Capítulo 5: Memorias de un compañero.

—Repite conmigo…

Antes de que todo esto pasara, yo sólo era un trabajador normal de una aburrida oficina y por supuesto con un jefe de pacotilla ¿Alguna vez has oído de la ira reprimida?

—La ira no controla mi vida.

Pues es lo que sentía todos los días cada que me daba todo su trabajo mientras él se iba con una que otra secretaria. Y por supuesto, si el trabajo estaba bien hecho él se llevaba todo el crédito, si estaba mal yo tenía la culpa y me bajaban el sueldo.

—La ira no controla mi vida.

Todos sabían que era un bastardo, pero nadie hacía nada ¿Cómo hacerlo? Su padre era el dueño de la empresa. Pero entonces…

—La ira no controla mi vida.

En la noche, haciendo trabajo extra en la oficina escuche unos ruidos extraños en el despacho de mi jefe, con un poco de curiosidad abrí la puerta, me encontré a mi jefe siendo devorado por una mosca enorme, lo único que pensé… Dios existe.

—¡Ya dije eso basura inservible!—De un puñetazo rompió el aparato frente a él.

Por supuesto no todo fue color de rosa. Después de ver ese “espectáculo” me escabullí por las escaleras hasta la  salida trasera del edificio, como buen ciudadano fui a llamar por ayuda para que eliminaran a aquel bicho come hombres, aunque no sabía si llamar a la policía o a control de plagas, al final llame al primero. Alguien contesto pero no era precisamente pidiendo información de mi problema. Más bien se oían gritos de auxilio y gruñidos más graves y tenebrosos que las de la fiera más grande, después la llamada se cortó. Entonces pensé: Diablos… ¿Esto en serio está pasando? Y como respuesta paso el apagón por toda la ciudad…

—¡Hey Lyon san!—Gritó un joven de cabello parado en punta de colores amarillo y rojo, sus ropas eran de cuero negro y sin mangas. Se acercaba a un hombre peli naranja rizado que llevaba una capa marrón y por debajo un suéter gris con pantalones negros con unas botas oscuras, mostraba una expresión de cansancio al voltear a ver al muchacho.

Todo pasó tan rápido… noticias en la televisión anunciando peligro, evacuaciones rápidas y catastróficas, disturbios en las ciudades. Al igual que muchos estaba asustado por mi vida y la de mis seres queridos, mi madre de sesenta años y mi hijo de siete.

—¿Qué quieres chaval?

—¡Traigo buenas noticias!

Fuimos a los muelles de la ciudad meteoro donde se estaba realizando evacuaciones a refugios que en aquellos momentos eran seguros, recuerdo que había un montón de personas allí, por suerte el barco que nos trasladaban era enorme, pero había un problema, sólo aceptaba mujeres y niños…

—¿Qué es?

—¡La resistencia a accedido a hacer negociaciones!

El siguiente barco llegaría después de una semana, obviamente no querían dejarme sólo hasta entonces, sin embargo yo insistí y los convencí. Lo último que supe de ellos es que aquel barco blindado fue agresivamente atacado y naufrago en alguna parte del océano… Después de tantos años de haberle deseado la muerte a ese jefe inútil ¿Acaso eso fue aquello que llaman karma?

—Ya veo… así que en verdad no abandonarían un compañero…—Miró en la esquina al peli largo atado de pies y manos, llevaba una venda en su boca y miraba con rencor a sus raptores.

—Les dije que se lo devolveríamos ileso siempre que trajera raciones generosas de comida y agua—Sonrió de manera astuta y confiada.

—Bueno… prepara a los muchachos, diles que vallan bien armados pero que no hagan nada temerario o estúpido. Quiero cerrar las negociaciones con paz.

—Tengo una idea mejor—De entre las sombras y bajando desde el techo del edificio donde estaban, salía un hombre de ojos purpuras y cabello rubio, su sonrisa no traía buenas intenciones.

