Capítulo 3: Misión de rescate.

Un pequeño y delgado rayo de luz se posicionó en su ojo, antes hubiera despertado con energía y ganas de empezar el día, pero ahora tomó una almohada y la puso en su cabeza; sólo quería volver a dormir y volver a tener buenos sueños.

—Oi…—Le susurró en el oído una voz que reconocía perfectamente—¿No vas a levantarte?

—No quiero, déjame dormir…—Decía mientras acomodaba mejor su cabeza y trataba nuevamente de sumirse en el sueño, sin embargo sintió unos brazos que se enrollaron en su cintura con agradable fuerza y lo jalaban hacia un pecho cálido.

—Vago—Pronunció burlón mientras hundía su nariz en el cuello ajeno.

—No… déjame—Murmuró somnoliento al sentirse que lo removían—Killua…

—Gon… abre los ojos—Ronroneó en una caricia a su cara.

—No quiero…—Se removió tratando de alejarse pero sólo logró que lo abrazarán con más fuerza.

—¿Por qué no? Tienes unos ojos brillantes Gon, si los mantienes cerrados incluso el sol se va a sentir desanimado—Le habló dulcemente mientras el aludido ladeaba la cabeza todavía con los ojos cerrados.

—No quiero…—Repitió a lo que recibió unas caricias y besos en su cuello.

—Ábrelos Gon…

—No… si lo hago…—Murmuró, sintió como respiraban en su cuello—si lo hago… vas a irte…

—¿Irme? Yo nunca me iría de tu lado—Le dió un pequeño beso en su mejilla.

—Lo harás…—Pronunció esta vez con tristeza.

—Abre los ojos Gon.

—No…—Un peso se posicionó encima de él y suspiró—Killua…

—Ábrelos, sino nunca nada cambiará—Advirtió y nuevamente el moreno suspiró pero ésta vez más pesado.

—No quiero…

—Te prometo que las cosas mejoraran si tu abres los ojos—Le habló dulcemente y Gon soltó un sollozo.

—¿Lo… prometes?

—Sí, sólo si los abres.

Sabiendo que no había de otra con pesadez parpadeó, sólo puedo divisar una silueta borrosa ya que rápidamente los volvió a cerrar, un tercer suspiro, para después abrirlos definitivamente. Nada, no había nada, no tenía a nadie encima suyo y lo único que tenía encima era un pequeña almohada. Lentamente se sentó, mirando a su alrededor; reconoció su habitación blanca con armario y un baño, la ventana junto a su cama que dejaba entrar la luz del sol, fue una suerte conseguir una habitación así en la montaña, pero en lo que realmente fijó su vista fue en una foto en la mesita de noche junto a él, la foto de aquel chico…

—Mentiroso—Dijo en voz baja hacia la foto. De repente abrieron la puerta de una patada dejando ver a  una chica cuyos ojos brillaban de emoción.

—¡Lo logré Gon! ¡Llegó una carta de Kite! ¡Pasé las pruebas!—Alluka saltó a la cama de Gon con euforia.

—Alluka no entres al cuarto de un hombre de esa manera, eres una chica, muestra decencia—Le advirtió para después dejar escapar un bostezo bajo el puchero de la otra.

—Gon no es un hombre, es mi cuñado—Declaró como si fuera muy  obvio, acto seguido le puso una carta en la cara—¡Mira! ¡Esta es la prueba de que pasé!—Gon tomó el papel, le leyó un momento y soltó un suspiro.

—Felicidades.

—¡Al menos finge felicidad!—Decía notoriamente molesta.

—En verdad me gustaría que te mantuvieras alejada del peligro Alluka—Confesó para el disgusto de la otra.

—Te guste o no, seré tu compañera ahora—Decía decidida y Gon nuevamente suspiró.

—Está bien Alluka, iremos juntos a las misiones a partir de ahora—La aludida sonrió ampliamente—esperemos a que nos llegue alguna noticia ¿Si?—Alluka asintió contenta para luego ver como Gon se acostaba y se acomodaba entre las cobijas.

