Capítulo 12: Entre nosotros.

Leorio suspiró mientras que en su mirada mostraba resignación y frustración, guardó en un maletín las herramientas médicas que acababa de usar y miró al hombre acostado en la camilla con la respiración agitada.

—Lo siento…—Fue lo único que se le ocurrió decir y recibió una sonrisa de compresión.

El ruido de la puerta abriéndose los interrumpió, Gon se asomaba con timidez y evidente preocupación.

—Disculpen si interrumpo…

—¡Oh Gon kun!—Dijo el anciano con sorpresa para luego toser ahogadamente. El moreno crispó un poco y entorno la mirada primero en el estado deplorable y pálido del viejo Tai y luego en la mirada de seriedad de Leorio, los pensamientos de lo obvio e inevitable que rondaban en su cabeza fueron confirmados al ver como su amigo negaba con la cabeza con ojos de impotencia—no te quedes allí, ven y acercarte para que este viejo pueda apreciarte como se debe—Gon sonrió como pudo y avanzó hacia el enfermo mientras Leorio sólo caminó hacia la puerta—no sabes cuánto te agradezco el que hayas saltado a salvarme sin titubeo alguno.

—No fue nada Tai san. Vine a traerle esto—Decía mostrando la cámara con el lente roto—pero creo que las rocas la dañaron, lo siento…

—¡Oh te lo agradezco tanto!—Sonrió con los ojos brillantes ya con el preciado objeto en sus manos. Escucharon la puerta nuevamente y vieron como Leorio se retiraba sin decir nada, suspiró y se acomodó como pudo mientras sus manos sostenían la cámara con delicadeza—¿Sabes? El discutió con este tipo… eh… ¡Tompa!—Decía con ademan de recordar—no estuvo para nada de acuerdo con que disparara al techo y que casi me abandonara, hizo su mayor esfuerzo en tratar de curarme, logró que mi dolor disminuyera y aun así puedo ver claramente que no está satisfecho y se siente notoriamente culpable, si sigue así este mundo lo destrozara—Gon sonrió ante su comentario.

—Leorio es ese tipo de persona. Hará todo a su alcance y se frustrará si sólo consigue un resultado a medias. Quiso ser médico para ayudar a las personas por eso estudio tanto y tan duro ¡Hasta logró sacar una beca para la universidad!

—¿Así que es más listo de lo que aparenta eh? Jaja…—Rió un poco para luego toser grave, Gon con la mejor sonrisa que tenía le paso el vaso de agua que había en la mesita a su lado.

—¿Le duele tanto?—Ablando la mirada mostrando preocupación.

—No te mentiré…—Recostó suavemente su cabeza en la almohada mientras le sonreía apacible—Killua ¿Cómo está él?

—Está bien, fue a buscar chocolates.

—Es un buen chico, aunque bastante tímido debo decir. Tú y él se ven tan bien juntos…

—¿Eh?—Pronunció cambiando a una expresión nerviosa que al anciano le produjo cierta gracia.

—Su vínculo de amigos es tan visible y cálido, una imagen digna de sacar una fotografía.

—Oh… Si—Se avergonzó de sí mismo al mal interpretar las palabras del contrario. Observó con más detenimiento a Tai, su piel estaba pálida, respiraba con dificultad y podía ver que sufría. Gon bajó la mirada cariz bajo, mostrando en su mirar culpabilidad y tristeza, jugueteó con sus dedos, mordió su labio, tomó aire y exhaló, alzó mirada para encontrase con el semblante expectativo del contrario—Lo siento, Tai san—el aludido sólo atinó sonreír con su rostro pálido—yo… esto no está bien…

—¿Qué está bien y qué está mal en un mundo sin reglas?—Sus palabras tomaron desprevenido al contrario— en un mundo donde sólo soporta el más fuerte ¿Dónde cabe un viejo como yo?

—Tai san pero…—El aludido alzó la mano para que lo dejara continuar.

