Capítulo 4: Persecución.

La luz de la mañana se colaba por las cortinas de aquel departamento, era amplió con muebles azules y paredes blancas, la sala se dividía con la cocina que constataba de un horno, lavavajillas y una nevera. Frente estaba una mesa de comedor cuadrada marrón con cuatro sillas, y justo sentado en una estaba un hombre vestido de negro tomando café en la oscuridad mientras miraba una porta retratos con una pacífica sonrisa.

De repente la puerta de uno de los cuartos se abrió y  las luces se encendieron mostrando a un Nagisa en pijama blanco y con el pelo suelto despeinado, bostezaba con sueño.

—Aaahh… valla, aún es muy temprano…—Miró el reloj en la pared de la sala sin notar la presencia de aquel moreno—aún tengo tiempo para prepárame a ver al pedante de mi jefe… ¿Qué dulces querrá que le compre hoy? Es tan infantil…

—¿La tienes difícil Nagisa?—El nombrado al fin se percató de la persona sentada en su comedor, sonrió con alegría y nostalgia juntas.

—¡Maestro!—Gritó de la felicidad corriendo a abrazar por los hombros al aludido que lo recibió con una sonrisa—no sabía que había regresado…

—Quería darte una sorpresa—Dijo mientras se separaba del menor.

—Me hubiese gustado al menos saber que estaba en casa, así no me hubiese encontrado en estos trapos—Dijo mirándose así mismo apenado.

—Te eh visto en trapos peores, además, de esta forma me recuerdas a tu madre—Nagisa soltó una risita por su comentario.

—Para ser como ella tendría que usar una polera con un dibujo raro…—Agregó mirando el porta retratos en la mano del mayor y sonrió—¿Quiere desayunar?

—Ya yo hice la comida—Apuntó al mesón frente a la lavavajillas donde estaban un desayuno de huevos, tostadas y jugo de naranja—tu favorito.

—¡Gracias!—Tomó la comida y se sentó frente a su maestro quien agarró un periódico, ese silencio y ambiente tan pacifico le llenó de recuerdos—esto es nostálgico…—dijo por lo bajo esbozando una sonrisa.

—Lo es…—Respondió sabiendo a lo que se refería—¿Cómo te va con tú trabajo?

—Bien.

—Te estabas quejando de tú jefe ¿Cómo es él?—Nagisa suspiró.

—Todo lo que quise ser un día—El moreno analizó un momento su respuesta y la entendió en seguida.

—Lo siento… debe traerte malos recuerdo.

—No se disculpe, si logró este trabajo tendré el dinero que necesito—Sonrió ampliamente.

—Me alegro…—Sonreía mirando a su estudiante—cuando te veo esforzándote con tus sueños… me recuerdas tanto a tu madre.

—¿De veras?

—Sí, pero veo que también heredaste su carácter tan pasivo, si sacaras esa serpiente sedienta de sangre estoy seguro que Akabane Karma te respetaría.

—Maestro está con eso otra vez…—Sonrió así mismo mientras tomaba un sorbo de jugo, pero al analizar mejor lo dicho por su mentor abrió los ojos de pronto—¿Cómo sabe el nombre de mi jefe?

—Investigando mi pequeño Nagisa ¿Crees que al Dios de la muerte se le escaparía tan jugoso trabajo como el de matar a ese burócrata?—Decía con una sonrisa astuta—por suerte justo me llamó el jefe del ministerio de defensa para hacerme la oferta que tú ya sabes.

—Maestro… ¿Usted sabe quién mando a matar a Akabane Karma?—Preguntó atento y el mayor negó con la cabeza.

—No, ocultó muy bien su identidad—Respondió cambiando a una expresión pensativa para luego mirar la hora en su reloj—ya es hora de irme, mi objetivo debe estar en marcha…—se levantó de su asiento y dejó la foto en la mesa donde estaba bajo la mirada de tristeza de su estudiante—no me mires así Nagisa, me partes el corazón al hacerlo…

—Es que… a mama no le hubiese gustado que siguiera con esto…—Habló bajando la mirada, sintió una mano acariciando su cabeza.

—Esto es lo único que me distrae de su ausencia…—Habló con una mirada vacía y Nagisa asintió entendiendo…

—Si se cansa, no dude en volver a casa—El mayor sonrió por sus palabras, a veces sentía que no merecía a ese muchacho.

—Cuídate…—Se fué por la entrada dedicándole una última sonrisa a su alumno que se despedía agitando la mano.

—Usted también…—Susurró con una sonrisa triste, miro otra vez el reloj y su expresión cambió a desagrado—será mejor que me valla alistando…—suspiró pensando en el pesado día que le esperaba.

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—De prisa Nagisa kun~—Canturreó el peli rojo saliendo de un café con un jugo de frutilla en mano, caminando por unos pasos detrás de él estaba un pobre Nagisa llevando un montón de bolsas con donas dulces por dentro, estaban apiladas de tal forma que apenas podía deslumbrar la cabellera roja del contrario.