—¿Vas a seguir durmiendo?

—Si—Se posicionó de lado y cerró los ojos.

—Antes te levantabas a esta hora—Comentó curiosa.

—Sí, antes  solía hacerlo—La chica lo miró con una expresión de compresión, entendiendo el porqué de su animó. Se acostó y se acurrucó en su espalda.

—Soñaste con Onii chan ¿Verdad?—Decía mirando de reojo la foto en la mesita, notando el pequeño jarrón con la rosa roja y una tableta de chocolate cargado en esta.

—Lo tengo siempre presente…

—A mí también me hace mucha falta…

—….Si—Hubo un momento de silencio hasta que se escuchó el repique de un celular. Gon tomó el móvil con evidente pereza y cansancio—¿Bueno?—después de un momento de murmullos colgó bajo la mirada curiosa de la otra.

—¿Para qué era?

—Parece que hoy no podré dormir.

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El par se hallaba en las afueras de la montaña, esperando a quien los citó allí…

—Gon—Un chico rubio bajo de un árbol seguido de otro joven más bajo que él y de cabello claro. El moreno les sonrió de manera amigable.

—¡Kurapika, Pairo!—Los nombrados se acercaban con miradas curiosas.

—¿Qué haces aquí Alluka?—Preguntó el rubio recibiendo una sonrisa confiada de la chica.

—¡A partir de ahora soy la compañera de Gon!—Anunció para la sorpresa del par y sacándole un suspiro a Gon.

—Pasó las pruebas ayer—Empezó a explicar el moreno—es ahora parte de la resistencia, además se las arregló para convencer a Kite de convertirse en mi compañera.

—¡Felicidades Alluka chan!—Dijo Pairo haciendo sonreír a la nombrada, Kurapika se acercó disimuladamente a Gon para susurrarle en el oído.

—¿De verdad estás de acuerdo con esto?

—No, pero ella no me hará casa—Suspiró nuevamente y el rubio sonrió con pena, acto seguido puso un semblante serio.

—Sobre la razón por la que te llame—Los presentes lo miraron—Gon ¿Recuerdas nuestra escuela?

—El instituto Hunter—Pronuncio expectante—¿Qué tiene?

—Kite ordenó a Ponzu y a Pokkle liberar esa zona hace una semana, no han vuelto desde entonces—Finalizó mientras Gon lo miraba pensativo.

—Iremos a buscarlos ¿Verdad?—El rubio asintió.

—¡Bien! ¡Mi primera misión es una de rescate!—Decía la chica juntando sus puños emocionada.

—El colegio queda en la ciudad Zaban, creo que llegaremos en un día—Agregó Gon mientras Kurapika asentía.

—Llegaremos en unas horas si usamos un helicóptero—Sonrió ante la sorpresa del otro.

—¿Helicóptero?

—Lo recuperamos hace unas semanas—Empezaron a caminar guiando a Alluka y a Gon. Llegaron a un pastizal y se dirigieron a un montículo de hojas, al retirarlo se encontraron con un gran agujero donde en el fondo se veía el vehículo de metal.

—Que buen lugar para esconderlo chicos—Felicitó Gon recibiendo unas sonrisas y acto seguido se montaron.

—Abróchense los cinturones—Ordenó Kurapika quien conducía, metió una llave en la ranura y encendió la máquina, al poco las astas empezaron a moverse a gran velocidad elevándolos.

—¡Woooh, todo se ve inmenso desde aquí!—Habló la chica emocionada bajo la mirada del moreno.

—Alluka—Llamó a lo que la nombrada lo miró curiosa—como ahora somos compañeros debemos trabajar…

—¡En equipo!—Completó con una sonrisa y el moreno asintió.

—Sí, sólo somos tú y yo ¿De acuerdo? Cuidaremos la espalda del otro, pelearemos juntos—Explicó bajo la mirada atenta de la otra.

—Cuando…—Hablo tímidamente extrañando al otro—cuando mi onii chan… era tú compañero ¿Ustedes tuvieron esta…?