Después de aquello me volví lo más cercano a una vasija vacía y polvorienta, sin nada que perder sin nada que ganar. Muchos huyeron lejos de la recién invadida ciudad meteoro, yo me quede, al fin acabo iban a llegar a todas partes ¿Para qué huir? Y empecé a vagar sin rumbo ni motivo, comiendo lo necesario de algún súper mercado, durmiendo oculto en algún viejo edificio y repartiendo puñetazos a quien lo busque. Parece que ese estilo de vida tan vago atrajo a sobrevivientes que quedaron rezagados por las evacuaciones, sobra decir que la mayoría era de dudosos valores pero realmente no me importaba. Antes de que me pudiera dar cuenta ya era el líder de un grupo que alguien de repente nombró “Buldog”.

—¿Qué quieres Zebrans?—Preguntó desconfiado el peli naranja ante la sonrisa del rubio.

—Deberíamos darles un “regalito” de despedida a esos de la resistencia—Decían mientras buscaba algo en el bolsillo de su pantalón sin borrar su sonrisa, lo que mostró sorprendió a los presentes y a Kite en la esquina.

—Una bomba compacta…

—Así es ¿Qué tal si la escondemos entre las ropas de nuestro invitado, y la detonamos justo cuando éste con su grupo a una buena distancia?—Sugirió con una sonrisa, Kite se sobresaltó desde su sitio y lo siguiente que se escuchó fue el grito de emoción del joven de cabellos parados.

—¡Woooh! ¡Eres malvado Zebrans! ¡Es una excelente idea! ¡Hagámoslo!

—Es una pésima idea, no lo haremos ni de broma—Declaró recibiendo una mirada confundida del joven y otra de molestia del rubio.

—¡¿Por qué no?!

—La resistencia es un grupo estúpidamente fuerte, no queremos problemas con ellos ahora que nuestro grupo está hambriento y débil.

—No son tan fuertes ni nosotros estamos tan mal.

—No seas idiota, lo pondré en términos simples: ellos son Broly mientras nosotros un Yamcha malherido ¿Alguna pregunta?—El joven bufo y el rubio chasqueó la lengua—bien, háganme caso, terminemos esto lo menos violento posible—sentenció sin notar la mirada fija de Kite sobre él…

Nos llegaron rumores sobre un grupo de gente bastante fuerte, se hacían llamar “La resistencia”, mataban todos los putrefactos de una zona y reclutaban gente. Mi grupo estaba pasando por un momento difícil, llevábamos semanas sin comida, así que la idea de pedirle ayuda a estos “Salvadores” se volvió tentadora, así que seguimos a quien dicen que es él colíder de la resistencia, Kite, la idea era hablar con él pero el grupo entendió mal y terminaron secuestrándolo y pidiendo recursos bajo amenaza al otro líder. Al final sólo seguí la corriente, no tenía de otra ¿No?

—Allí viene—Dijo uno de los hombres que esperaban en frente de un edificio viejo, su “Guarida”, usaba unos binoculares para divisar en la distancia como alguien se acercaba arrastrando consigo una gran carrete cuyo contenido estaba tapado con una sábana blanca.

—De acuerdo, ya lo saben, no hagan nada estúpido—Advirtió una última vez con mirada seria.

Al cabo de un rato aquellas personas ya estaban en frente de ellos y con la carroza de provisiones que se usarían como negociación.

—Tú eres Lyon, el líder de los Buldog—Dijo firme y el aludido asintió.

—Y tú Ging Freecss, el líder de la resistencia—Decía mientras miraba al hombre y al alrededor—estas muy sólo ¿No lo crees?

—¿Realmente importa? Entregas a Kite y yo te doy esto, así es como terminará ¿No?—Habló en un tono amenazante y Lyon suspiró.

—Seguro, ahora si fueras tan amable…—Iba a acercarse a tomar la carreta pero Ging se interpuso.

—Primero mi compañero—El peli naranja se encogió de hombros y chasqueó los dedos. Zebrans salió con Kite en frente de él de manos atadas y boca amordazada.

—Allí lo tienes—Ging miró fijo a Kite y este a él, por un momento guardaron silencio.

—Está bien—Habló finalmente el moreno. Lyon hizo un gesto con la cabeza y el rubio empujó al peli largo, éste empezó a andar hacia el moreno a la vez que Lyon hacia la carreta.

—(Parece que esto terminará bien, supongo que la resistencia no es tan ruda como dicen)—Pensó para su adentros ya tocando la sabana de la carreta, sin embargo lo siguiente que escuchó lo alertó.