—¿R-Realmente es necesario llevar tantas donas?

—No cuestiones las órdenes de tú jefe—Declaró sonriendo burlón a lo que el más bajo bufó.

—Ojala le de diabetes…

—¿Qué dijiste?

—Que me gustan las serpientes.

—Sabes que no dijiste eso—Sacó la lengua al más bajo para luego cruzar la calle.

Karma estaba muy entretenido burlándose del más bajo, mientras que este muy distraído tratando de no chocar con algo, por lo que ambos no lo notaron, la camioneta negra que se acercaba a gran velocidad, el peli rojo giró a ver al escuchar los gritos de susto de algunas personas a su alrededor, fué muy tarde para entonces, tres hombres lo tomaron, dos en los brazos y uno en el cuello, apartando y haciendo caer a Nagisa en el proceso que vió alarmado como metían y se llevaban a su jefe en aquel vehículo.

—Ah Valla…—Dijo el peli azul rascándose la cabeza con los paquetes de donas desparramados a su alrededor…

—¡Sujétenlo y amárrenlo bien!—Ordenó el hombre al volante mientras sus otros tres compañeros trataban con dificultad de someter a Karma que de vez en cuando mandaba a uno contra la pared de un golpe o patada.

—¡Ack! ¡Este bastardo es muy fuerte!

—¡Vamos! ¡Son tres contra uno!—Dijo el conductor volteando a ver a sus compañeros.

—¡S-Si pero…!—Iba a responderle pero quedó boquiabierta, los otros dos y sobre todo el peli rojo también miraban alarmadas dejando de hacer forcejeo.

—¡Dejó de pelear! ¡Aprovechen ahora!

—Je-Jefe…

—¿Qué pasa?—Su camarada apuntó delante de él, al mirar de vuelta al camino los ojos casi se le salen del asombro al encontrarse con una encantadora cara sonriente y hasta psicópata—¡¿Qué narices haces ahí mocosa estúpida?!

—¡Soy hombre estúpido ciego! ¡Y ese es mi burócrata, búscate el tuyo!—Gritó muy molesto Nagisa para luego entrar de una patada rompiendo el vidrió del parabrisas, el conductor gritó del asombro y casi pierde el control del vehículo, empezaron a andar en zigzag descontrolando el tráfico.

—¡U-Ustedes, ayúdenme!—Ordenó a lo que uno de sus compañeros dejó al peli rojo y sacó una pistola de su bolsillo para apuntar a Nagisa, sin embargo el disparo se desvió al recibir un puñetazo de Karma, el peli azul evadió la bala dando de lleno en la radio del vehículo el cual sacó chispas sorprendiendo al conductor y terminando de hacerle perder el control del volante, la camioneta terminó rodando por la calle para el miedo de los transeúntes y los aturdidos pasajeros en su interior.

Una puerta se abrió y el conductor salió volando bajo las miradas atónitas de sus compañeros; Karma aprovechó este despiste y los terminó de noquear a todos mientras Nagisa tomaba el control del volante. Ya era muy tarde para tratar de frenar el vehículo y él lo sabía, sin embargo para evitar que alguien más saliera herido desvió el camino a un parque cerrado al público por renovaciones…

—¡Karma!—Gritó antes de empujar al nombrado y salir volando por las puertas traseras del vehículo y terminar rodando por el pasto. Al terminar acostados boca arriba todo magullados se escuchó el impacto de la camioneta cayendo sobre el río del parque. Después de unos segundos de silencio Nagisa se removió un poco sacando; un paquete de donas debajo de su suéter azul y poniéndolo en el medio de él y Karma—fué el único que traje, los otros se ensuciaron cuando me caí.

—Heeeh~ eres pésimo recadero—Bufó mientras tomaba una dona azucarada y le daba un mordisco; tomó otra y se la tendió a Nagisa el cual rodó la mirada en el dulce y a él sorprendido—tómala—dijo sin mirar al más bajo y este esbozó una sonrisa y tomó el dulce.

—Gracias—Le dió un mordisco y ambos se quedaron mirando al cielo junto al otro.

—Quizás si seas algo bueno…—Agregó el peli rojo; a lo que Nagisa lo miró de reojo—al fin a cabo eres el discípulo de la muerte ¿No?—el peli azul sonrió ampliamente lleno de ilusión.

—¿Dejará de tratarme como recadero y de decirme apodos o comentarios inapropiados?—El peli rojo soltó una carcajada de buena gana matando sus esperanzas.

—¡Jajaja! ¡Ya quisieras! Trae un pastel de fresa con jugo de frutilla a mi oficina, ratón aplastado.

—Si jefe…—Karma se levantó y se encaminó a su edificio de trabajo; como si nada bajo la mirada con puchero del peli azul—ojala le de diabetes…

—¡Te oí!

—¡Que se me antojan perros calientes!—Al recibir la mirada irritada del peli rojo se levantó y salió corriendo rápidamente para evitar cualquier represalia; porque Karma da miedo cuando está enfadado…

Continuará….

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