Capítulo 4: ¡Feliz cumpleaños Gon!

En la noche dentro de una cálida casa de dos pisos, Mito lavaba los patos con una expresión malhumorada mientras Gon terminaba de comer su pastel tranquilamente y observándola de reojo. Hace poco había terminado la fiesta sorpresa que le habían preparado para su cumpleaños, y Ging, el padre del cumpleañero, no había llegado. Gon no le tomó mucha importancia, en cierto modo se había acostumbrado a los retrasos de Ging, en cambio su tía Mito…

—¡Moohh! ¡Ese vago irresponsable! ¡Te apuesto lo que quieras que llegará justo cuando vayas a dormir!—Eran las quejas de la mujer que fregaba los platos con cierta ira.

—¡Gracias por la comida Mito san!—Anunció el pequeño al dejar el plato limpio y llevarlo hacia la mujer—neenee ¿Puedo abrir mis regalos?—puso unos ojitos de perrito pero eso no funcionaba con la mujer.

—Ya es muy tarde jovencito, ve a tu habitación, cámbiate de ropa y lávate los dientes—Dijo estricta pero cariñosa, el menor puso un puchero pero sin embargo obedeció. La mujer vió al menor subir las escaleras para luego suspirar—no merece tener un hijo así de bueno…—puso una mirada con carácter—¡Cuando lo vea voy a regañar como nunca!—dijo decidida. Después de secar los platos y ponerlos en las alacenas escuchó como abrían la puerta principal, una venita palpitante apareció en su rostro para luego salir corriendo a gran velocidad y aparecer en posición de pelea en frente de aquel irresponsable—¡A ti te quería ver vago inútil! ¡¿Cómo te atreves a…?!—la voz se le fue bajando poco y la expresión de enojo fue cambiando a sorpresa al ver la compañía de aquel hombre—¿Ging? ¿Ellos…?

—¡Mito san! ¡¿Ging está aquí?!—Dijo el pequeño corriendo bajando las escaleras con su pijama verde ya puesta, se detuvo al ver al nombrado en la puerta—¡Ging! ¡Bienvenido a casa!—sonrió ampliamente con emoción pero luego cambió a faceta de sorpresa al igual que su tía al bajar la mirada y encontrarse con dos niños, una niña con vestido rosa, muy bajita, y un niño que parecía de su edad, vestía una camisa azul oscura con pantalones marrones, ambos observaban con curiosidad.

—Estoy de vuelta—Habló Ging trayendo de vuelta de sus pensamientos a su hijo y a su prima. Mito tosió para recuperar  la compostura y sonreír amablemente y con cariño a los pequeños.

—¡Hola! Mi nombre es Mito ¿Cómo se llaman ustedes?—Se agachó a la altura de los pequeños sorprendiéndolos un poco al no estar acostumbrados a esos gestos amables.

—M-Me llamo Killua, y ella es…

—S-Soy Alluka—Dijeron ambos un poco ruborizados por la amabilidad de la mujer.

—¡Hola soy Gon!—Dijo el pequeño posicionándose rápidamente al lado de su tía y en frente del par de niños—nee… ¿Por qué están con Ging?—preguntó con curiosidad llamando la atención de Killua quien lo observaba con atento.

—Gon, te presento a tus hermanos—Anunció Ging respondiendo la pregunta del menor y ganándose nuevamente miradas de sorpresa sólo que más grandes que las anteriores.

—¿H-Hermanos?—Balbuceó Mito incrédula, una venita palpitante apareció nuevamente en su frente, pero al saber que estaba en presencia de niños se controló y sonrió lo mejor que pudo, se levantó y miro a Ging sonriendo pero con la cara ensombrecida—Ging, hablemos en privado—habló con la voz más espeluznante que había escuchado nunca y el aludido trago grueso muy nervioso.

—N-No creo, e-estoy u-n poco cansad… ¡Ack!—La mujer lo jaló de la oreja y lo arrastró a otra habitación de la casa. Los menores habían visto toda la escena con una gotita de sudor rodando por la sien.

—Wow, se dejó doblegar fácilmente por esa Mito san…—Dijo Killua un tanto impresionado, en su casa nunca pasaba eso, siempre se hacía lo que su padre ordenaba y su madre nunca lo contradecía.

—Oh no te preocupes por eso, siempre pasa—Comentó Gon sonriente.

—¿Siempre pelean?

—Sí, pero ellos en el fondo se quieren.

—¿De veras?

—Sí, pero muuuuyyy en el fondo de sus almas—Otra gotita de sudor rodó por la sien de Killua ante las palabras despreocupadas del menor. Su mirada se posó en ese pequeño niño moreno, su cabello era negro y divisaba un color verde en las puntas, su piel era morena y sus ojos son de un color castaño brillante—¿Qué tanto me vez? ¿Tengo algo en la cara?—habló al notar la incesante mirada del mayor sobre sí, este se sonrojo un poco al ser tan evidente.

—N-No es nada, solo pensaba… que te pareces mucho a Ging…

—¡Yo también lo note!—Agregó la pequeña y Gon soltó una risita, curvó sus labios en una sonrisa.

—Me lo han dicho jeje.

De repente los adultos salieron de la habitación, Mito sonriéndoles radiantemente y Ging con la curiosa marca roja de una mano en su cara gruñona, la mujer se acercó a los hermanos y acarició sus cabezas sorprendiéndolos un poco y ruborizándolos.

—Bienvenidos a casa…

Continuará…

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