Capítulo 8: Dulces sueños.

—G..n—Escuchó un murmullo de una voz muy conocida por él—¡Gon!—gritó en voz alta en su oído sobresaltándolo por completo, se incorporó  en un jadeo de sorpresa  con  los ojos bien abiertos—¡Demonios Gon! ¿Qué haces durmiendo cuando hay tanto por hacer? Luego yo soy el perezoso—el aludido parpadeó sentado en su asiento y los brazos apoyados en su mesita—oi… tierra a Gon—movió su pálida mano por en frente del moreno con mirada perdida.

—¿Ki-Killua?—Balbuceó perdido todavía, al aludido puso su codo en la mesita y recargó su mejilla en su mano mientras lo miraba aburrido.

—¿Todavía estás tan dormido que ni me reconoces?

—¡Ah! ¡P-Perdón! Ni siquiera sé porque me quede dormido jeje—Habló con una sonrisa con su mano detrás de la cabeza—eh tenido… un sueño muy raro ¡Pero no te preocupes ya desperté! Ya va a llegar el sensei  ¿Verdad?—decía mirando el salón de clases en el que estaban y al resto de compañeros a su alrededor formando un bullicio al hablar entre ellos.

—¿Un sueño? ¿De qué trataba?—Preguntó retomando el tema interesado y Gon parpadeó con sorpresa y luego desvió la mirada pensativo.

—Etto… emm… ¡Lo olvide!—Dijo finalmente en un tono apenado, el albino lo mira detenidamente, como analizándolo profundamente extrañando al moreno—¿Killua?

—Será mejor que recuerdes ese sueño.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Porque quiero saber de qué trataba como para haberte dejado así de lelo—Al decir esto un hombre entro al salón, vestido de traje negro y gafas se posiciono en el escritorio en frente de la clase.

—Ahora mismo comienza la clase, tomen asiento por favor—Ordenó mientras acomodaba sus gafas y los alumnos se acomodaban en sus asientos rápidamente. Killua se levantó y puso su mano por un momento en el hombro de Gon.

—Tienes que contármelo Gon, es una promesa—Decía dedicándole una sonrisa para finalmente retirarse y dejando a un confuso Gon.

La clase transcurrió de manera normal y hasta aburrida, o al menos eso parecía, realmente no estaba prestando atención. Su mirada poco disimulada se posaba en el albino atento a la lección del maestro. Gon lo veía un tanto curioso y confuso, por alguna razón la presencia de su querido amigo que siempre lo serenaba ahora lo inquietaba… ¿Por qué? De repente Killua le devolvió la mirada y le dió una media sonrisa que sin saber porque lo hizo ruborizar.

—¡Joven Freecss!—La voz estricta de su maestro lo sobresaltó, le dió una mirada nerviosa a la expresión gruñona de su superior—¿Podría leer el segundo problema de la página treinta y cuatro?—dijo como una petición pero Gon sabía muy bien que era una orden. Con algo de nervios debido a la mirada de todo el salón sobre él abrió su libro en la página correspondiente.

—Emmm… Resuelva el siguiente pentágono con los siguientes datos…—No había terminado de leer ya que el ruido de las risas de sus compañeros lo interrumpieron, el profesor suspiró.

—Bien hecho joven Freecss, pero no estamos en clases de matemáticas—Dijo con voz serena y Gon sintió su cara arder por la vergüenza debido a las risas a su alrededor.

—¡Sensei! ¡Sensei! ¡Déjemelo a mí!—Ahora la voz animada de Killua captó la atención, tosió y con el libro en manos empezó a leer—¿Cuántas células cancerígenas tiene un ser humano normal? Responda detenidamente—ahora las risas evolucionaron a carcajadas mientras al profesor se le hacía un tic en la ceja.

—Estamos en clases de inglés no de anatomía, joven Zoldyck—Pronunció con la mayor paciencia del mundo—veo que ambos estuvieron muy ocupados dándose miradas cómplices entre sí como para prestar atención en clase—los menores se ruborizaron por lo bajo—pueden seguir su asunto en el pasillo mientras la clase culmina jóvenes.

