Capítulo 9: ¿La dulce fantasía o la dura realidad?

Estábamos… en la escuela.

¿Y qué hacíamos?

—¡Ki-Killua! ¡¿Qué está ocurriendo?!¡¿Qué son esas cosas?!

—¡¿Cómo quieres que lo sepa?!

Nosotros corríamos…. No, estábamos huyendo.

¿De qué?

N-No sé… ¿Qué eran esas cosas? Estaban en todas partes, estaban entrando… Todos corrían y gritaban, estábamos desesperados por encontrar a Alluka, t-teníamos que encontrarla antes que ellos.

¿Por qué?

Estaba en peligro…

—¡Killua! ¡Los demás deben estar en problemas! ¡Deberíamos…!

De repente me empujaste a un armario y tapaste mi boca con fuerza con tu mano. Tú mirada… estabas muy alterado…

¿De veras?

Escuché un grito… era alguien que conocía… quise ver que era pero no me dejaste, hubo más gritos horribles, suplicaban ayuda, un charco de sangre… Yo tenía mucho miedo… no quería estar allí, no quería creer lo que estaba sucediendo. Y-Ya no puedo más… N-No quiero seguir recordando… ¡No puedo!

Se dejó caer de rodillas al suelo con los ojos lagrimosos. Y es que simplemente Killua lo había metido al depósito de limpieza y cerrado la puerta, aunque no recordaba en qué momento empezó a dolerle la cabeza.

El albino con mirada neutra se agachó a su altura y acarició su cabeza.

—¿Estás bien?—Preguntó suave y con calma haciendo enfadar al contrario.

—¡No lo estoy!—Alzó la vista con el entrecejo fruncido—¿Por qué quieres hacerme recordar esa pesadilla?—La mirada azulada se encontró con los ojos castaños alterados, enfrentándolos de una forma tan calmada y dulce que sobresaltaba al contrario.

—No me habías dicho que era una pesadilla—Dijo sorprendiéndolo.

—N-No lo recordaba ¡O yo que sé! ¡No sé qué rayos te sucede!—Decía alzando la voz un poco y poniéndose de pie—¡Me voy a clases! ¡Tú también deberías  ir!—empezó a caminar hacia la salida molesto, sinceramente no sabía que sucedía consigo mismo, no suele enfadarse de esa forma,  simplemente tenía un dolor de cabeza incesante, con una aspirina se le quitara y fin del drama…. ¿Verdad? ¿Por qué dudaba? ¡Bah! Todo esto era culpa de Ki….—¡Ah!—antes de que pudiera tocar el picaporte de la puerta unos brazos retuvieron su cintura con fuerza.

—Lo siento…—Susurró en el oído del más bajo—no debí presionarte sabiendo cuanto te dolía… lo siento Gon—apoyó su cara en el hombro del contrario, Gon suspiró y cerró los ojos, no valía la pena.

—Está bien…

—¿Seguro?

—Si…

—Gon…—Llamó mientras se aferra más a él—¿Cómo estás?

La pregunta lo tomó desprevenido, pues la mirada que le daba era profunda y directa, Gon por fin comprende,  Killua quería transmitirle algo pero no está seguro de que…

—Killua… ¿Quieres decirme algo?

El aludido se mantuvo estoico un momento, con su mirada profunda contra la suya.

—¿Qué quieres que te diga?

Dijo, y Gon simplemente no entendía nada. Cuando iba a ser otra interrogante la puerta fue abierta abruptamente. Un hombre los ve con un brillo gentil en sus ojos y con la notoria característica de llevar su camisa blanca desarreglada.

—Creo que ya es hora de que vallan a clases ¿No creen?—Advierte de forma amable, Gon baja la cabeza abochornado mientras se separa del indiferente Killua.

—Si Wing sensei…—Dijo Gon avergonzado al adulto en la puerta.

Se hizo a un lado para que los menores salieran del depósito.

Gon caminó con la cabeza gacha y ruborizado, segunda vez que los pillaban y valla que no deja de ser vergonzoso, miró de reojo al albino que bostezaba con pereza ¿Cómo es que a él no le afectaba en nada?

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—Eso fue todo por hoy, regresen a casa con cuidado—Finalizó el profesor tomando unos papeles y guardándolos en su maletín negro. Acto seguido los demás estudiantes lo imitaron guardando sus útiles en sus mochilas.

Gon caminó junto a Killua rumbo a la salida vislumbrando el sol caluroso de la tarde por las ventanas.