—No—Respondió con una media sonrisa adivinando el resto de la pregunta—a nosotros nos salía casi por instinto…—murmuró para luego desviar la mirada hacia la ventana de manera distante.

Nadie más se atrevió a decir más nada el resto del viaje, nadie quería tocar ese tema, mucho menos con Gon presente…

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Dejaron el helicóptero escondido a las afueras del colegio y miraron el edificio maltrecho.

—Es apenas una sombra de lo que fue un día…—Murmuró Pairo con tristeza al ver lo mal que estaba el lugar, paredes destruidas, vidrios rotos, autos abandonados con el capo abierto con signos de haber sido saqueados y todo eso sumado al aspecto sombrío del lugar…

—No veo signos de disparos o de lucha—Comentó el rubio mientras inspeccionaba la entrada con la mirada.

—Probablemente estén dentro, a los putrefactos les gusta la oscuridad—Agregó Gon mientras se situaba a su lado.

—Si es que están vivos…—Decía pensativo para luego avanzar seguido de los demás quienes observaban el alrededor alertas. Ya dentro se encontraron con unas escaleras que llevaban a los pisos de arriba, Kurapika se dirigió al grupo—el lugar es grande así que nos dividiremos, Gon y yo iremos a los pisos de arriba, Pairo, tú y Alluka registraran los de abajo.

—¿Por qué iras con Gon?—Reprochó la chica en desacuerdo.

—Pairo y yo tenemos comunicadores—Le mostró un pendiente en su oreja al igual que Pairo le mostraba el suyo—de esta manera estaremos al tanto de lo que le pase al otro.

—Con que tienen comunicadores…—Dijo Alluka para girar a ver a Gon con mala cara.

—¡N-No me mires así! Yo trabajaba sólo por lo que no los necesitaba—Se excusó a lo que la chica chasqueó la lengua y se retiró mal humorada, Gon suspiró y miró al peli castaño con pena—buena suerte Pairo…—el nombrado tragó grueso y se apresuró a seguirle el paso a la otra.

—Se enfada fácilmente eh…—Comentó el rubio con una sonrisa mientras empezaban a subir las escaleras.

—Es celosa y cambiante de humor, de tal palo tal astilla ¿No?—Decía esbozando una sonrisa mientras el rubio soltaba una risilla sabiendo a lo que se refería. Al llegar al pasillo empezaron a revisar los salones uno por uno…

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—¡Alluka chan espera!—Corría para alcanzar a la aludida que entraba a un salón

—No grites, podrías despertar a un putrefacto—Regañó para luego entrar ignorando las peticiones de espera del otro. Pairo con prisa llegó y abrió la puerta.

—¡Alluka chan no debes entrar sola!—Pidió preocupado de que le pudiera pasar algo malo—además pasó varios salones de largo, se supone que debemos buscar en todos los lugares—le recordó tomando aire y entrando al lugar, observó el alrededor de manera detenida—parece que aquí tampoco hay nada, aunque este salón se ve algo distinto a los demás…—extrañado miró las vitrinas de trofeos en las paredes.

—Este es el salón club de deportes, el equipo lo usaba para ponerse de acuerdo con las prácticas antes de las competencias…—La voz de Alluka llamó su atención, fijó su vista en la chica que miraba detenidamente una vitrina polvorienta.

—Sabes mucho de esto Alluka chan ¿Pertenecías a este club?

—No, mi hermano y Gon si—Dijo distante mientras que sacaba una aguja de su gabardina y empezaba a meterla en la cerradura para abrirla—¿Sabes? Ellos eran los mejores en el equipo, casi ganaban por ellos…

—Kurapika me había mencionado el buen estado físico que tenían…—Esbozó una sonrisa nostálgica—a pesar de lo jóvenes que eran en ese entonces…—se oyó un “Clip” anunciando que la puerta estaba abierta, Alluka tomó un polvoriento retrato de la esquina—¿Una foto?—preguntó curioso mientras se acercaba a la muchacha que limpiaba la foto con un trapo viejo que había encontrado en el suelo.