—Si sensei…—Respondieron al mismo tiempo y se levantaron para irse afuera del salón en el pasillo todavía escuchando una que otra risilla de sus compañeros.

Ambos recargaron sus espaldas junto a la puerta, Gon con sus manos detrás de su espalda y Killua con los suyos debajo de su nuca, se encontraban en frente de las enormes ventanas que se extendían a lo largo del pasillo y que dejaban ver un cielo azul cálido con nubes esponjosas blancas que se movían lentamente por el viento veraniego.

—Killua—Llamó de pronto y el aludido lo miró de reojo—hiciste eso para que el profesor también te castigara y me hicieras compañía ¿Verdad?—sonrió conmovido—gracias.

—Yo no hice nada—Negó desviando la mirada y Gon soltó una risilla.

Sé quedaron en silencio observando el firmamento azul que mostraba el ventanal. No era un silencio incómodo para ellos, era cálido, una sonrisa soñadora adornaba el rostro de Gon mientras disfrutaba el momento.

—(Hace mucho que extrañaba esto… ¿Extrañaba?)

—“A pesar de ver tanta miseria y tragedia en estas ruinas de mundo que tenemos ahora, tú sonríes y haces el idiota…”—Esas palabras melancólicas resonaron en su cabeza como si de un eco se tratara.

—¿Eh? ¿Qué dijiste Killua?—El aludido lo miró con una ceja arqueada.

—¿Hm? Yo no dije nada.

—¿Seguro? Creí haberte escuchado decirme algo…—Habló confuso bajo la mirada azulada, el albino sonrió travieso.

—¿Oh? ¿Recordaste algo de tu sueño?—Preguntó con un notable tono de voz de curiosidad.

—No sé…—Decía ya con sus manos en frente y jugueteando con sus dedos—me pareció escuchar tu voz pero… se sintió muy raro…

—¿Así que soñaste conmigo eh…? Eso explica porque no dejabas de mirarme en toda la clase—Sonrió de forma burlona a lo que Gon se ruborizaba nervioso.

—¡Y-Yo no te miraba por eso!

—¿Así? ¿Entonces por qué?

—Porque me gusta mirarte—Y ahora era el albino era él que estaba sonrojado.

—¡¿Có-Cómo es que te avergüenza menos decir eso?!—Habló alzando la voz indignado pero después suspiró y puso una mirada molesta—no me cambies el tema, cuenta lo que recordaste.

—¿Lo que recordé?—Repitió parpadeando con sorpresa ante el gran interés que mostraba Killua ¿Tanto quería saber? Cuando se decidió por responder el timbre anunciando el descanso había sonado. Los estudiantes empezaban a salir de sus aulas haciendo una multitud bulliciosa—parece que es hora de comer, sino nos apresuramos seremos los últimos en la fila de la cafetería—dijo sonriéndole al albino, sin embargo noto algo extraño al ver el semblante distante y hasta serio del contrario—¿Killua?

—Vamos—Dijo dando media vuelta y empezando a andar para la confusión del menor.

Caminaron un rato y pasando por la multitud de estudiantes, para su suerte no había muchas personas en el comedor, y fueron los primeros en tomar unas bandejas e ir a pedir un orden de comida. Gon fue el primero en pasar.

—¡Nee señor!—Pidió ansioso con una sonrisa, cuando vio el hombre a cargo, con delantal blanco y una red en el pelo que dejaba salir alguno mechones de cabello se sorprendió de sobremanera—¡Lyon san!

—¿Qué tal chavalín? Rebelde—Saludó neutral mirando primero a Gon y luego a Killua.

—¡No sabía que trabajas aquí ahora!—Dijo alegre a lo que él adulto parpadeó extrañado.