—¡¿Qué rayos es esto?!—Grito Ging al ver que en la espalda de Kite había un aparato metálico que brillaba en rojo. Zebrans sonrió fríamente mientras mostraba un control en su mano derecha.

—Un regalito de nuestra parte—Lyon supo de inmediato que era eso, un explosivo.

—¡¿Qué narices estás haciendo?!—Gritó totalmente molesto a lo que el rubio solo rió y lo miró sonriente.

—Lyon hemos hablado entre todos, y decidimos que no eres un líder apto.

—¡¿Me expulsan?! ¡Ustedes fueron los que se me unieron imbéciles!

—Detalles menores, ahora si me disculpa exlíder…—Su pulgar se posicionó en el botón rojo del control, y estaba a punto de presionarlo hasta que se escuchó un disparo y una bala mando a volar el aparato. Tofos fueron a mirar de donde salió el disparo, excepto Ging que sabía de qué se trataba. Junto a Lyon y en la carroza sobresalía de la sabana un cañón de escopeta plateado, el peli naranja sin dudarlo quito el manto de tela estrepitosamente y antes de que pudiera ver bien de que se trataba recibió una patada en su estómago que lo mandó hacia atrás.

—¡TÚ…!—Grito Zebrans con rabia mientras sobaba su mano temblorosa por el impacto de la bala—¡Mentiste! ¡Tú no estás sólo!—Lyon se reincorporaba adolorido para observar asombrado a los dos jóvenes que estaban de pie en la carroza y con mirada deseosas de pelea.

Esa fué la primera vez que los vi a ellos dos. Con el chavalín supe de inmediato que era el hijo de Ging, tenía esa misma apariencia tenaz y mirada ruda; sólo que más fresco y no gruñón como su padre. Y con el rebelde, pues admito estaba algo aterrado, podía sentir esa aura peligrosa y sedienta de sangre que contrastaba con su cabello y tez blanca. A pesar de ser tan jóvenes podía verlo claramente en sus ojos, podía ver esa mirada de alguien que ha pasado por incontable desgracias pero que aún sigue peleando, que aún tienen algo por lo que pelear. Aún recuerdo lo primero que les dije…

—¡Oigan par de mocosos estúpidos! ¡¿Qué creen que hacen?! ¡No me hagan ir allá y darles sus coscorrones !—Regañó Lyon cual abuela amargada.

—¡¿A quién llamas mocosos?!—Gritaron al mismo tiempo con venita palpitantes en sus frentes.

—¡Tenemos quince años!—Anunció el moreno enfurecido.

—¡Ve y dale coscorrones a tu abuela, si es que no está muerta!—Insultó el albino igual de molesto, acto seguido apuntó al bando contrario con lo que parecía una escopeta blanca pero que en un movimiento y un crujido metálico cambió a ser metralleta alarmando a todos los Buldogs.

—¡A cubierto!—Gritó un soldado justo antes de que el menor empezara a disparar a gran velocidad. Zebrans se tiró al suelo escondiéndose detrás de unos escombros viejos del edificio, miro el caos a su alrededor y divisó lo que buscaba a unos metros frente a la entrada, el control del explosivo. Como pudo empezó a arrastrarse acercándose al aparato, sonrió al tenerlo cerca de su mano pero grande fue su sorpresa cuando una mano morena la tomó rápidamente.

—¡Oye devuélvelo!—Grito Zebrans  al menor de cabellos parado y puntas verdes, este lo miró molesto y le dió una patada en su cara que lo dejó inconsciente.

—¡Tengo el control!—Anunció a sus aliados mostrando el objeto a lo alto.

—¡Bien Gon! ¡Retirémonos ahora! ¡Killua cúbrenos!—Gritó Ging mientras ayudaba a Kite para empezar a correr y alejarse. No fue hasta que Gon lo pasó por a lado y le hizo señas de que parara que Killua dejó de disparar y se echó a correr también.

Al no escuchar más disparos poco a poco los Bulldogs se fueron levantando y saliendo de sus escondites. Después de unas horas que al fin despertó y al ver que realmente salieron huyendo Zebrans pateó un bote de basura que se hallaba por ahí.

—¡¿Cómo pudieron engañarnos así?!—Frustrado y con la marca del pie de Gon en su cara todavía siguió pateando aquel bote bajo las miradas silenciosas de sus compañeros.