—¡Gon, Killua!—La voz de Leorio los llamó, el aludido acompañado de Kurapika se acercaban al par—¡Me alegra que ya estés bien! Pensamos que era algo serio cuando hablabas locuras que nunca pasaron y luego te desmayaste sin más—decía mientras revolvía los cabellos del moreno menor y este soltaba una risita.

—Lamento haberlos preocupado, ni siquiera yo sabía que me pasaba—Se disculpó con un semblante apenado.

—¿Tienen planes o les gustaría ir al cine?—Invitó el rubio con una sonrisa tranquila, Gon estaba a punto de aceptar encantado, pasar el tiempo con sus amigos le quitaría tantos pensamientos locos en su cabeza, sin embargo la voz de Killua se adelantó.

—Hoy no, Gon y yo tenemos algo que hacer—Decía el albino en aires despreocupados metiendo sus manos en el bolsillo de su pantalón para la confusión del moreno menor. Los mayores los miraron un tanto sorprendidos.

—¿Así? ¿Qué es si? Se puede saber—Preguntó ahora el futuro medico extrañado a lo que recibió una sonrisa gatuna.

—Es un se-cre-to—Canturreó tomando la mano de Gon de imprevisto—de hecho estamos tarde, así que si nos disculpan…—echó a correr arrastrando al menor con él para la sorpresa de los presentes.

—¡Ah! ¡A-Adiós Leorio! ¡Nos vemos Kurapika! ¡Hasta mañana!—Alcanzó a decir antes de que estuvieran del todo lejos de ellos, regresó su vista a la espalda del albino—¡¿A dónde vamos Killua?! ¡¿Qué cosas tenemos que hacer?!

—¡Ahora mismo te enseño!—Decía mientras corrían a la reja que separaba a la escuela de un bosque.

Sin más Killua tomó un impulso y saltó un bote de basura para llegar al otro lado con Gon siguiéndolo confundido. El albino bajó el ritmo hasta caminar con tranquilidad pero sin soltar la mano del contrario que lo miraba extrañado.

—(De verdad que está actuando extraño…)—Por alguna razón que no entendía Killua no le ha dicho nada.

Miró entonces el alrededor, el pasto era verde, los árboles frondosos y soplaba un refrescante aire típico del verano. Era un bosque bastante lindo… ¿Siempre estuvo aquí? Era la primera vez que lo  visitaba pero… ¿Por qué siente que ya estuvo allí  millones de veces?

—Gon ¿Adónde me llevas? Se supone que debemos estar ayudando en el refugió…

—Sólo es un pequeño descanso ¡Hay algo grandioso que te quiero mostrar!

—¿Y qué es?

—¡Es un se-cre-to!

—¡¿Ah?! ¡Si es para mostrarme otro nido de abejas rojas meteré tú cabeza en el panal!

—¡Qué cruel Killua! Creí que te gustaba la miel de esa especie.

—¡No cuando un enjambre de endemoniadas abejas asesinas te persiguen hasta el final de tus días sólo por tomar una gota!

—No seas exagerado, dejan de perseguirte después de los 20 kilómetros  ¡Mira Ya llegamos!

—Ah…Gon… este lugar es…

—Aquí es…—La voz del contrario lo sacó del ensueño en el que estaba metido, parpadeó algo aturdido dándose cuenta que dejaron de avanzar, miró la sonrisa del albino.

—¿Killua?

—Mira—Se hizo a un lado y los ojos del moreno brillaron.

Estaban a la orilla de un poso de agua cristalina en el que caía una cascada, había grandes árboles que daban sombra alrededor en la orilla, podía jurar que el lugar brillaba…

—Killua que lugar tan grandioso…—Habló embelesado a lo que el albino sonrió poniendo sus brazos detrás de su cabeza sin dejar de sonreír.

—Sé que te gusta.

—¿Siempre estuvo detrás de la escuela?

—No.

—¿Eh?—Miró curioso al albino y este sonrió con superioridad.

—Está en un lugar mejor.

—¿Qué quieres decir?

—No te lo diré…—Sacó la lengua travieso sacándole un puchero a Gon.

—Estás actuando muy extraño.

—¿Si?

—¡Debes ser un robot alienígena que finge ser Killua! Seguramente tienes una marca de dígitos en alguna parte de tu cuerpo…—Decía mirando de arriba abajo al mayor con la mano en su mentón fingiendo sospechas a lo que el contrarió sonrió gatunamente.

—Adelante, revisa—Invito mientras tiraba del cuello de su camisa y alzaba las cejas de manera sugerente.

