Capítulo 4: El amigo.

Cuarenta y cinco minutos con treinta segundos desde que llegó ese extraño y se sentó frente a él en el sofá. Tiempo en que Nagisa fue a comprar el desayuno y lo dejó a solas con él con la promesa de que sería muy rápido, y tiempo en el que el extraño y él no habían dicho absolutamente nada, ni siquiera sus nombres. Sólo fingían que se miraban de reojo cuando en realidad estaban analizando al individuo frente a ellos.

Karma hacía gran esfuerzo por sentarse naturalmente en el sillón y mantener su atención en la consola portátil de vídeojuegos que Nagisa le regaló días atrás, pero sus sentidos estaban alertas ante cualquier movimiento del nuevo individuo invasor del espacio suyo y de Nagisa. No es que desconfiara peligrosamente de todo los que le rodearán (Excepto Nagisa ya que es un caso especial), pero ese chico tenía un aura que no le terminaba de convencer, vestía un uniforme extraño, y le desagradaba su cabello rojo tirando a naranjado y sus ojos sagaces violetas que le daban desconfianza.

Era como si emanara peligro y Karma ya había tenido suficiente de ese tipo de personas. Cuando escuchó la puerta de la entrada abrirse inhaló con fuerza.

—Ya llegué.

—¡Nagisa!—Karma no dudó en correr a los brazos del recién llegado, pareciendo la escena de un niño corriendo a los brazos de su madre necesitado de atención, pero en realidad era porque si estaba junto a Nagisa sería más fácil contraatacar al extraño por si mostraba ser peligroso.

—¿Y cómo les fue?—Pregunta Nagisa, dejando a un lado las bolsas con su compra y posando con gentileza las manos sobre los hombros de Karma, quien posó la mejilla en el estómago del contrario sin dejar de mirar al extraño.

—Tú niño es un charlatán, no ha parado de hablar desde que te fuiste—Karma alza una ceja ante la descarada mentira, pues aún no conocía el sarcasmo, y luego a la risa nerviosa de Nagisa.

—No es de los que hablan mucho, aún no llegamos a eso—Agrega rascándose la mejilla y con la otra mano acariciando la cabeza de Karma.

—¿Qué edad tiene?

—Él no lo sabe del todo…—Karma voltea a mirar el rostro de Nagisa que le sonríe de forma compasiva—pero yo calculo que unos 8 o 9 años.

—¿Y cuánto tiempo lleva viviendo contigo?

—Una semana.

El extraño se levantó, y al acercarse Karma se percata de que su altura era mayor que la de Nagisa, lo cual aumentaba su mala espina. Su mirada seria puesta en el peli azul tampoco lo mejoraba, de repente Nagisa lo voltea hacia él. Por un momento se pierde en los zafiros y sólo reacciona a la voz calmada.

—Karma ¿Podrías llevar esto a la cocina? Compre fresas y leche—Nagisa le sonríe gentilmente, pero Karma vuelve a mirar con desconfianza al extraño y éste le devuelve la mala cara—ya te lo dije, Asano Gakushuu es un buen amigo mío de hace mucho tiempo. No hay de qué preocuparse.

Karma no está convencido de sus palabras, pero no puede negarse a la mirada de Nagisa. Termina llevándose la bolsa y saliendo por la puerta hacia el pasillo donde lleva a la cocina, pero regresa, porque todo ese tiempo retenido contra su voluntad lo ha enseñado a distinguir los gestos de alguien que va a tener una charla seria. Y presentía de que iba a tratar el tema.

Con el mayor sigilo posa la oreja contra la puerta.

—¿Qué me dices? ¿Crees que puedas hacer algo por él?—Nagisa juntó las manos y miró inquieto al más alto, quien con la mano en el mentón y el entrecejo fruncido, analizaba el embrollo en el que estaban metido.

—Esto no es una cosa de buscarle a un niño una familia y final feliz, Nagisa. Su raza es tanto admirada como repudiada en cualquier parte del mundo.

—Por favor no me digas lo que yo ya sé, dale opciones, Gakushuu—Pide con un tono de cortesía que el nombrado le pareció seco. Suspira antes de volver a hablar.

—Si le dices que se porte bien, su cabello rojo y piel blanca pasaran por coincidencia y podremos dejarlo en un orfanato.

A través de la ranura de la puerta Karma percibió a Nagisa tenso, apretaba las manos y dudaba en su mirada, tras unos segundos miró fijamente a Asano.

—No haremos eso—Declara, su voz sonó calmada pero había algo de advertencia que le heló la sangre, pero aun así Asano sonrió como si lo hubiera previsto.

—¿Porqué no me sorprendo? De haber sabido que tendríamos semejante situación no te hubiera mandado a aniquilar aquel cartel—Ante sus palabras la aptitud de Nagisa cambió y sonrió con tranquilidad.

—Analiza mejor las misiones que me encomiendas, Gakushuu.

—Un consejo tardío—Asano cruzó los brazos mientras ve al contrario—puedo hacer algo, llamaré a unos contactos, investigaré un poco. Pero tomará algún tiempo ¿Qué harás con él entonces?

Nagisa rasca su nuca con algo de incomodidad, pensando para sus adentros antes de suspirar.

—Se quedará conmigo.

—No creí que fueras niñera también ¿Si sabes que tú trabajo no es apto para niños no?

—Reduciré mis misiones, haré sólo nocturnas y ocasionales.

—¿Cómo se lo explicarás al niño?

—Yo… veré que haré.

Asano suspiró pesado, resignado a la terquedad de quien consideraba amigo y cómplice de muchos años. Sin decir más nada, pasa por la puerta llegando al pasillo.

—¿Nagisa?—El aludido ve la melena roja asomándose desde la cocina, sonríe cuando lo ve acercarse con un tazón de leche con fresas.

—¿Todo bien?—Pregunta mientras le acaricia la cabeza y el menor asiente.

Asano mira la escena frente a él, viendo un brillo en los ojos de Nagisa que hace mucho no veía y un afecto inusual del peli rojo hacia él.

No quiere indagar por que no es su asunto.

—Oye mocoso—Karma voltea a verlo con enfado pero ni se inmuta, hurga en el bolsillo de su saco y se agacha a la altura del más pequeño mientras le tiende una tarjeta—si algo le ocurre a él, llámame.

Recibe la tarjeta sin decir nada, Asano se despide con la cabeza de Nagisa y se va del departamento, viendo el elegante auto perderse en la carretera.

—Nagisa…—Llama, el aludido le sonríe y acaricia su cabeza.

—Volvamos adentro.

Karma podía ver la preocupación en los ojos azules, y ya lo había decidido. No se podría llevar bien con Asano.

Continuará…

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