—Son mejores que nosotros—Se escuchó la voz de Lyon y todos voltearon a verlo irritados—con solo tres personas pudieron con todos nosotros y recuperar a su compañero, de paso de que tienen excelentes armas ¿Vieron cómo la escopeta pasó a ametralladora en un segundo? Y además…—por un momento bajo la mirada pensativo para luego fijarla en Zebrans—no nos mataron a todos, a pesar de que perfectamente podían no lo hicieron, hasta en eso nos superan.

—¡¿Y qué vamos hacer con eso?!—Gritó harto el rubio de Lyon—¡Nos engañaron por completo! ¡Nunca iban hacer negociaciones! ¡En cuanto vieron la oportunidad nos bombardearon a balazos! ¡¿Acaso admirarlos llenará nuestros depósitos vacíos?!

—No, pero les servirá de lección la próxima vez que no me quieran escuchar—Ahora sí, el rubio envuelto en ira sacó un cuchillo de su bota y la apuntó hacia el peli naranja.

—No sirves de líder Lyon—Habló en voz grave a la vez que sus compañeros lo imitaban y sacaban sus armas—no estás dispuesto a hacer lo que sea para mantener a salvo a tu grupo, pero quizás tu carne sirva para llenar nuestros estómagos.

—Lo que faltaba, caníbales, rayos…—Se quejó por lo bajo al ver las sonrisas amenazantes de sus ex compañeros, retrocedió unos pasos y juntó sus puños—muy bien, sólo tengo algo que decirles, y es… ¡WOOOHHAA! ¡¿Qué demonios es eso?!—gritó por todo lo alto con los ojos como platos por el asombro, nadie pudo evitar voltear y ver de qué se trataba, no vieron nada, y al regresar la mirada Lyon no estaba.

—¡Tch! ¡Busquen y maten a esa rata!—Ordenó furioso Zebrans a lo que todos los soldados obedecieron.

Y así estuve durante varios días, huyendo y escondiéndome de mis ex compañeros, por suerte todos eran unos ineptos que no saben rastrear ni mucho menos pelear. Recuerdo que fueron unos días bastantes estresantes, no podía cerrar el ojo y estaba débil, hacía tiempo que no comía y con ellos persiguiéndome era imposible, y entonces una noche llegué a una casa abandonada a las afueras de la ciudad, me acosté en el techo y miré el cielo nocturno. Como si fuera una película las memorias de mi vida pasaron frente a mis ojos, y un montón de pensamientos pasaron por mi cabeza…

—(¿Por qué lo sigo intentando?)—Puso una mano en su frente y cerró los ojos—(ya no tengo nada por que luchar… hace tiempo que no lo tengo… morir aquí por hambre… a estas altura no suena tan mal…)—pensó para luego suspirar y ponerse de pie.

Había decidido que andaría hasta que mi cuerpo no pudiera más, ya sea porque fue devorado por los buldogs o porque un putrefacto me mato. Y entonces di el primer paso resignado a mi suerte… pero una piedra salvaje apareció y me caí.

—¡AGH!—Cayó del techo de espaldas, lo único que amortiguó el golpe fue un barril de madera—auch…—adolorido trató de reincorporarse pero de repente el cañón de una pistola blanca se había posicionada justo en su línea de visión, con sorpresa miró al dueño del arma—¡Ah!

—Eres tú… el líder de los buldogs…—Habló el joven de manera neutral para luego pasar a una faceta ensombrecida—es mejor eliminarte antes de que venga tus compañeros.

—Espera—La mano de su compañero se posó en su hombro, el albino lo miró malhumorado recibiendo una sonrisa dulce de aquel moreno y luego suspiró retirando el arma. Lyon parpadeó un tanto incrédulo, no entendiendo lo que sucedía—Lyon san ¿Verdad?—su voz lo sacó de sus pensamientos—¿Qué haces por aquí?

—Nada realmente, después de su huida los Buldogs decidieron que yo no era un líder apto y ahora me buscan para devorar mi carne, algo de todos los días ya saben.

—Oh…—A Gon le rodó una gota de sudor por la sien.

—¿Sabes? Irónicamente es muy común el canibalismo en estos días—Comentó Killua aburrido mientras ponía sus brazos detrás de su espalda.