—Toda mi vida eh trabajado aquí chavalín, incluso me sé sus órdenes de comida favoritas—Dijo tomando cuatro enormes hamburguesas para cada uno, un jugo de manzana y un pudín de vainilla con un batido y otro pudín ambos de chocolate, colocó todo eso en las bandeja de Killua y en el de un confuso Gon.

—Tú… ¿Tú no odias a tu jefe?—Preguntó y Lyon arqueó levemente una ceja.

—Mi jefe es el director Netero, y aunque es un viejo tramposo realmente no me cae mal—Dijo encogiéndose de hombros sin notar como Gon tomaba su frente con una mano y bajaba la vista.

—Netera san… ¿Sigue siendo el director?—Susurró para sí mismo sintiendo un ligero tic en su cabeza y unas nuevas palabras que hacían eco en su cabeza—(Es una pena que el director Netero se haya retirado, con él la escuela era divertida)—¿Esa era su propia voz?

—Claro que sí ¿Qué te ocurre? seguramente tanta hamburguesa te está afectando la memoria chavalín.

—Jeje… seguramente—Dijo un tanto nervioso y luego sonrió—gracias por la comida Lyon.

—Agradece al chef—Ambos se despidieron y Gon se retiró un tanto pensativo y algo perdido, sin notar la mirada profunda que Killua le hacía en ese momento mientras lo seguía en silencio.

Ahora andaban en busca de una mesa libre, cosa que se les complicaba considerablemente ya que la mayor parte estaban ocupadas por lo demás estudiantes. El lugar se veía bastante lleno y Gon estaba a punto de proponer ir a comer en otro sitio, como en la azotea bajo el cielo azul o en el patio en el césped, cuando escucharon la sonora voz de Leorio.

—¡CHICOS POR AQUÍ!—Gritó con sus manos a cada lado de su boca sin vergüenza alguna a pesar de las miradas de las personas a su alrededor. Gon rió y Killua suspiró mientras caminaban a la mesa en la esquina en que se hallaba su alto amigo—¡Qué bueno que vinieron!—decía sonriente mientras le daba un mordisco a uno de sus emparedados. Un Kurapika con expresión cansada se hallaba sentado junto a él.

—Es difícil no hacerlo con ese grito que diste Leorio—Decía el rubio con los ojos cerrados mientras le daba un sorbo al te frío que tenía.

—¡Oye! ¡Si no lo hubiera hecho no me hubieran escuchado con todas estas personas alrededor!—Dijo en una queja a lo que Killua con una expresión traviesa respondió…

—Compréndelo Kurapika, ya sabes que los viejos se irritan fácilmente cuando hay una multitud alrededor.

—¡Oye soy el hombre más joven y guapo que has visto en tu vida!—Gon soltó una risa ante la escena que montaba sus amigo.

El moreno por un momento se dedicó a observar su alrededor, o más específicamente a sus amigos. Leorio se quejaba de un Killua con expresión gatuna que robó uno de sus emparedados, mientras Kurapika cual mama responsable regañaba al par debido al bullicio que hacían. Una sonrisa apareció en sus labios.

—Esto es nostálgico…—Dijo a lo que el grupo en seguida clavo sus miradas en él.

—¿Nostálgico?—Repitió el rubio intrigado.

—¡No hables de esa forma Gon! Actúas como si nunca nos viéramos—Agregó Leorio con una mueca de desagrado ante la confusión del moreno.

—¿Eh? Bu-Bueno es que…—Balbuceó por lo bajo a lo que Leorio arqueó una ceja.

—¿Es qué?—Repitió a lo que Gon desviaba la mirada ido, como si estuviera viendo otra cosa.

—Tú…

—“Para estudiar medicina y volverme doctor tengo que ir a una universidad  especial fuera de la ciudad, puede que no me vean a menudo chicos…”

—¿Tú no querías ser doctor Leorio?—Dijo finalmente, hubo un silencio en que tanto el rubio como el moreno más alto lo miraban con cara de póker, después de unos segundos que le parecieron eternos Leorio soltó una carcajada de buena gana.