—Es de cuando ganaron la primera competencia… ellos tenían apenas diez años en ese entonces, yo tenía nueve. Ese día unos niños me habían molestado por ser pequeña y mi onii chan me encontró llorando y escondida en el jardín, me consoló y me dijo que me dará un gran obsequió para animarme…—mostró la foto a Pairo quien sonrió ampliamente al ver la imagen. Se podía apreciar a Gon y a Killua más pequeños y cargando un trofeo entre los dos donde dentro estaba una pequeña Alluka con cabello más corto y contenta a más no poder—me regaló el trofeo—finalizó con una expresión nostálgica y ojos cristalinos.

—¿Y esos niños no te volvieron a molestar?

—¡Oh! La verdad es que no, al siguiente día llegaron al salón con unos horrible moretones en la cara—Mencionó con cierta inocencia al no saber que ocurrió realmente, Pairo rió por lo bajo.

—Vamos, continuemos buscando.

—Si—Se disponían a salir cuando sintieron un temblor y el sonido de una explosión, enseguida entraron en alerta—una lucha…

—Está arriba de nosotros—Agregó mientras Alluka  guardaba la foto en su saco.

—Quizás sea en donde estén Gon y Kurapika—Pairo tocó el pendiente en su oreja.

—Kuarapika ¿Está todo bien allí?—Esperó ansioso por una respuesta.

—Si—La voz de su amigo se oyó clara y precisa, suspiro más tranquilo—la explosión que oyeron fue la de una granada que lancé, encontramos a Ponzu siendo atacada por un putrefacto en uno de los salones.

—Encontraron a Ponzu—Anunció a Alluka que sonrió contenta—¿Cómo está?

—Su brazo está inutilizado por ahora—Veía como Gon vendaba el brazo derecho de la chica peli verde sentada contra la pared del pasillo mientras está soltaba quejidos de dolor—de todas maneras tienen que tener cuidado, parece que hay putrefactos cerca.

—No es tan fácil como lo dices—Interrumpió la chica llamando su atención.

—¿Por qué llevan una semana sin contactarse?—Kurapika caminó y se agachó frente suyo.

—Limpiábamos el lugar, nos tomó cerca de seis días limpiar todo el edificio—Explicaba ante el semblante interrogativo del rubio.

—Si limpiaron el lugar ¿Por qué no volvieron?—Al finalizar al hablar se oyó un estruendo que hizo temblar todo el edificio, acto seguido se oyó el ruido de disparos—¡¿Pairo?! ¡¿Pairo cómo están?!—hablaba por el comunicador pero solo recibía el ruido agudo de interferencia y podía distinguir algunos gruñidos—¡Ponsu! ¡¿Qué sucede aquí?!

—¡Es un nido!—Anunció alarmando tanto a Kurapika como a Gon—debajo del edificio hay un nido, millones de esas cosas que despiertan con el mínimo ruido.

—¡Alluka y Pairo!—Dijo Gon preocupado mientras se levantaba al igual que Kurapika.

—Tenemos que encontrarlos y salir de aquí lo más pronto posible—el moreno asintió cuando escucharon la voz de Ponzu.

—Ustedes váyanse, yo tengo que buscar a Pokkle—Con dificultad se levantaba.

—¿Qué harás con ese brazo lesionado? Iras a una muerte segura—Advirtió el rubio pero la chica negó con la cabeza.

—Muerte segura es la que conseguirán sus camaradas si no van a ayudarles—Con su otro brazo sostuvo el cañón con el que luchaba, se disponían a irse cuando Gon tomó su hombro con suavidad.

—Si te vas sola no encontrarás nada—Sentenció con un semblante expectante y la otra volteó a verlo con una mirada feroz.

—tendrás que matarme para hacerme desistir de buscar a mi esposo.

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—¿Estás bien Pairo?—Preguntó preocupada al ver al nombrado toser secamente por el polvo encima de ellos.