—¡Solo bromeaba Killua! ¡Sé que eres tú!—Decía riendo no cayendo en la broma del otro por mera inocencia. Killua lo miró por un momento y suspiro con pesadez sin que Gon lo notara…

“Sé que eres tú”

El tiempo se les hizo corto mientras jugaban a mojar al otro, antes de que se dieran cuanta ya era el atardecer y ya era hora de regresar a casa. Salieron de la escuela y caminaban en la acera charlando trivialidades entre ellos. De repente Gon para el paso y su vista se fijó en un parque un poco lejos de ello.

—¿Gon?—Llamó debido a que el aludido dejó de andar y calló de repente—sino te apuras Mito san se preocupará.

—Alluka chan—Dijo y apuntó a la dirección a donde miraba. Sentada en el área de los columpios estaba la chica con ropa escolar y mirada fija en el suelo, como si estuviera ida—se ve  deprimida…—un semblante de preocupación invadió su rostro—¡Killua ve con ella! ¡Algo debió…! ¿Killua?—el aludido ya no se encontraba a su lado sino caminando a unos metros de él  alejándose en la dirección contraria—¡Killua!—llamó alarmado apresurándose en alcanzar al mayor y tomar su mano—¿A dónde vas? Alluka chan está al otro lado—el albino le daba la espalda y ocultaba su mirada detrás de su flequillo.

—Ve tú—Respondió monótono sorprendiendo al moreno.

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡Tú hermana te necesita!—Alzó la voz y apretó la mano del mayor.

—Yo ya no puedo protegerla…—Habló melancólico sobresaltando al menor.

—¿D-De que hablas? Estás aquí ¿No?—Killua se giró a verlo lentamente, mostrando una expresión afligida y de culpabilidad que le hacía un profundo hueco en su pecho.

—Lo siento…—Susurró y Gon no podía estar más preocupado.

—¿Por qué te disculpas? No hiciste nada malo…—El contrario lo abrazó de repente—¿Killua?

—Te dejé sólo…

—¿Qué dices…?

—Killu—Gon sintió un sobresalto al escuchar esa voz fría a sus espaldas, reconocería la voz de Illumi donde fuera. Los observaba con cierta indiferencia y calma, algo bueno… y extraño, puesto que recuerda que éste siempre se mostraba algo amenazador cuando estaba en compañía del albino ¿Siempre ha sido así?—¿Por qué has tardado en llegar a casa? Debemos irnos…—Killua susurró algo al oído del moreno.

—¿Killua?—Llamó pero el aludido se separó de él y siguió a su hermano mayor. Se les quedo viendo como entraban a un automóvil negro seguido de Alluka que al parecer no se había dado cuenta que estaban allí. Gon tocó su oreja mientras rememoraba lo que acababa de pasar…

“Te estaré esperando, ya sabes dónde…”

—Killua ¿Qué me quieres decir?

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—¡Tch! ¡¿Qué rayos te pasa?!—Sugara gritaba furiosa al joven encerrado en la crisálida transparente. Gon se removía de manera violenta rasgando por dentro la membrana del capullo enfadándola más.

—Deja el escándalo—Hablo fastidiado Bendot en una esquina—si no puedes hacerlo sólo devóralo para evitar que sea un desperdicio.

—¡No!—Grito mirándolo fulminante—¡Lo convertiré en el primer soldado leal a mi rey! ¡Así demostraré lo superior que soy y mi rey confiará en mí! ¡Seré la segunda al mando del enjambre! ¡Seré su reina!—decía decidida a lo que el otro sólo bostezó aburrido.

—En ese caso me iré a dormir a otro lado, tus gritos de loca no me dejan descansar.

—¡Haga lo que quiera!—Ignoró el como el otro gruñía y se retiraba a otro lado, su mirada molesta se hallaba fija en el joven que forcejeaba—no te saldrás con la tuya… te volverás alguien muy dócil cuando termine…—extendió su mano en dirección a la cara del moreno y la cerró con fuerza haciendo que el contrario quedara tranquilo de manera abrupta—lamerás los zapatos de mi rey cuando abras los ojos…

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—Bienvenido a casa Gon—Decía amable la mujer recibiéndolo con un abrazo que el moreno correspondió.

—Estoy de vuelta Mito san—Gon sonrió y se separó de ella.

—Pasa al comedor te eh hecho la comida—El menor asintió y se quitó los zapatos—hice tu favorito, tocino—esperaba ver una expresión de pura maravilla de parte del menor pero éste apenas asintió levemente mientras se dirigía al comedor—¿Gon?—llamó preocupada al verlo sentarse en la mesa con mirada pensativa. Junto a él estaba su abuela Abe tomando té y mirándolo atento.