—¡Gajajaja! ¡No solo “quiero” Gon! ¡Yo estoy estudiando para ser doctor!—Dijo mientras se limpiaba la lagrima que se le formó en un ojo.

—Leorio está estudiando en la unidad superior de medicina del instinto Hunter, Gon ¿Cómo es que lo olvidaste?—Finalizó Kurapika extrañado, su pequeño amigo era descuidado y despistado pero no tanto.

—Es… Es cierto—Dijo confuso con una sonrisa forzada—Leorio… ha estado estudiando con nosotros desde hace tiempo… ¿Por qué creí que no?

—¿Por tú sueño quizás?—Respondió Killua recargando su mejilla en su mano apoyada en la mesa, a diferencia de los otros dos él se hallaba extrañamente tranquilo.

—¿Un sueño?—Repitió Leorio ya dejando de reír al fin y poniendo una expresión de curiosidad.

—Cuéntanos Gon ¿Qué recordaste de tú sueño?—Habló Killua mirando fijamente como el aludido bajaba la vista con unos ojos oscurecidos.

—Es extraño… Lyon san nunca trabajó en esta escuela…

—¿Ah? Pero si Lyon adora trabajar aquí, aunque nunca lo admita—Interrumpió Leorio por un momento, Gon negó suavemente con la cabeza.

—El director Netero se estaba retirando…—Tomó su frente con una mano, se estaba esforzando, por alguna razón que no entendía se estaba esforzando por recordar un sueño que probablemente sea producto de su alocada imaginación—y nosotros… nos estábamos separando, para poder seguir nuestras metas y sueños, pero al fin acabo nos estábamos separando. Leorio se iría de la ciudad para poder estudiar en una universidad especializada en medicina, y a Kurapika… le faltaba poco para salir del instituto también, se preparaba y estudiaba mucho por lo que casi no tenía tiempo libre…

—¡Yo no eh conseguido mejor lugar para estudiar que éste!

—Y a mí aun me falta mucho para terminar el instituto—Ambos miraban extrañados y confundidos al moreno que balbuceaba cosas que no entendían. Sin embargo Killua mantenía un silencio y una mirada sin expresión alguna, escuchaba cada mínimo detalle que decía Gon y observaba cada uno de sus gestos con mucha atención, casi analizándolo.

—Al final… Killua y yo éramos los únicos que nos manteníamos juntos. Pero estaba bien… entiendo que ustedes tenían que seguir sus caminos aunque me entristeciera no verlos mucho… además tenía a Killua… pero todo termino cuando…—Cerró los ojos y llevó ambas manos a su cabeza, algo le estaba produciendo una terrible jaqueca.

—¿Cuándo qué Gon?—Incitó Killua a que hablara, mostrando más interés en saber que cualquiera de los presentes.

—Algo horrible… gritos… lágrimas… sangre…—Su voz se oyó quebrada mientras una angustia se alojaba con fuerza en su pecho—hacíamos lo que podíamos, Kurapika los rastreaba, Killua y yo los traíamos, y Leorio hacía todo por curarlos pero… simplemente morían… era horrible, pero yo creía en que algún día iba a terminar… no… yo era un estúpido ingenuo…

—¿Por qué Gon?—Preguntó suavemente, hace mucho que olvidaron las presencias de Kurapika y Leorio, ahora mismo en su mundo, sólo estaban ellos dos.

—Killua yo…

—¡De ninguna manera te dejaré sólo!

—¡No estás en condiciones para seguir y además yo soy más rápido!

—L-Lo siento—Unas lágrimas salieron de sus ojos mientras los abría lentamente, encontrándose la mirada serena azulada.

—¿Por qué te disculpas?

—¡No vas a poder tú sólo! ¡Déjame apoyarte! E-Entre ambos podremos escapar…

—O moriremos ambos…

Su cabeza daba vueltas, y la imagen de su amigo se distorsionaba, su cuerpo pesaba por lo que caía hacia atrás lentamente.

—Fue… mi culpa…—Susurró antes de caer inconsciente.