—Mi mujer murió mucho antes que todo esto comenzara, y me alegro, ella era muy llorona y no hubiese soportado este mundo. Pero desde que murió, no he pasado un día en que no piense en ella—Suspiró mientras pesadamente se recargaba en el espaldar y miraba hacia el techo de forma soñadora—me han llegado estas cosas a la cabeza… ¿Cuántas veces le di un beso? ¿Cuántas veces le eh dado un abrazo? ¿Le compre aquella taza de porcelana que quería? ¿Qué fue lo último que me dijo? ¿Qué fue lo último que le dije? ¿Qué tan a menudo le dije lo importante que era para mí? ¿Lo hice alguna vez? La verdad no me acuerdo de ninguna…—soltó un quejido cuando sintió un dolor punzante en su pecho y la respiración se le hizo más difícil.

Gon estaba a su lado guardando silencio y mirándolo atento. Con cierto brillo en sus ojos que definió como curiosidad.

—Usted de verdad habla de ella como si fuera muy importante… ¿De verdad piensas en esa clase de preguntas todos los días?—El contrario por un momento guardó silencio, su mirada ida se fijó en algún punto del techo mientras pensaba en la respuesta correcta.

—Es complicado… son pocas las personas únicas que nos hacen sentir de esta manera, algo que no todos tienen… ¿Lo entiendes?

La mirada del moreno se desvió dubitativa por un momento, mientras su mente hacía memoria de la imagen de todos los seres importantes y queridos por él. La sonrisa maternal de Mito san, la gruñona pero determinada expresión de Ging, Kite y sus suspiros de cansancio en un intento por mantener la paciencia ante las adversidades, los chistes y las ocurrencias de Leorio y su dedicación por ayudar a los demás, el ingenio y temperamento de Kurapika siempre manteniendo la calma ante la situación, la brillante y tierna risa de Alluka cuando jugaba con ella, y Killua… su mejor amigo y de quien espera nunca separarse en lo que le quede de vida… ¿Cómo se le llamaba a ese sentimiento?

—Lo entiendo—Dijo finalmente. Tai rió de forma socarrona para luego toser cortamente.

—Sí que tardaste ¿Eres bastante lentecito verdad?—Suspiró sin dejar de sonreír a pesar del puchero que le brindaba el otro—¿Te has… planteado o tan siquiera imaginado… como te sentirías cuando esa persona muera? Ya sea asesinada o devorada por esos monstruos…

—No permitiré que nada de eso ocurra—Interrumpió con una mirada decidida, y, casi imperceptiblemente alterada, ante eso esboza una sonrisa.

—Pues entonces… lo logras, proteges a tu ser importante durante mucho, mucho tiempo… y luego muere, porque la muerte natural es inevitable para todo el mundo, y por mucho que quieras a esa persona no puedes evitar el golpe del destino, deja de respirar mientras tranquilamente dormía. Si es así… ¿Lo aceptarías? ¿Estarías listo para eso?

Gon apretó sus puños y los labios, intentando parecer lo más normal posible resistiéndose a mostrar lo mucho que esas palabas lo alteraban.

—Yo…—Murmuró para luego caer en silencio.

—La respuesta es no…—Dijo, hubo una pausa porque tosía cada vez por más rato—nadie está listo para algo así y no puedes controlar el mañana… así… que… en vez de mortificarte por lo que pasará mañana… por una dolorosa perdida que no podrás evitar, es mejor pensar, en lo que harás ahora…—cerró lentamente los ojos, abrazando contra su pecho la cámara maltrecha mientras se le iba las fuerzas—es así como siempre ha sido… ¿Verdad?

Transcurrió un largo rato de silencio en donde Gon contemplaba el rostro tranquilo del anciano, ya sin escuchar su respiración sólo lo tapó por completo con una sábana.

—Gracias, Tai san. Por favor descanse…—Decía suave y dulce. Y caminó hacia la puerta cruzándola en silencio. Lo primero que vio con sorpresa fue el rostro de Kite observándolo expectante—¡Kite!

