Capítulo 14: No es el.

Se extrañó cuando de la nada Mito san le pidió ayuda para recoger frutas y hortalizas, y justo al terminar Leorio, con extraño nerviosismo, le dijo que los de medicina necesitan manos extras porque había demasiadas cosas por hacer, y al final ella sólo dibujaba en hojas blancas mientras veía al doctor hacer como que estaba muy ocupado pero en realidad solo veía revistas con mujeres exuberantes. Logró escabullirse cuando el hombre empezó a buscarle más tareas, ya ella sabía que algo estaba pasando y seguramente era relacionado a Gon.

Por eso ella ahora caminaba malhumorada y con un puchero en sus labios, sin importarle que intentaran detenerla, tenía un buen reclamo para la masa egoísta llamada Gon Freecss ¿Cómo pudo dejarla de lado? Como haya salido sin ella sí que va haber problemas.

Le tomó bastante encontrar su ubicación, después de hablar con unos cuantos miembros de la resistencia supo que el moreno estaba en las celdas. No le dijeron que hacía, nadie sabía porque Gon fue llamado lo cual era extraño, con mucho deseo de saber qué rayos sucede Alluka abrió abruptamente la puerta metálica y miró molesta la expresión atónita de Gon.

—A-Alluka…

—¡Gon! ¡Te eh estado bus…!—Y su reclamo llego hasta allí, cuando rodó la vista y vió una figura detrás de los barrotes. El alrededor se le hizo borroso y se sintió en un sueño cuando vió a esa persona—¿Onii chan?—llamó con voz gangosa, por su cabeza pasaban imágenes, de ella misma, más joven y sonriendo como hace mucho no lo hacía, corría para abrazarlo después de verlo llegar de una de esas tantas salidas peligrosas que le tocaba hacer.

—¿Onii chan eres tú?

Repitió para saber si en verdad estaba en la realidad o sólo en otro de sus sueños dolorosos en los que después despierta llorando. El albino detrás de los barrotes la miró con expresión aburrida y suspiró con cierto tono de hastiedad, realmente esto lo ignoró, sólo le importó que él estaba realmente allí, frente a ella, a unos metros de distancia que estaba decidida a cortar.

Pero cuando iba a correr hasta él algo se lo impidió, la sujetaban de la cintura y la empujaban hacia afuera, fue cuando recordó que Gon también estaba allí.

—¡¿Gon?! ¡¿Qué haces?! ¡Onii chan esta allí!—Anunció como si él no se hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando.

Gon no la miraba, tampoco decía nada, sólo la empujaba con fuerza controlada y ella inútilmente forcejeaba contra él. Tomó unos segundos para terminar de sacarla y cerrar la puerta a sus espaldas. El moreno encaró la mirada perpleja y cristalina de la chica.

—¡¿Porqué no me dijiste que onii chan había regresado?! ¡¿Por qué lo tienen encerrado?!

—¡Ese no es Killua!—Declaró recibiendo una mirada dolorosamente incrédula de la otra.

—¿Cómo que no es él? ¡Estaba allí mismo!

—Es… complicado, ni siquiera yo lo entiendo bien…—Pasó su mano por la frente con pesar, estaba exhausto y lo terrible apenas comenzaba, observó como las manos de la menor apretadas en puños temblaban, con delicadeza las tomó mientras tomaba aire—pero ese no es Killua, no te le acerques ¿Me entiendes? No te le acerques o te sentirás peor de cómo estas ahora…—advirtió con la mayor delicadeza que pudo.

De las mejillas de Alluka rodaron unas lágrimas que Gon gentilmente limpió, la menor dejó caer su frente en el pecho del más alto sintiendo un revoltijo de pensamientos y sentimientos, soltó un quejido y suspiró.

Gon contuvo el aliento mientras intentaba contener sus lágrimas, debía ser fuerte, pero la frustración que sentía por lo que estaba sucediendo hacía que temblara y volvía su vista borrosa, todo estaba mal y se volvía peor. Ver a la chica en ese estado, conteniendo los sollozos y aferrándose a él buscando consuelo, era lo único que lo traía a la realidad y evitaba que se derrumbara.

—¿Qué está sucediendo Gon?—Susurró por lo bajo, el aludido acarició su cabeza mientras la miraba, exhalando suavemente respondió bajo.

—Quisiera saberlo…

En otra parte la situación no estaba mejor. En una sala sencilla con simplemente un sofá, Kite observaba entre incredulidad y espasmo la muy seria expresión Ging, preguntándose mentalmente si esto de verdad estaba pasando y deseando con todas sus fuerzas que no sea así, tragó grueso y se decidió hablar.

—¿En serio va a hacerlo?—Preguntó, la mirada del moreno se endureció, no con muestra de enfado como la mayoría de las veces hace, sino para demostrar que iba en serio.

—No soy idiota Kite, sé que no será nada fácil.

—¡¿Poner la supervisión de ese tipo en manos de Gon?!—Exclamó alarmado, Ging solía idear cosas absurdas pero esto era demasiado—Gon no va a poder con la presión de estar con su presencia a diario.