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—Ummm…—Murmuraba mientras veía a su obra removerse entre sueños. Su amado rey se posicionó a su lado a mirar lo mismo que ella.

—¿Qué ocurre?—Preguntó con vos monótona viendo fijamente a aquel joven.

Gon se hallaba dormido dentro de una crisálida de un verde brillante y transparente pegado a la pared, se le veía frunciendo el entrecejo y removiéndose bruscamente, luchando contra algo invisible…

—Está resistiéndose…—Alzó su mano hacia el moreno y la cerró lentamente a lo que Gon dejó de forcejear y ella sonrió—pero aun lo tengo controlado.

—Repíteme de nuevo ¿Qué estás haciendo?—Dijo el encapuchado mientras cruzaba sus brazos.

—Conseguirle soldados de elite, mi rey—Decía mientras miraba al otro con las mejillas rozadas—puedo modificar el cuerpo orgánico humano y volverlos sus más poderosos y fieles sirvientes.

—¿Y por qué no lo haces y ya? ¿Para qué meterlo en una crisálida y dormirlo?

—Primero tengo que doblegar su mente, mi rey. Es un proceso complicado y un poco largo, necesito mantener al sujeto distraído en un mundo de ensueños mientras modifico su subconsciente, pero le juro que valdrá la pena—decía con una voz sumisa y suave a lo que el encapuchado miró fijamente al joven en la crisálida.

—Hace un momento dijiste que se estaba resistiendo ¿Puede llegar a liberarse?

—Eso es imposible mi rey, lo tengo todo bajo control—Afirmó con seguridad a lo que un ruido de computadora los interrumpió.

—Rey del enjambre, el enemigo se está moviendo ¿Quiere echar un vistazo?—Dijo la voz femenina computarizada, el encapuchado suspiró para empezar a alejarse de su sierva.

—Mantente alerta—Fue lo último que dijo antes de irse finalmente.

Sugara lo miraba retirarse con una sonrisa para luego voltear a ver de nuevo a Gon, la curva de sus labios se borró mientras fruncía el entrecejo, el moreno volvía removerse inquieto en su sitio.

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Las ruinas de un edificio donde se vislumbraba el atardecer de entre tantos escombros y pedazos de cementos…

—Realmente no sé cómo es que puedes todavía guardar esperanzas para este mundo…—Recibió una mirada confundida del moreno a lo alto de una montaña de escombros—a pesar de ver tanta miseria y tragedia en estas ruinas de mundo que tenemos ahora, tú sonríes y haces el idiota, sigues adelante con ganas de luchar…—el otro rió.

—De verdad creo que todo mejorara algún día, y está bien que tú no lo creas así… con que uno de los dos tenga esperanza basta—la mirada del mayor se posó en él—ya que si uno avanza podrá llevar consigo al otro, yo siempre voy a creer por ti… y si alguna vez te cansas de luchar ¡Yo siempre voy a estar a tu lado para tomar tu turno y descanses!—Sonrió ampliamente a lo que el otro se sonrojo.

—Eres un idiota…

Lo soy…

—Nm…—Murmuró mientras que con pesadez parpadeaba, la cabeza aún le daba vueltas y se sentía perdido. Sintió un olor que lo reconfortó en lo más profundo de su pecho, y entonces abrió sus ojos lentamente encontrándose con dos zafiros profundos que hacía que se perdiera mirándolos—Killua…—susurró ante la cercanía del otro a su rostro.

—Gon…—Susurró de vuelta ya acercándose más, hasta el punto en que sus alientos chocaban.

Aun sin estar del todo consciente de lo que sucedía pero sin querer resistirse más, Gon cortó la poca distancia que había en un breve y dulce beso. Fue un contacto corto, en el que Killua lo miró sin inmutarse, casi podía leer en esa mirada un “¿Eso fue todo?” para luego besarlo de forma más profunda y demandante. Puso sus manos debajo de la cintura de Gon abrazándolo y este correspondió el gesto pasando sus brazos por su cuello intensificando el beso, el moreno gimió suave al sentir el cuerpo del albino tan cerca y poder disfrutar mejor de su aroma.

