despedido el anterior cocinero por haber pedido un aumento de salario (Según él injustificado) cayó este del cielo, no sabía como pero ese joven lo convenció con una simpática sonrisita. Sin darle más vueltas le dió un mordisco a su comida.

Al acabar de desayunar fué a ducharse, ponerse su uniforme policial e ir a su coche patrulla guardado en el garaje, su ama de llaves lo acompañó a la salida y lo despidió ya montado en el vehículo hasta que arrancó. Lo siguiente fué un choque brusco contra un árbol justo en frente de su casa y el grito de horror la mujer, las demás personas que se hallaban cerca del accidente corrieron hacia el auto intentando socorrer al hombre, pero al abrir la puerta se lo encontraron muerto contra el volante con un hilo de sangre saliendo de sus labios.

Según la  policía fué por envenenamiento, interrogaron a la ama de llaves quien juraba que el que preparó el desayuno ese día fué ese “cocinero” que despareció y sólo dejó un currículo con nombre y datos falsos. Terminó de ver las noticias, y se dirigió al lugar acordado, un parque público en donde en una banca sentado estaba un hombre de cabello moreno liso por encima del hombro, llevaba un suéter marrón con pantalones holgados negros y leía un libro tranquilamente hasta que la vió llegar y sonrió.

—Buen día—Saludó amable y con una aura a gusto ¿Quién diría que alguien de apariencia tan amigable sería un asesino sanguinario?

—Aquí tiene la otra parte del dinero que le prometí—Dijo la mujer que le extendía un maletín negro y él lo tomó—gracias—puso su mano en su pecho y le sonrió con agradecimiento—de no ser por usted ese monstruo me hubiese quitado a mis hijos, se lo agradezco mucho, es nuestro héroe—el hombre la miró inexpresivo para luego volver a una sonrisa.

—Creo que tiene una definición muy errónea de los héroes—Se despidió de la mujer rápidamente y se retiró. Anduvo por entre las calles un rato, tenía un compromiso que cumplir.

Entró a un café casi sin clientes, perfecto para tener reuniones sutiles, en una esquina divisó sentada en una mesa a una joven de cabello liso negro sujetado en una trenza hasta los hombros, lentes redondos y ojos violetas, llevaba una blusa blanca con una falda larga roja. Se acercó y la mujer se percató de su presencia, con una sonrisa tímida lo saludó, él le extendió el maletín

—Aquí tiene el pago por los tónicos que me vendió, Manami san—agregó con una sonrisa y la aludida desvió  la mirada ruborizada.

—G-Gracias—Balbuceó nerviosa y él le sonrió.

—A usted—Decía mientras hacía una breve reverencia—fué un placer hacer negocios con alguien de su calibre. Que tenga un día tan lindo como usted—se dispuso a retirarse cuando escuchó la voz de la joven.

—¡E-Etto… Shinigami san!—El moreno se tensó casi imperceptiblemente, “Shinigami san” ¿Cuánto hace desde la última vez que lo llamaron así?—ummm… ¡Puede llamarme cuando quiera! Puedo… hacer todo tipo de químicos que le podrían ser útiles…—decía tímida mientras jugueteaba con sus dedos.

El contrario volteó a verla y  tragó grueso nerviosa, sentía como esa mirada profunda la analizaba de pies a cabeza. De repente una sonrisa apareció en su faceta.

—Manami san, llámeme Koutaro—Pidió amable y se retiró dejando a la joven más que temblando de los nervios y sonrojada. Ya fuera del local y caminando en la acera se arrepintió´ levemente el no haber invitado a la chica a tomar algo, pero tenía asuntos que atender y además… no es buena idea volver a involucrarse con alguien más. Miró el reloj en su mano derecha—debo darme prisa, mi objetivo está a punto de salir.

Caminó con más velocidad, se metió por unos callejones maltrechos, llegando a un edificio sucio donde había un bar de mala muerte, se ocultó detrás de una pared y esperó unos minutos. Un hombre de piel morena y afro salió acompañado de una mujer con vestido negro ajustado, sonrió y sacó el libro que leía en el parque, haciendo como que leía y caminando hacia la pareja que charlaba distraída, de un momento a otro chocó su hombro con su objetivo.

—¡Ack! ¡Oye tú ten cuidado!—Gritó rabioso aquel hombre.

—¡Oh discúlpeme!—Dijo tapando su rostro con su libro retirándose rápidamente bajo la mirada atónita del par.

—¡Oye regresa! ¡Ouch! ¡¿Qué rayos tenía en el hombro?! Sentí como si una agu…ja.

—¿Cariño?—Pronunció al ver como su pareja dejaba de hablar de repente, su expresión cambió a horror cuando lo vió caer al suelo y escupir sangre, volteó buscando al hombre con el que tropezaron y este había desaparecido por completo. Se agachó a socorrer al hombre que le daba de comer y sus lujos pero ya era tarde.

Ahora Koutaro observaba con una simple sonrisa desde lo alto de una azotea de un edificio como a su víctima la rodeaban numerosos transeúntes, miró la aguja vaciada en su mano.