—Si…—Se encontraban detrás de una pared de escombros y ocultándose de los putrefactos. Estos emergieron del suelo justo después de hablar con Kurapika y se vieron rodeados de ellos, antes de que atacaran Alluka término de destruir el piso de abajo para caer y salir corriendo como podían.

—Este lugar es sombrío…—Miraba el alrededor distinguiendo una cueva rocosa, se sentía insegura al ver lo oscuro que estaba—¿Puedes contactar con Kurapika kun?

—No, perdí el comunicador durante la explosión—Decía al tocar su oreja vacía y la otra suspiró.

—Habrá que caminar y buscarlos nosotros—Se levantó y ayudó a Pairo a hacerlo también. Empezaron a avanzar por esa cueva, juntos y mirando al lado contrario, preparados por lo que podría salir.

—Esto no me agrada ¿Estarán bien Kurapika y…?—De repente y de un tirón Alluka lo jaló detrás de unas rocas, sorprendido y algo adolorido por la acción miró a la chica, se dió cuenta de lo alterada que se veía mientras observaba por encima del muro, hizo lo mismo y supo del porqué.

En la pared y extendiéndose al techo enormes y numerosos huevos en los que se podía divisar entre la mucosa verde fosforescente en su interior, la silueta macabra de los espectro.

—Un nido…—Murmuró Alluka preocupada. El sonido de una roca removiéndose los sobresaltó, de entre las sombras de un rincón una mano les hacía señas de que se acercaran. Con sigilo llegaron a la grieta apartada, y en la pared recostado se hallaba un joven de cabello anaranjado con gorro morado, llevaba un abrigo rojo oscuro y en su espalda un arco y flechas, Pairo lo reconoció enseguida.

—¿Pokkle?—El nombrado sonrió adolorido.

—Supuse… que mandarían refuerzos a buscarnos—Hablaba con dificultad, como si el sólo respirar le doliera profundamente—tienen que… salir de aquí, y… llamar a los líderes.

—Te ayudaré a levantarte—El peli castaño se acercó a tomar el brazo del otro pero éeste lo apartó de un manotazo.

—¡No!—Jadeó adolorido bajo la mirada sorprendida del par—cuando Ponzu y yo… limpiamos el edificio, uno de esos monstruos salió de la nada rompiendo el piso y terminé cayendo junto a él…—levantó la manga de su chaqueta dejando ver una mordida ensangrentada, Pairo y Alluka lo miraron alarmados mientras el sólo sonreía—la saliva de esas cosas son acidas y venenosas, yo ya estoy muerto…—tosió un poco y volvió a mirar a los otros, con dificultad extendió su brazo y le dió a Alluka un papel manchado con un escrito.

—Esto es…—Miró la hoja con tristeza.

—Dénsela a mi esposa, digan que lo encontraron junto a los pedazos de mi cadáver, si sabe que aún sigo respirando no dejará de buscarme aún cuando me quede muy poco tiempo, quizás hasta me busque con más ganas, es muy testaruda malhumorada ¿Saben? Jeje…—Soltó una risa seca bajo el silencio del par.

Pairo sintió un estrujón en su pecho mientras desviaba la mirada, como miembro veterano de la resistencia este tipo de escenas son comunes, desafortunadamente comunes, tan siquiera lograron encontrar a la persona y no reportarla como desaparecida. Suspiró y miró a Pokkle con decisión, seguiría sus últimos deseos.

—Entiendo… Alluka vámonos.

—No—Interrumpió con una expresión decidida, acto seguido y sin aviso alguno hizo el papel una volita y lo tiró a la nada bajo la mirada estupefacta del par.

—¡¿Alluka?!

—¡¿Pero qué has hecho?!—La chica tomó el brazo derecho sin mordida del peli naranja y sin prestar atención a sus reproches lo alzó por encima de sus hombros para ponerlo de pie—¡¿Qué estás haciendo?!

—Eres un egoísta—Dijo mirando al frente con el entrecejo fruncido—tuviste la suerte de conseguir ayuda ¿Y sin embargo decides rendirte y mandarle a tu mujer un asqueroso papel con garabatos?—Pokkle quedó boquiabierto y a Pairo le rodó una gotita de sudor por la sien ante la tosquedad de la chica.

