Capítulo 5: Inhumano.

Yato, una raza guerrera que desde muy joven muestra grandes dotes para la pelea y una fuerza increíble, su origen es desconocido pero ha vivido entre los humanos más tiempo del que se cree. Muchos científicos los llaman “la siguiente generación” después de la raza humana.

Hay dos tipos de reacciones frente a estos seres; aberración frente al nuevo peligro desconocido, y deseo por los beneficios corruptos que puede traer.

Pese a la abrumadora fuerza y su habilidades de combate, muchos han perecido en manos humanas, siendo que su cantidad sea muy poca y tengan que esconderse. Para identificar un yato no es fácil, pues su apariencia puede pasar fácilmente por la de un humano, pero la mayoría tienen la particularidad de poseer un cabello rojo y la piel blanca.

Los yato tienen un periodo de vida desconocido, debido a que a cierta edad dejan de envejecer como lo haría un humano, pero lo cierto es, que de encontrarse solos en el mundo, perecerían al poco tiempo.

Nagisa cierra la laptop con un mal sabor en la boca. Mira el reloj que apuntaba a más de las doce de la noche, y de reojo a Karma que se encontraba dormido en la esquina del sofá junto a él. Pese a que le había insistido en que se fuera a dormir, el menor no le había hecho caso y sólo se recostó en una esquina jugando con su consola, la cual estaba sin batería en el suelo.

Pese a que los primeros días el pequeño mostraba precaución y miradas de advertencia frente a su presencia repentinamente se volvió apegado a él, notando sus miradas en los alrededores y permaneciendo muy cerca cuando andaban juntos. Ellos casi no hablaban, pero Nagisa lo debía a que el menor no sabe socializar del todo.

Se levantó y se acercó al menor hasta estar frente a él, vio detenidamente su cara durmiente y calmada, como si una semana atrás no lo hubiera sacado de los maltratos de un cartel de drogas y con un tranquilizante potente en las venas. Con cuidado posiciona un brazo bajo sus hombros y otro por las rodillas para alzarlo suavemente, en su interior le carcome la ironía de que alguien que debería estar sólo está con alguien que no puede estar sólo.

Mientras lo llevaba al cuarto escucha a Karma murmurar algo antes de posar la cara contra su cuello, gesto que le pareció, en su situación, adorable y malo a la vez.

Su estilo de vida no era considerada moralmente correcta, era oscura, solitaria y fría, una vida que garantizaba soledad, algo que le funcionaba hasta ahora. Porque en solitario no le hace daño a nadie, puede sentirse tranquilo consigo mismo y con sus pensamientos.

Debe encontrarle un hogar a Karma antes de que ambos se acostumbren a la presencia del otro, y le muestre al pequeño su oscuro lado o le ocurra algo por su culpa.

Lo dejó suavemente en la cama, lo arropó con gentileza y acarició suavemente su cabeza, sonrió cuando el menor respingó y se acurrucó más entre las almohadas.

Definitivamente le encontrará un hogar donde brille la calidez y la luz.

Continuará…

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