—Los efectos son rápidos, no está mal…—Sonrió satisfecho, ya había hecho dos contratos en un día y eso sería suficiente para llamar un poco la atención,  así que decidió que eso sería todo por hoy. Miró su reloj nuevamente y vió que pronto sería la hora del almuerzo—Nagisa…—susurró recordando la imagen de su estudiante cuando este apenas cursaba secundaria, curvó los labios ampliamente mientras sacaba su celular y marcaba un número.

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—¡Maestro!—Llamo Nagisa con alegría  desde la cocina mientras veía a Koutaro llegar desde la entrada—bienvenido.

—Estoy en casa—Se quitó los zapatos y se fué al comedor a sentarse en la mesa para ver como su alumno con un delantal blanco preparaba el almuerzo.

—Me alegro que haya querido venir aquí comer—Agregó el peli azul mientras levaba unos vegetales.

—A mí también, aunque pensé que ibas a estar ocupado con tu trabajo de guardaespaldas.

—La mañana la tengo libre ya que Karma kun está en la clínica vendándole un brazo acompañado por los hombres de Karasuma san—Explicó mientras se acercaba al contrario con una taza de café recién hecho.

—¿Está herido?

—Tiene una quemadura de bala, salió bastante bien librado teniendo en cuenta que lo intentaron matar la otra noche.

—¿Es así?—Agregó tomando un sorbo del café mirando atento al menor que ahora cortaba los vegetales.

—Oh si, dos asesino profesionales con sus hombres armados por todo el hotel de lujo buscando la cabeza de mi jefe con desesperación, y yo, su guardaespaldas disfrazado de mesero protegiéndolo de la lluvia de balas que teníamos encima ¡Cual película de acción!—Hablaba con total drama tirando las verduras ya cortadas a una olla de agua hirviente—llegué a creer que íbamos a morir.

—Pero no lo hiciste, estas aquí todavía luchando por tus metas, me enorgulleces—Agregó viendo como el menor sonreía levemente ruborizado por sus palabras—noto que ya no hablas de Karma kun con el mismo tono de fastidio de siempre, Nagisa—el aludido ahora echaba condimentos a la cacerola mientras lo miraba de reojo brevemente.

—¡Ah sí! Cuando escapamos del hotel nos escondimos en una cueva, le practique primeros auxilios y luego empezamos a charlar, resultó no ser igual a otros pedantes talentosos, creo que hasta me cae bien maestro.

—Me alegra oír eso—Tomó otro sorbo de café—¿De que hablaron?

—De cosas sin gran importancia, porque él eligió ser burócrata y se sorprendió cuando le dije que no era asesino.

—Normal que se sorprenda.

—Me dijo que me veía mejor con el pelo suelto—Agregó mientras tomaba un mechón de su pelo con una mano y con la otra revolvía con un cucharon de madera el interior de la cacerola—creí que era broma pero hablaba en serio.

—Tu cabello es hermoso Nagisa, tú eres el único que cree lo contrario. Es lindo que te hayas hecho amigo de un burócrata cuyo precio de su cabeza es tan alto.

—Bueno, no sé si considerarnos amigos… las personas como él se aburren de compartir el escenario con personas como yo…—Agregó con un suspiro mientras servía unos platos en la mesa.

—Otra vez esa ridícula baja autoestima.

—Soy realista.

—Tu idea de realista “haría”suicidarse hasta a una cebolla—Explicó tan tranquilo a lo que Nagisa puso un puchero.

—¿Qué tal fué su día?

—Oh vamos Nagisa, hay mejores temas de conversación que los aburridos días de tú viejo maestro.

—No son aburridos y usted no es viejo.

—Me halagas—Respondió con un semblante suspicaz—bueno cumplí con dos contratos hoy; el primero un jefe de policía corrupto y el otro un yakuza cuya lengua era muy suelta para el gusto de algunos superiores—explió risueño bajo la sonrisa nerviosa de su estudiante—cobre mi dinero y le di la mitad a mi nuevo proveedor de venenos.

—¿Nuevo proveedor?¿Qué paso con el anterior?

—Quiso pasarse de listo traicionándome con decirle mi identidad a la policía y cobrar la recompensa, lo eliminé. Mi nueva proveedora es una encantadora joven; dude en contratarla debido a su falta de experiencia pero me conmovió su pasión así que le dí una oportunidad.

—¿Usted conmovido? Creo que si se está poniendo viejo—El otro soltó una carcajada en respuesta a su burlón comentario.

—Resultó que la chica tiene mucho talento; sus venenos matan a los segundos de ser usados, no tienen olor ni sabor. Ella parece dulce e inocente; pero tiene una extraña pasión por los químicos corrosivos; me parece linda incluso le permití que me llamara Koutaro—Nagisa volteó verlo sorprendido.

—¿De verdad? ¿Está seguro? ¿Acaso no es peligroso?—Preguntó un tanto preocupado a lo que mayor le sonrió confiado.

—Si me da problemas la elimino y ya está, pero no creo que lo haga.

—¿Cómo lo sabe?

—Instinto.

—Ya veo…—Nagisa empezó a servir el almuerzo; se quitó el delantal y lo puso en un perchero; para luego sentarse a comer junto a su maestro—¿Y algo más?

—Un día normal y aburrido Nagisa.

Y almorzaron en un tranquilo silencio…

Continuará…

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