—Gracias por la comida—Dijo antes de empezar a comer con la mirada fija en algún punto en la mesa.

—¿Te preocupa algo cariño?—Habló la abuela mirándolo preocupada al igual que Mito que se sentaba junto a ellos. Gon paró de comer un momento.

—Es que estoy pensando en algo que me dijo Killua…—Dijo mirando su reflejo en el té que le habían servido.

—¿Y qué te dijo?—Preguntó curiosa Mito.

—Me dijo que me estaría esperando en donde yo sé pero realmente no lo sé…—Decía sin poder explicar bien.

—¿Un lugar especial que sólo ustedes conocen? Qué lindo—Agregó Abe con un tono enternecido.

—Pero no sé cuál es, ummm… ¿La tienda de chocolates? Aunque no creo que sea para tanto—Miró el techo pensando cual lugar podría ser, pero después suspiró rendido—Killua ha estado actuando extraño todo el día…

—¿Extraño?—Preguntó Mito mirándolo con una sonrisa cariñosa.

—Sí… siento que me quiere decir algo pero sólo me confunde más, y además me da dolor de cabeza—Dijo poniendo un puchero y entrecerrando los ojos molesto—debería dejarse de rodeos, pistas raras o palabras entre líneas ¡Quisiera que me lo dijera directamente! Pero no, a él le encanta complicarlo todo… seguramente me está jugando una mal broma.

—Gon—Llamó Mito y Gon la miró, notó con sorpresa que la mujer estaba seria—cuando alguien no le dice directamente algo al otro es porque no puede hacerlo—el menor parpadeó confuso.

—¿Eh? ¿Por qué no?

—Por que algo se lo impide o quizás… para no herir a esa persona—Posó su mano en su mejilla mientras desviaba la mirada pensativa—hay cosas que son muy duras de contar y hacen daño cuando se lo dices a alguien de manera muy brusca. Probablemente Killua quiere decirte algo pero no sabe cómo hacerlo sin que te hiera…

—¿Eh? ¡No hay nada que me hiera si estoy con Killua!—Decía con una sonrisa llena de confianza—Killua no tiene de que preocuparse ¡Si estamos junto todo sale bien y….!

—¡Killua no vallas!

—Ah…

—¿Gon?

—¡Iré contigo!

—¡Mira como esta tú pierna, apenas puedes estar de pie! No vas a poder seguirme el paso y además trabajo mejor sólo. Vete tú con los demás, pide que te atiendan.

—¡El lugar está lleno de esos monstruo! Morirás en cuanto te acorralen. Iré yo, mi sangre será la carnada y te dará tiempo para que tú y los demás de la resistencia huyan.

—………………¿Eres idiota? No….. ¿Tú crees que soy un idiota?

—¡Gon! ¡Gon!—Abrió lentamente los ojos  encontrándose con los rostros preocupados de Mito y Abe, se hallaba acostado en el regazo de la primera—¡¿Estás bien?! ¡Empezaste a balbucear cosas y caíste inconsciente! ¡Ahora mismo te llevo al…!—Gon tomó su hombro con delicadeza mientras la miraba con una sonrisa y luego se levantó de un salto.

—Lamento haberlas preocupado, me tengo que ir—Se excusó mientras se dirigía a la entrada bajo las miradas perplejas de las mujeres.

—¡Gon espera! ¡¿A dónde vas?! ¡Recién despiertas de un desmayo y ni siquiera has terminado de comer!—Habló alarmada mientras el menor se ponía los zapatos con total tranquilidad.

—Perdón Mito san, abuela Abe, pero Killua me está esperando, no… muchos me están esperando—Se levantó y tomó el picaporte de la puerta para luego darle una última mirada a las mujeres—gracias, aun en este mundo charlar con ustedes siempre me abre los ojos…—y se fue finalmente bajo la confusión de las mujeres. Gon ya en frente de su casa con la mirada gacha suspiró pesado—aun ahora y en este momento… ¿No me dejarás dormir verdad? ¿Killua?—se dió media vuelta y su alrededor cambió, ahora se encontraba en una colina bajo la noche estrellada, con una fogata alumbrando su costado. Recargado en un árbol encontró al albino que le sonreía con cierta travesura.

—¿Dormir? No seas vago ¿No que estabas siempre lleno de energía?—Dijo con algo de burla y Gon desvió la mirada mientras ponía los brazos detrás de su espalda.