—Se fue ¿Verdad?—Gon asintió con la mirada afligida, se inclinó a su altura y posó sus manos en los hombros del menor para mirarse mutuamente a los ojos—hiciste todo lo que pudiste, le salvaste de tener un final sangriento y le brindaste paz en sus últimos momentos ¿Entendiste?—le sonrió al moreno—estoy seguro que está agradecido contigo. Le daremos un entierro apropiado—se recompuso y le hizo señas a otros dos soldados quienes se adentraron en la habitación—ve a descansar, te lo mereces.

Gon sólo se retiró en silencio y Kite suspiró, tanto padre como hijo son complicados pero Gon gana un bono por ser más sentimentalista, quizás por su joven edad, si hay algo en común con Ging es que ambos no soportan perder a sus camaradas. Curvó sus labios en una sonrisa, quizás es por eso que los admiraba…

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El anochecer estaba presente y sólo el brillo de una luna creciente iluminaba sutilmente el bosque, el astro se reflejaba en el río en donde caía una catarata. Gon lanzaba piedritas al agua mientras su mente divagaba en un mar de pensamientos complicados pero que a la vez entendía perfectamente.

—Te encontré—Gon volteó topándose con la imagen de Killua recargado en un árbol terminando de comer lo que parecía una barra de chocolate—¿Cómo estás? Con tai…—Gon le dió una sonrisa triste, y ya tenía su respuesta. Relamiéndose lo que le quedaba de chocolate en los labios se fue hacia donde estaba el contrario—aun me cuesta creer que no haya habido más víctimas…—agregó mientras se sentaba a su lado—quizá hasta ese viejo este agradecido de morir.

—¿Tú crees?—Gon abraza sus rodillas y acomoda su quijada en ellas, buscó con la mirada la del otro.

—Al menos ya no tendrá que sufrir más.

—Eso suena triste.

—Es como es. Al fin a cabo nunca asumimos en verdad cuando alguien se va ¿Quizá hasta no lo entendemos?—Se encogió de hombros y lanzó una piedrita al río la cual se perdió en lo profundo de éste, sin notar como el moreno escondió su rostro hasta dejar sólo sus ojos, los cuales se encontraban abiertos con asombro. Sintiendo el nudo de sentimientos inentendibles en el estómago, se encogió así mismo. Quizá no lo entendemos—Oye Gon ¿Crees en eso de que las almas puedan reencontrarse o algo así?—preguntó con curiosidad, sin embargo no hubo respuesta del nombrado—¿Gon?—miró al aludido quien le huía la mirada.

—Me gustas…—Susurró, tan bajito que casi no lo escuchaba de no ser porque estaba justo a su lado. Killua abrió los ojos en asombro mientras lo veía, y él escondió su rostro en sus brazos.

—………………¿Qué?—Murmuró su repuesta, sonreía entre la duda y la incredulidad. Su mente planteaba y debatía lo que el idiota a su lado estaría pensando en estos momentos como para que viniera y le soltara eso. Sin darse cuenta el corazón le asustó el interior. Él también quería a su amigo, pero no por eso lo sacaba sin necesitar el tema.

—Te amo—Dijo ahora, esta vez un poco más fuerte. Por un momento dejó asomar sus ojos para encararlo, su rostro estaba inusualmente rojo, en cuanto se le agotó la valentía volvió a esconderse incluso aún más colorado ¿El extrovertido Gon Freecss avergonzado, miedoso y hecho una volita a su lado? Vaya…

Pasaron segundos de silencio que se sintieron como años ¡Qué va! Siglos, milenios, una eternidad…

—E-Eh ¡Ah! S-Si, bien, pues…—Miró su reflejo en el agua ya que no sabía que otra cosa hacer, divisando como sus mejillas ardían en rojo—¿L-Linda noche? Aunque hace calor ¿Verdad? Jaja, no se…—balbuceaba idioteces que no venían al caso. Mejor se veía callado, al final, más tarde que temprano, él admitirá que no sólo quiere a Gon, sino que lo amaba.