—Aun cuando digas eso… son mis últimas palabras—Con dificultad empezaron a andar.

—No es suficiente—Le habló serio, con una expresión de estar viendo un antiguo recuerdo—palabras en un trozo de papel no es suficiente… decir que estuviste peleando hasta el final no es suficiente, decir que moriste como un guerrero por la humanidad no es suficiente, todo eso no es suficiente si al final no la escuchas, si al final ella tiene que llorarle a una tumba vacía…

Hubo un tiempo de silencio, tiempo en el que Pairo se posicionó al otro lado de Pokkle para ayudarlo, mientras sólo se escuchaba unos leves sollozos…

Los tres avanzaron con cautela por la cueva, tratando de no alterarse con los gruñidos o el movimiento de los huevos. Después de un rato llegaron a una pila de escombros.

—¿Cómo subiremos esto?—Pairo miró con detenimiento las piedras, hasta que un puñado se medió movió—¡Ah!

—¿Qué pasa?—Alluka miró por donde el peli castaño vió, el puñado de piedras se removió hasta que dejo ver un agujero donde se colaba una luz, el agujero se agrandó y agrandó hasta que apareció un rostro familiar—¡Gon!

—¡Alluka! ¡Kurapika los encontré y están con pokkle!—El rubio y la peli verde junto a él en seguida lo ayudaron a excavar. Después de unos minutos lograron sacar al trío.

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—Un nido…—Murmuró Kurapika observando desde la distancia su antigua escuela, habían logrado salir y se encontraban en una colina alta a las afueras de la ciudad Zaban.

—¿Qué haremos?—Gon se situó a su lado expectante.

—Si hay un nido en la escuela significa que en alguna parte de la ciudad hay una guardería, una gran parte de esas cosas, llamaré a los líderes…—Dijo a lo que Gon asintió pensativo. Se oyó el llanto de una mujer a sus espaldas, Ponzu lloraba desconsoladamente en el cuerpo inerte de su ya muerto marido, se hallaba de rodillas con su cabeza en el pecho de este mientras Pairo tocaba su hombro intentando consolarla—era cuestión de minutos…—susurró refiriéndose a la vida del peli naranja.

—Tuvieron suerte…—El rubio le dirigió una mirada por esa seca respuesta—tantas personas desparecen dejando a sus familias con la duda si están vivos, muertos o siendo devorados por esas cosas… al menos ellos pudieron despedirse…—habló distante y Kurapika tomó su hombro.

—Él no se despidió porque no quería hacerlo, no quería dejar de verte…—Gon le sonrió y apoyó su mano en la suya.

—Yo tampoco quería, y ahora me arrepiento por los dos por no haberlo hecho…

—Gon…

—Vámonos.

El grupo se fue exhausto y no sabiendo que les espera ahora que sabían que la ciudad está infectada, no sabían que estaban siendo vigilados desde que llegaron…

—Lejos y en lo alto de un edificio, un hombre de estatura media de piel morena y calvo, con una cicatriz en su cabeza. Veía como aquellos jóvenes se iban.

—Los humanos ya deben saber de la existencia de la Guardería en esta zona—Sonrió divertido.

—¿Los mato o mejor los sigo hasta su escondite?—Escuchó a su costado, en la equina divisó a un joven vestido con chaqueta de cuero negro y capucha que cubría su rostro.

—Sigamos las órdenes que nos dieron, dejemos que se vallan para que luego traigan a sus mejores refuerzos, veremos qué tan apta es la nueva madre de la prole—Se oyó una risa divertida.

—Al enjambre no le importa ser o no ser apto para nada, simplemente lo devora todo—El mayor sólo arqueó una ceja y bufó, ese mocoso dice muchas idioteces.

Aquel joven vestido de negro sonreía interesado mientras su excepcional vista divisaba como se alejaba aquel grupo. El viento sopló y de la capucha se deslizó unos mechones blancos…

Continuará…

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