—Todo era tan perfecto… los cuatro juntos, Lyon feliz  trabajando en la cafetería, la escuela todavía entera, tú conmigo…. Debí sospechar…

—Tú nunca sospechas, y a estas alturas ¿Qué importa? Al final te diste cuenta—Se encogió de hombros restándole importancia, vió como los ojos del menor empezaron a cristalizarse y contenía con dificultad el llanto.

—Este lugar… está detrás de aquella laguna. Te traje aquí en la noche para descansar un rato… nos gustaba a pesar de que te quejabas de que este lugar  era…

—Aburrido—Completó con una sonrisa—aún lo creo, casi prefería de que me mostrarás el panal con abejas rojas—Gon soltó una risita mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

Hubo un momento de silencio en que sólo se escuchaba los leves sollozos del moreno, alzó la mirada para encarar los ojos azules.

—Killua yo…

—Basta—Interrumpió alzando la mano y con expresión neutra—no quiero escuchar más tus lamentos y disculpas. No pierdas el tiempo en sueños bonitos y engañosos Gon, eres alguien de acción que tiene cosas que hacer ¿Recuerdas?—habló con la seriedad necesaria para hacer entrar en razón al contrario el cual asintió mordiéndose el labio frustrado.

—Pero… aun siendo un sueño engañoso o no, una ilusión o lo que sea… tengo al Killua de mis sueños aquí, frente a mí—Alzó la mano en dirección al albino queriéndose acercar a él, pero se reprimió poniéndola contra su pecho y soltando un quejido lloroso—….tengo que volver, Alluka, Kite, Ging, Lyon, Kurapika, Leorio, Mito san…. Me necesitan…—volvió a alzar la mirada decidido mostrando en su mano un cuchillo plateado.

Killua vió el arma en su mano y sonrió, una sonrisa entre felicidad y amor.

—Eres más brillante que el sol ¿Lo sabes no?—Ante sus palabras Gon dejó salir otras lágrimas y cerró los ojos con fuerza.

—¡Quiero quedarme contigo!—Dijo intentando en vano de limpiar sus lágrimas—sin ti… nada es divertido…—de repente sintió como lo abrazaban con fuerza.

—Yo siempre estoy contigo ¿Recuerdas?—Le susurró en su oído con dulzura, y Gon sólo atinó a asentir—ahora…—tomó la mano del moreno que sostenía el cuchillo y la dirigió a su cuello mientras cerraba los ojos—vete, de prisa.

—Pero Killua, yo aún…

—Ahora—Dijo en forma de orden.

Gon reprimió un quejido, cerró los ojos con fuerza y empujó el cuchillo.

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—¡Agh!—Un grito femenino lo terminó de despertar—¡T-Tú! ¡¿C-Cómo es posible?!—su mano apretaba con fuerza el cuello pálido de lo que parecía una mujer ciempiés.

—¿Eres la madre de la prole? Qué suerte…—Habló grave mientras terminaba de salir de esa crisálida, Sugara tembló al ver la mirada tan oscura y llena de furia que seguramente le estaba dedicando—acabas hacerme hacer lo peor que eh hecho en mi vida, no te perdonaré—y con fuerza estrelló la cabeza de la otra contra el suelo, varias veces, hasta cubrirse de una mucosidad verde, no se detuvo hasta que al fin el cuerpo contrario dejó de respirar.

Se alejó y se dejó caer al suelo jadeando con cansancio. El lugar empezó a temblar abruptamente, sabía lo que significaba.

—Putrefactos… debo irme…—Con dificultad y tambaleando empezó a andar por el lugar en terremoto, su vista estaba borrosa y no podía pensar con claridad. Cayó al suelo boca abajo y su cabeza se sintió pesada—n-no debo dormirme… d-debo r-regresar…—empezó a levantar la vista, y se encontró con una silueta borrosa pero familiar—K-Killua…—susurró y aquella figura sonrió y se empezó a alejar de él—espérame…

De nuevo se puso de pie y empezó a seguir a la figura borrosa de esa persona que tanto quería, anduvo tropezando y cayendo a cada tanto mientras el suelo temblaba a sus pies, pero no dejaba de seguir a esa silueta blanca, no hasta que esta desapareció en una pared y él chocó contra el piso nuevamente. Respiraba con dificultad y su conciencia se estaba yendo… escuchó como unos casi inaudibles pasos se le acercaban. Con lo último que quedaba de su fuerza alzó la mirada para ver quien estaba a su lado de pie…

—¿Todavía vivo?—Habló una voz que conocía muy bien.

—¿Por qué vistes de negro Killua?

Continuará…

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