Capítulo 2: Pequeño Guardaespaldas.

—¡Buen día! Soy Shiota Nagisa—Saludó con una sonrisa amigable observando las miradas de sorpresa de los presentes. Tanto Karasuma como Karma miraban de arriba abajo al recién llegado, era un joven bajito, de cabello largo azul cielo sujetado en una cola, su piel era blanca y de apariencia delicada, llevaba puesto una camisa blanca con un chaleco oscuro, pantalones negros y zapatos de igual color.

—¿Es una broma?—Dice Karma incrédulo, tenía el entrecejo fruncido con una sonrisa de molestia—¿Contrataste una colegiala de preparatoria para protegerme?

—Tengo veintiún años y soy hombre—Sentenció el peli azul sin borrar su sonrisa.

—¿Se supone que eres el discípulo de la muerte?—Interrogó el peli rojo queriendo fastidiar al chiquillo pero este ni se inmuto.

—Sí, soy su discípulo—Declaró sin titubear y luego se dirigió a Karasuma—¿Cómo hacemos el pago Karasuma san?—el moreno reaccionó ante la sonriente mirada azulada.

—Te deposite la primera parte, el resto te lo daré después de que termines tu trabajo—Nagisa asintió estando de acuerdo.

—Si no les molesta iré a confirmarlo, volveré tan pronto termine—Dijo para luego hacer una breve reverencia y salir de la habitación dejando a los presentes.

—Definitivamente no—Habló grave el peli rojo dirigiéndose a Karasuma y a Irina.

—Ya está decidido—Dijo Karasuma a lo que Karma negó con la cabeza.

—Tú mismo lo viste, es un enclenque, suponiendo que sea un gran asesino no podrá protegerme ni de una mosca si se trata de fuerza física—Agregó con seriedad para tratar de hacer entender al moreno.

—Estoy de acuerdo con el demonio rojo, no deberíamos gastar toda esa suma de dinero en alguien incapacitado para el trabajo, para eso dejamos a Karma a su suerte y le iría mejor—Agregó Irina hablando como profesional como pocas veces hace.

—¿Ves? Incluso una ex asesina como Bitch san reconoce que es una mala idea—Karma pensó que con esas palabras había convencido a Karasuma, sin embargo las siguientes palabras de este lo sorprendieron bastante.

—Ambos están equivocados—Declaró para la sorpresa del par—se ve como alguien común, pero este chico…—iba a decir algo pero decidió no hacerlo, ni el mismo podía entenderlo—él será tu guardaespaldas, y punto—acto seguido se retiró de la habitación sin decir más nada. El peli rojo fruncía el entrecejo, estaba muy irritado.

—¿En qué rayos piensa dejándome ese enano como niñera?

—Por algo será ¿No?—Agregó Irina encogiéndose de hombros—si Karasuma cree que ese chico puede defenderte es porque es así.

—Oh~ ¿Palabras de confianza de una esposa fiel?—Ante tal comentario la rubia se sonrojo y  giró a ver otro lado.

—No te burles.

—No lo hago, pienso que es adorable y un poco infantil.

—¡Oye!

Karasuma se hallaba caminando por el pasillo con un lío en su cabeza, la verdad no se esperaba que el discípulo de ese hombre fuera un chico así y sin embargo…

—“Por desgracia en estos momentos no puedo aceptar un trabajo con tal generosa oferta, sin embargo mi lindo estudiante puede hacerlo. En lo que respecta a proteger, él es mucho mejor que yo.”

Se detuvo al recordar las palabras del Dios de la muerte, se oían llenas de confianza y hasta con cierto tono de orgullo, como el de un padre presumiendo a su hijo, pero aun así la incertidumbre y una extraña sensación que lo invadió desde que vió a Shiota Nagisa lo tenían pensativo, entonces recordó a su problemático jefe ¿Qué mejor prueba que soportar al demonio rojo Akabane Karma?

—Sera mejor estar atento…—Susurró para sí mismo.

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Después de unas horas de trabajo Karma había salido del edificio para estirar un rato las piernas y de paso comprar algo de comer cuando de repente alguien se puso en su camino.

—Eres tú…—Dijo el peli rojo mirando expectante a chiquillo peli azul frente a él.

—Ya confirme que depositaron el dinero, así que…—Sonrió amablemente—estoy a sus órdenes jefe.

—Anda, pues Nagisa chan, aquí está tu primera orden—Se acercó al más bajo lentamente, y antes de que pudiera hacer algo lo tomó del cuello y lo alzó un poco—no quiero ver tú cara ¿Entendiste? De lo contrario vas a besar el pavimento—su rostro era lo más parecido al de un tigre a punto de matar, y a pesar de eso el peli azul…

—Está bien—Habló tranquilamente y de lo más normal, Karma parpadeó un poco sorprendido, gentilmente Nagisa apartó las manos de su cuello y miró una vez más al peli rojo—tiene unos bonitos ojos ¿Sabe?—y sin esperar respuesta dió media vuelta y se alejó dejando al Akabane con la boca abierta procesando lo que acababa de suceder.

