Capítulo 3: Confort.

—Oye…—Llama algo dubitativo haciendo que el contrario se voltee a verlo.

Ya habían salido de la tienda tras pagar y Karma suponía que es hora de retomar su camino.

—Tu abrigo, y la daga…—Dice, y recibe una sonrisa luminosa.

—Son tuyos ahora—Y del polo que lleva puesto saca una capucha para cubrir su cabeza—espero por el día en que nos volvamos a encontrar, Karma kun.

—¡Cielos! ¡Ya ponle la inyección!

Gritó alguien con desesperación, pero no lo oye porque está concentrado en romper la jaula de hierro con las pesas en sus brazos. Lograron atraparlo otra vez, y le pusieron unas ataduras el doble de grandes y pesadas.

—¡Oye Karma! ¡Hey! ¡Cálmate o haremos que te calmes!—Le ordena el líder mientras le da un sonoro golpe a la jaula.

Con el bozal y impidiéndole hablar, sólo puede mirarlo con odio.

—Nos detesta—Dice otro de los hombres presentes en la oscura sala en donde lo tenían cautivo. El que parecía más racional comparado a los demás—ya es la tercera vez que se escapa, llegará un momento en que no podremos retenerlo señor.

—Me importa un bledo, pagamos por él un dineral así que se queda con nosotros.

Karma gruñe, intentando hacer notar su presencia como individuo y no un objeto por el que discutir si desecharlo o no. Pero como es usual es ignorado.

—¿Cómo usaremos un arma que está en contra de nosotros señor?

—Ese es tú trabajo, para eso te pago—Replica enfurecido mientras hurga con ansiedad en sus bolsillo. El hombre de aspecto un poco más racional pone la mano en su mentón.

—Supongo que podríamos aplicarle algunas descargas, normalmente te volvería dócil e incapaz de pensar… si fueras humano—Explica y el líder bufa sacando la caja de cigarros que tanto buscaba.

—Lo que tengas que hacer hazlo ya, el asesino nos pisa los talones…—Y es cuando lo ve llevar el mechero para encender el cigarrillo que Karma nota el temblor en sus manos. Se agacha a la altura del menor y le expulsa en la cara el humo del cigarrillo en la cara sólo para ver esa mirada de león enjaulado, le da una patada potente a los barrotes logrando alejar al mayor—“es obediente” decían “A esta edad son fáciles de domar” decían—murmuraba con molestia mientras inhalaba nuevamente su cigarrillo.

—Le advertí sobre lo difícil que es controlar esta criatura señor.

—¡Cállate y adormécelo”

Grita y el hombre de aspecto racional suspira con pesadez. A través de los barrotes puede verlo sacar de una mesa un maletín negra, sin poder evitarlo tiembla y forcejea con más fuerza contra la jaula.

—¡Oh! parece que ya reconoce el origen de sus males.

—Deja tus estúpidos comentarios y sólo hazlo.

Siendo nuevamente regañado saca un pequeño frasco junto con la aguja para preparar la inyección, ve a Karma mirarlo con odio, como amenazándolo de que no se atreva a repetir su martirio de todos los días.

Pero como siempre lo ignora. Un timbre que resuena en todo el oscuro cuarto llama a atención de los presentes.

Los vigilantes llegaron señor—Avisa una voz por el comunicador.

El líder expulsa el humo de sus pulmones, recuperando algo de la calma que necesita.

—Dejen que entren, necesito información nueva del asesino.

Karma ve aquel hombre dar un ligero toque a la aguja para mezclar su contenido, para entonces empezar a acercarse a él. Retrocede cuanto la jaula lo deja, lo cual no es mucho.

—Sentirás un ligero pinchazo—Dice agachándose.

Karma escucha una puerta abriéndose y al jefe reclamando algo, pero su mirada enardecida está fija en la aguja que se acerca a su brazo. Gruñe al mismo tiempo que el jefe grita de forma aguda, ya le habían puesto la inyección.

—¡N-No puede ser! ¿C-Cómo nos encontraste?

—Bueno ya saben, para encontrar al demonio sólo hay que seguir el olor a azufre—La voz es nueva, no pertenece a uno de los bastardos que lo compraron, pero la conoce de otra parte. Más su cabeza empieza a darle vueltas por efecto del medicamento.

—¡E-Espera! ¡Te pagaré el doble de lo que te dieron para matarme!

—Tentador, pero esto es un favor a un amigo mío.

Karma cae de costado al sentir muy pesado su propio cuerpo, al mismo tiempo ve al líder caer contra el piso con el color carmesí invadiendo sus ropas. Escucha unos gritos y el sonido metálico de armas por unos momentos, y después silencio. La vista se le estaba oscureciendo, apenas divisa una figura acercarse a su jaula antes de perder la consciencia.

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Aún desorientado vuelve a abrir los ojos, la cabeza le daba vueltas y no podía moverse pero siente que estaba en un vehículo pues sentía el movimiento y el viento dando contra su espalda. Su mejilla estaba apoyada sobre algo cálido.

—¡Ah! ¡Ya despertaste!—Escucha decir pero no tiene fuerzas para alzar la cabeza y ver quién es. Tras unos segundos sin respuesta la voz vuelve a hablar—supongo que los efectos del tranquilizante que te dieron no han pasado del todo. Descansa tranquilo, ellos no volverán por ti.

La tranquilidad con que le hablaba sumado a las leves caricias en su cabeza lo adormecía, hace mucho que no sentía un tacto gentil.

—Lamento el frío, de haber sabido que tendría un pasajero no hubiera traído mi moto, pero ya falta poco para llegar a mi departamento.

Siente unos murmullos y al menor removerse contra su pecho, acaricia con su mano libre la cabellera roja mientras la otra mantenía derecha el volante del vehículo.

—Está bien, no te haré daño, duerme… te prometo que a partir de ahora todo va estar bien…

Karma cerró los ojos, y se permitió creer en las palabras de un extraño. Pese al olor a sangre y al cuchillo pintado de rojo en su bolsillo.

Continuará…

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