—¿En serio fuiste expulsado de tú grupo?—Preguntó Gon pensativo y Lyon suspiró.

—Sí, pero no te culpo sino me crees… ahora pregunto yo ¿Qué hacen en esta ciudad todavía?

—Ging insistía en que debíamos liberar esta zona de putrefactos, ya lo hicimos así que íbamos a dormir hoy y regresar a casa mañana. Killua y yo íbamos a caminar un poco hasta que te encontramos.

—Oye no tienes que decirle tantos detalles—Agregó el albino con una mueca de desagrado hacia el peli naranja.

—No es como si fuera hacer algo con esa información de todos modos—Se encogió de hombros restándole importancia.

—Mmm…—Murmuró el moreno pensativo por lo bajo para luego dirigirse hacia la casa—¡Ging! ¡Kite!—gritó y después de un rato salieron el par por la puerta ¿Siempre estuvieron ahí?

—Eres tú otra vez…—Dijo Ging mirando al peli naranja expectante.

—Dice que fue expulsado por su grupo.

—Con que es así…

—No creo que debamos dejarlo aquí—Agregó Kite recordando que lo habían mantenido prisionero. Ging asintió.

—Estoy de acuerdo—Se agachó a la altura del peli naranja—¿Quieres unirte a la resistencia?

—¿Eh?

—¡¿QUÉ?!—Gritaron tanto Kite como Killua, Gon sonrió ampliamente.

—¡Ging san él podría estar mintiendo y venir aquí a matarnos!

—No está mintiendo, y dudo que le sea leal a un grupo que lo traicionó tan fácilmente—Explicó al peli largo tranquilamente a pesar de lo atónito que estaba—creo que tiene talento, sólo que hay que trabajar en esa mirada sin vida—agregó muy decidido.

—Espera yo no eh aceptado ¿Por qué me uniría a ustedes?—Habló intentando no aparentar lo sorprendido que estaba, jamás esperó algo así.

—Tenemos una comunidad donde no sólo sobrevivimos sino que nos ayudamos entre sí, si no quieres unirte a la resistencia pero aun así quieres venir puedes unirte a cualquier de nuestras facciones. Quizás ayudar personas a diario le dé un motivo para vivir a un jarrón vacío como tú ¿Cierto?—el peli naranja abrió los ojos ya no pudiendo ocultar su sorpresa—¿Qué me dices?—Ging sonrió y Lyon desvió la mirada.

—No lo sé…

—Nuestra primera misión será matar a todos los Buldogs.

—¿Dónde firmo?

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—Y así fué como llegue aquí—Terminó de relatarle su historia a una pequeña chica que le sonreía emocionada.

—¡OH eso fue increíble Lyon san!—Decía sentada en el pasto y aplaudiendo encantada al peli naranja que estaba sentado en el tronco de un árbol, ambos estaban en el bosque cerca de la montaña—tú siempre luces tan relajado y pacifico aun habiendo pasado por cosas tan tristes…—dijo mirándolo triste pero el mayor acarició su cabeza.

—Todos hemos perdido algo importante, yo tuve la suerte de superarlo y volver a vivir—La chica asintió contenta, ambos escucharon como unas ramas se removían.

—Alluka estás aquí—De entre los arboles aparecía Gon observando al par atento.

—¡Hola Gon! Lyon me contaba cómo tú y mi onii chan lo encontraron.

—Ah ya veo…—Desvió la mirada por un momento—debemos irnos, hay que prepararnos para el viaje que haremos.

—Está bien, te veo luego Lyon san—Se despidió para luego salir corriendo y pasándole por al lado a Gon, este miro a Lyon.

—Bueno, adiós—Se iba a retirar cuando la voz del peli naranja lo detuvo.

—Estas vacío Gon—El aludido con los ojos entrecerrados miró la expresión seria de Lyon—ya no eres el mismo mocoso encantador de hace dos años, ahora estas más vacío que yo en aquel entonces… dime ¿Cómo es que te mantienes de pie y luchas?

—Por qué yo debo seguir viviendo…—Decía distante para luego retirarse sin más.

—Tú mirada no es la de alguien que está viviendo, es la de una jarra vacía….—Habló para sí mismo conociendo bien esa expresión…

Continuará…

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