Capítulo 11: Necesario.

Karma pestañeó, somnoliento se levanta perezosamente del mueble, cayendo en su regazo la chaqueta de Nagisa. La tomó y la miró por un momento, analizando cada detalle para grabarlo en su memoria como todo lo que toca Nagisa para después olerla profundamente, un gusto extraño que había desarrollado.

Tras ponerse la prenda y levantarse del mueble la luz nocturna que se colaba de una ventana lo sorprendió ¿Tanto había dormido? La preocupación le invadió en el interior al hallarse sólo en esa morada.

—¿Nagisa?—Llama, medio calmado y medio ansioso, pero bastó esperar un segundo para recibir una respuesta.

—Aquí—Suspira al percibir la voz cercana.

—¿Dónde?

—Aquí estoy, ven—Se extraña, Nagisa siempre ha hablado en un tono suave pero justo ahora suena apagado.

Sigue el sonido de su voz hasta hallarlo sentado en el escalón de la entrada, de espaldas y sin voltear a verlo pese a que seguro sabe de su presencia.

—¿Nagisa?—Llama mientras lo abraza por los hombros, con eso logra que lo mire y le dé una tenue sonrisa.

Pero de alguna forma su expresión parece sombría.

—¿Te gustó ver a tu abuela hoy Karma?—Le pregunta, se sorprende un poco pero no lo suficiente como para no responderle honestamente.

—Fue agradable—Dice, acercando más su mejilla al del contrario hasta tocarse—me alegra no ser el único.

—Ya veo…—Dice, y toma las manos de Karma para separarlas y liberarse con gentileza.

Nagisa se puso de pie frente a él, más alto y con la mirada ensimismada. Karma no comprende su gesto.

—Me alegra que te reunieras con tu abuela—Dice sonriendo tenuemente bajo la luz de la luna—los niños después de todo deben estar con su familia.

Karma parpadea con sorpresa y sin comprender.

—¿Qué quieres decir?—Pregunta, Nagisa intenta buscar las palabras correctas.

—Te quedarás con tu abuela que te adora y está ansiosa por empezar una nueva vida contigo—El menor ladea la cabeza todavía con esa mirada de confusión.

—Eso suena bien pero…—Empieza sin apartar la mirada de los ojos azules—¿Estás bien con eso? Parecías de mal humor y no parabas de criticar el sitio donde vive la abuela ¿No te sentirás incómodo aquí?

Nagisa respinga con sorpresa, primero porque Karma se había dado cuenta con su inconformidad desde que llegaron y lo segundo… porque el pequeño dedujo que él también se quedaría en ese sitio.

Se rasca la mejilla y desvía la mirada nerviosamente ¿Cómo decírselo sin herir sus sentimientos?

—Karma… ningún disgusto o queja de este sitio evitará que venga a verte y a visitarte, te lo prometo…—Dice, con la mayor gentileza posible.

—¿Visita? No vas a quedarte…—Dijo por fin comprendiendo, sintiéndose como un tonto o quizás fue la negación lo que impidió que llegara a eso. Bajó la mirada—vas a dejarme aquí.

Nagisa junta las manos en su regazo sintiéndose tenso.

—Es lo mejor para ti Karma. Tu abuela estará contigo, harás muchos amigos, Gakushu se asegurará de que entres a una buena escuela. Tendrás la vida que mereces—Su mano se acercó al mentón del más bajo para alzarlo suavemente y se vieran a los ojos—y yo vendré a verte cuando menos te lo esperes.

La sonrisa de Nagisa esta vez hacía daño. Karma toma la mano de la manga de la camisa que Nagisa llevaba, sorprendiéndolo.

—Nagisa ¿Soy un estorbo?—Pregunta sin dejar de ver a los ojos al contrario—mi presencia… ¿Estarías mejor sin ella? ¿Es por eso que le pediste a Asano que buscara a alguien que se ocupara de mí?

Nagisa se quedó mudo. Por sus palabras y su mirada cobre se daba cuenta, Karma sabía que le había pedido a Asano que le buscara un hogar, y que permitía que se quedara con él sólo porque no había con quien más dejarlo. Aprieta los labios mientras intenta descifrar que emociones hay detrás de esa expresión monótona y expectante de Karma, pero es un enigma, ese niño es una incógnita. Y sólo se le ocurre ser tan honesto como él.

Sus manos pasaron por debajo de los brazos del menor alzándolo, sin recibir ningún tipo de resistencia o gesto de incomodidad, agacharse lograría el mismo objetivo pero se había percatado de que el menor se sentía más cómodo de esa forma. Lo sitúa un escalón más alto y se separa un poco, ahora ambos están a la misma altura y cara a cara.

—Karma, mi departamento era sombrío y parecía inhabitado hasta que tú llegaste—Dice sonriendo clara y honestamente a la expresión sorprendida del contrario—para mí él día y la noche eran igual de oscuros y fríos, hasta que tú llegaste y los volviste brillantes y cálidos. Para ser honesto, no sé cómo volveré a acostumbrarme a estar como antes, sin verte en el sofá jugando a los videojuegos, o robando bocadillos del refrigerador, y… oh cielos, sí que voy a extrañar tus comidas, los fideos instantáneos serán insípidos ahora—se ríe de lo último con un brillo de melancolía que alteraba al contrario.

—¡Entonces…!

—Pero…—Dice interrumpiendo la intervención del menor, dejando de sonreír y luciendo más monótono pero sereno—quiero que te quedes aquí, donde sé que tendrás todos lo que necesitas. Un sitio lleno de luz y paz… lejos de las tinieblas y de las cosas que puedan hacerte daño.

—¿Qué cosa puede hacerme daño cerca de Nagisa?

—Todo—Nagisa toma sus hombros con suavidad y mostrando un gesto de súplica en su rostro que batalla a la inconformidad de Karma por no estar juntos—si un día te pasa algo por mi culpa, o si te llego hacer daño de alguna forma, jamás me lo perdonaría.

La mirada azulada le rogaba que no insistiera, los ojos de Karma se apagan por desilusión y tristeza. Termina asintiendo aceptando en silencio. Cuando Nagisa acaricia su cabeza reconoce ese gesto de despedida, lo abraza por los hombros de forma súbita, sorprendiéndolo, pero termina siendo correspondido. Karma graba en su memoria como si estuviera tallando en piedra el aroma y la calidez de Nagisa.

A penas dicen algunas cosas más, sin importancia y cotidianas. Nagisa se despide con una última sonrisa rota y Karma no pierde de vista su figura aún en la distancia.

No lo siente como un sabor en la boca pero aún así…

Es amargo.

Continuará…

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