—¡Qué lindo es el amor joven!—Una voz risueña los sobresaltó, el par se separó y allí es cuando Gon se dió cuenta de que estaba en la blanca habitación de la enfermería en una de las cama. Una rubia en coletas y ojos rozas les sonreía burlona—ya veo que ya estás mejor—decía traviesa y Gon al fin proceso lo que acababa de suceder, sus mejillas enrojecieron hasta parecer un tomate.

—¡L-Lo sentimos Bisky!—Decía totalmente abochornado y agachando la cabeza mientras Killua solo bostezaba aburrido.

—Me preocupe cuando Killua te trajo desmayado, siempre has sido un chico saludable por eso temí que fuera algo grave, pero veo que despertaste con energía—Dijo las ultimas con un tono burlón disfrutando de avergonzar al moreno.

—¡Gr-Gracias por su preocupación pero ya estoy mucho mejor!—De un salto se levantó de la cama al suelo y camino rápidamente hacia la puerta seguido del albino—n-nos vemos.

—Cuídense—Decía risueña mientras veía retirarse a los menores.

Ahora Gon camina de manera apurada por el pasillo con su mirada al suelo sin querer en ningún momento mirar a Killua que para su pesar estaba en silencio total ¿Qué rayos fue eso? Los amigos notienen esos tratos ¿Verdad? Tragó grueso y apretando los puños se dispuso a hablar.

—Ki-Killua…

—¿Hm?—Ese “Hm” sonaba demasiado normal para su gusto ¿Por qué está tan tranquilo?

—¿Qu-Qué fue eso?

—Un beso—Respondió de lo más natural sin saber el disparo potente que le dió en el corazón a Gon debido a sus palabras.

—S-Si pero…—Miró de reojo al albino, tenía sus brazos detrás de su cabeza y distraídamente miraba al lado contrario hacia la ventana, estaba tan… tranquilo ¿Realmente no le afectó?

—¿Pero?—Repitió ya cruzando su mirada con Gon y este la desvió hacia otra lado sonrojado.

—¿D-Desde cuando…?

—No sé, tú empezaste.

—¿Eh?

—Susurraste sensualmente “Killua” para luego hacer eso de repente—Gon no sabía que lo avergonzaba más, las palabras de Killua o la naturalidad con las que las decía, un temor agudo se alojó en su pecho.

—¿A-Acaso no te importa?—Preguntó y el más alto lo miró con la ceja arqueada, como si hubiera dicho una idiotez.

—¡Claro que me importa! Si no, no te hubiera besado de vuelta ¿No crees?—Gon abrió los ojos como platos.

—¿E-entonces?

—¿Entonces qué?

—-L.-Los amigos no hacen eso ¿No?

—Es cierto…—Miró el techo por un momento pensativo y Gon jugueteó con sus dedos de manera nerviosa.

—Killua… ¿Qu-Qué soy para ti?

—Eres mío—Tan natural como respirar, ahora Gon sí que estaba desubicado.

—Ki-Killua estás raro…

—¿Raro?

—T-Tú… no sueles expresarte tan fácilmente…

—Es cierto.

—¿E-Entonces? ¿Por qué eres así conmigo tan de repente?—Ambos dejaron de caminar y miraron al otro, y Killua sonrió de una forma traviesa y juguetona extrañándolo—¿Killua? ¡Ah!—de repente el albino lo tomó de la mano y salió corriendo con él siguiéndolo con dificultad—¿A dónde me llevas?—no recibió respuesta.

Su mirada se posó en la espalda del albino y su cabello blanco movido por su andar de prisa, unas repentinas imágenes pasaron por sus ojos. Eran ellos dos corriendo de la misma forma en que están ahora y también en la escuela, pero… la situación era distinta, estaban… ¿Apurados? Killua en ese momento se veía… desesperado.

Continuará…

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