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—¿Gon?—Respingó al escuchar la voz grave de  Lyon a sus espaldas—¿Estás listo?—Gon que se encontraba mirando la ventana giró a verlo, sin molestarse en ocultar la mirada afligida en su rostro.

—No—Respondió en seco, Lyon suspiró y pasó la manos por sus cabellos despelucándolos un poco.

—Gon, no tengo palabras de aliento que darte, tampoco te diré “todo va salir bien” porque la verdad es que todo esto parece una pésima comedia, es que ¡Agh!—Las palabras no le salían de la boca como quería, se hizo a un lado para dejarle la puerta libre a Gon—cuando puedas…

Gon asintió y pasó a su lado. Su andar despacio por el oscuro pasillo le dió tiempo para repasar lo que estaba pasando. Desde la mañana cuando unos golpes casi derrumban la puerta de su habitación dejando pasar a los muy alterados Leorio y Kurapika. Como le decían una y otra vez que esto no era lo que quiere creer, que era algo muy complicado, que mantuviera la calma que no hiciera una imprudencia. Cuando le pidió a Mito san que mantuviera ocupada con lo que sea a Alluka y que por ningún motivo le dijera a donde iba y a que, para luego ser abrazado por la mujer mientras esta le susurraba palabras de cariño y aliento.

Sus manos sudaban, su pecho se comprimía, y cada endemoniado paso era un infierno. Realmente, realmente, esto era muy irreal…

Divisó la puerta metálica, tragó grueso mientras se acercaba y tomaba el picaporte. Un viejo recuerdo recorrió su cabeza…

—¡Ack! ¡Ging sólo fue y destruyó mi habitación con la excusa de que creaba una nueva arma! ¿Dónde se supone voy a dormir ahora?

—Vivirás en otro cuarto, obvio.

—¡Pero Killua! ¡El mío tenia vista al bosque! ¡Y mi cama era mullida! ¿Dónde conseguiré otro igual?

—¡Deja de quejarte como princeso! Él mío sólo tiene vista a los demás edificios y mi cama es cómoda…

—¿Pero eso que tiene que ver eso con lo que estamos hablando?

—…

—…

—…

—………ah…. ¿K-Killua? ¿No querrás decir?

—…

—¿E-Eso quiere decir… en la misma cama?

—Duerme en el duro y sucio techo entonces.

—¡N-No! ¡Killua no te vayas!  ¡Quiero dormir contigo! ¡Killuaaaa!

Mordió sus labios, la mente lo traicionaba y las sensaciones lo querían hacer llorar. Respiró hondo, y por fin abrió la condenada puerta. Sólo estaban tres personas, Ging y Kite parados observando con seriedad y expectación al recién llegado, analizándolo de pies a cabeza, y la tercera se hallaba a oscuras detrás de unos barrotes de una celda, sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Lo primero que podía ver era su ropa oscura, un suéter negro, pantalones azules y botas oscuras, y una túnica con  capucha abajo, parecía un joven de su edad.

—Y llegó el rey de roma…—Esa voz lo estremeció y puso sus pelos de punta, la recordaba, dios ¿Cómo no recordarla?

—Bien, ya estamos los que querías, ahora…

—Ponte a la luz—Gon interrumpió a su padre, sin importarle las miradas fijas en él, sólo quería verlo.

—¿Seguro? No te gustará lo que vas a ver—Respondió con cierto cinismo que de igual manera ignoró.

—De todas formas te veré tarde o temprano, sal a la luz—Dijo ahora más fuerte. De la celda se oyó una risa. La silueta se levantó y a paso lento se puso a la vista.

Gon dejó de respirar, sus ojos se abrían conmocionados y no reaccionó a los llamados de Ging y Kite, sus labios temblaban y maldición que no se creía lo que veía, quizás era otra ilusión o una mala broma del destino…

—¿K-Killua?—Murmuró dudoso y confundido, el contrarió sólo sonreía con diversión, como si lo que estuviera viendo fuera un buen circo…

—Sabes que no lo soy.

Continuará…

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