—Lo hará, es fuerte—Dijo sereno a lo que Kite jadeó en sorpresa.

—¡Ging san! ¡Ya lo vió allá!

—Y se recuperó en cuanto recordó la situación en la que estaba—Ging suspiró y observó la alarmada expresión de Kite—no sabemos nada de este sujeto, salvo su increíble parecido físico con Killua…

—¿Por eso quiere ponerlo con Gon?—Interrumpió Kite.

—Gon es el único que podría vigilarlo, conocía el estilo de Killua mejor que nosotros.

—“Ese” No es Killua—Resaltó las palabras con cierto desdén.

Kite era él que les daba las misiones y era testigo diario de la relación de esos dos, sabiéndolo antes que nadie. Por eso rechazaba cualquier similitud ese sujeto hacia Killua y quería evitar que se acercara a Gon, sabía que no era buena idea. Ging podía leer todo eso en la mirada de Kite.

—Lo sé Kite, pero es lo más cercano que hay—Miró a los ojos al peli largo—si pudo con el original ¿Por qué no podría con la copia?

Kite abrió la boca pero no dijo nada, suspiró casi en un bufido de resignación a este loco y cruel plan.

—Kite, este tipo no es normal—Comenzó mientras fruncía el entrecejo—está ocultando algo, y necesito saber que es, porque estoy seguro de que es algo que le dará la vuelta a nuestra situación…

Kite lo observaba intrigado, el contrario estaba siguiendo sus habituales e irracionales intuiciones pero que más de una vez les había salvado la vida.

—Gon es fuerte…—Agregó, fijando su mirada en el suelo, diciéndolo como un recordatorio así mismo, intentando convencerse de que esta era la única manera—sabrá manejar sus sentimientos y cumplir las órdenes, sabe lo que está en juego…

.

.

.

.

Observaba el cielo oscurecido a través de una pequeña ventanilla con barrotes, se hallaba tranquilo recostado en la pared y sentado en una banca de madera en la soledad de esa celda. Se podía dar una idea de lo que estaba pasando a su alrededor.

—Tensión e incertidumbre—Se dijo así mismo mientras sus pies daba golpecitos en la pared. Se sentía como un niño cuya travesura salió justo como quería, aun cuando lo habían encerrado.

Divisó una pequeña luz y una mariposa rosa se asomó, estaba aleteando repetidas veces como llamando su atención.

—¿Chelsea?—Llamó con cierta duda, las antenas de la mariposa brillaron.

—Rey—La voz computarizada sonaba aguda y baja, como el susurro de una chica coqueta.

—¿Ahora esa es tú nueva forma?

—Estilo beta dos sigilo, investigué en viejos libros y las mariposas suelen ser tomadas por “inofensivas”.

—Bien pensado.

—¿Sabías que también son el símbolo del cambio?

—No me digas…

Sonrió y se encogió de hombros. La compañía de esa inteligencia artificial era entretenida y hasta le gustaba, era mejor que los bichos, eso es seguro.

—¿Cómo está todo?—Preguntó, y vió titilar las alas del insecto.

—Bendot intenta mandar al enjambre e imponer un orden, sin embargo ninguna criatura a excepción de su prole lo escucha y andan a sus anchas con sus instintos primitivos.

—Es lógico, les ordené que hiciera lo que quisieran mientras no los llame—Decía mientras bostezaba.

El enjambre obedecía hasta sus más absurdas órdenes, sin importar si estas ayudaban en su crecimiento o si los llevaba a la destrucción, ellos obedecían porque su instinto así lo pide. De alguna forma él puede sentir cuando algo les ocurre, cuando tienen hambre, sueño o sed, escucha susurros constantes de niños en su cabeza que llegaba a ser molesto, con un simple chasquido de dedos los callaba, a pesar de su apariencia grotesca eran así de sumisos.

—Rey—La computadora lo llamó nuevamente, la miró de reojo—el doctor me ordenó traerte un mensaje.

La mirada azulada se fijó en algún punto de la pared, suspiró con cansancio y regresó a ver la mariposa.

—Reprodúcelo.

Nuevamente las brillaron en un destello efímero y aletearon rápidamente.

—Prototipo—Ahora escuchaba una voz de hombre rasposa, de alguien mayor—no sé qué estarás planeando, tampoco me interesa como lo hagas siempre y cuando cumplas lo que te ordene, si lo logras… podrás hacer lo que te plazca, tráeme más especímenes—y el mensaje colgó, el albino suspiró mientras ponía los brazos detrás de la cabeza.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Entonces puedes irte Chelsea, vigila a Bendot por mí y dile que no haga estupideces.

—Lo haré, y estaré cerca… por si me necesitas.

La mariposa se fue entre aleteos y pequeños brillos en sus alas, él la observó hasta que la perdió de vista.

En la oscuridad de esa celda observó sus manos, con pensamientos distantes en su cabeza y las cerró en puños.

—Mañana será otro día…—Susurró antes de cerrar sus ojos.

Continuará…

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