Después de eso Karma se fué a su café preferido; ordenó su pastel y jugo favoritos; y tomó su camino de regreso a su lugar de trabajo como siempre solía hacer; sin embargo sus pensamientos aún indagaban lo que había pasado con aquel chico, más bien ¿Qué rayos había sucedido? Lo había tomado del cuello y lo amenazó con un rostro que hacía que cualquiera tuviera pesadillas; pero él más bajo ni se inmuto, ni siquiera parpadeó, sólo apartó sus manos con una gentileza que lo hacía ver como una delicada doncella y de paso le hizo cumplido sobre sus ojos ¡Sus ojos! ¡¿En qué cabeza cabe que sean bonitos?! Toda la vida le habían dicho que eran ojos de demonio.

Una venita palpitante se alojó por encima de su ceja mientras tomaba un sorbo de su jugo, y tan concentrado estaba en pensar que no notó que tomó una dirección equivocada quedando en un callejón entre dos edificios.

—¡Ah! Que tonto ¿Cómo no me di cuenta?—Se quejó mientras se rascaba la cabeza, pero de repente escuchó unos pasos alrededor de él que lo pusieron en alerta.

—Hola señor Burócrata—En la entrada se había parado un Hombre, de cabello rubio revuelto y sonrisa siniestra.

—Con que otro asesino eh…—Dijo el peli rojo sonriendo pero que cambió a serio cuando escuchó más pasos, se vió rodeado de hombres que sonreían al verse armados.

—Sé que eres muy bueno en combate—Habló nuevamente el rubio sacando una arma al igual que los demás—y eso lo supe al verte noquear a aquel hombre está mañana.

—¿Me estabas espiando?

—Desde hace una semana, fué gracioso verte pelear con aquella chiquilla—Rió por lo bajo al igual que lo hacía algunos de sus camaradas—una tierna pelea de parejas.

A Karma le sorprendió que confundieran a Nagisa con una chica; y de paso supusieran que era su novia, eso era extraño…

—¿Quién los envió?—Preguntó a lo que el rubio se encogió de hombros.

—Me encantaría responderte como tú último deseo, pero verás no nos mostró su cara ni su nombre, sólo ofreció una buena cantidad de dinero a quien le llevara tu cabeza, ahora—Apuntó su arma a la cabeza del peli rojo y sus compañeros lo imitaron—tenemos prisa así que venga muere.

Karma observó la desfavorable situación en la que estaba, era unos siete hombres en total, fornidos y armados, aun si peleara podría contra uno o dos, los demás lo matarían ¿Qué puede hacer?

Pero entonces sucedió, uno de los hombres se desmayó.

—¿Qué rayos le sucedió?—Preguntó sobresaltado pero sin quitarle la mirada al peli rojo.

—No… lo… sé—El que estaba al lado del desmayado cayó al suelo también, siguiéndolo otro y otro hasta quedar solamente el rubio y Akabane.

—¡Akabane! ¡¿Qué rayos hiciste?!—Interrogó sobresaltado y el nombrado negó con la cabeza.

—Yo nada.

—¡Tú…!—Entonces sintió un repentino pinchazo en su rodilla, su vista distorsionada pudo divisar un dardo negro antes de caer inconsciente.  El peli rojo miraba exaltado la escena.

—¿Se encuentra bien?—Una voz muy conocida lo sacó de sus pensamientos.

—¿Nagisa kun?—Llamó; y de un lado de la pared llegó el aludido; con un rifle de francotirador y con una curiosa mascara—¿Por qué llevas una máscara de gatito?

—Me dijo que no quería ver mi cara ¿Es que tampoco le gusta los gatos? También tengo una de perrito—A Karma le salió un tic en la ceja ¿Se estaba burlando de él? Suspiró y caminó hasta estar frente al más bajo; y de manera rápida le quitó la máscara y lo miró a los ojos.

—No creas que por atacar por la espalda a esos tipos vas a ganarte mi respeto, hasta un niño de guardería puede disparar unos dardos tranquilizantes—Advirtió a lo que Nagisa ladeo la cabeza y parpadeó confundido.

—¿Ganarme su respeto? Yo sólo hacía mi trabajo—El peli rojo hizo una mueca de fastidio.

—Detesto tú trabajo—Y paso por al lado del peli azul de un empujón, este lo miró y suspiró.

—Déjeme acompañarlo jefe.

—No quiero.

—Que quiera o no eso no tiene que ver con mi trabajo—Siguió al peli rojo a pesar de las quejas y amenazas de este; era bastante paciente después de todo, con tal de cumplir su objetivo iba a soportar lo que sea.

Continuará…

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