Capítulo 2: Un plato cálido para el alma.

Cuando entraron a la tienda recibió la mirada despectiva del encargado, no le quitó la vista de encima incluso cuando se sentaron en las sillas. El chico de cabellera azul se sentó a su lado y le dirigió una sonrisa antes de pedir la orden.

—Dos ramen por favor—Pide,  y el hombre al fin deja de mirarlo para situar su atención en el joven.

—En seguida—Parecía ligeramente curioso del individuo pues lo miraba de tanto en tanto mientras preparaba el encargo.

—Y dime…—Dirige la mirada a los ojos azules brillantes—¿Cómo te llamas?

Arruga el seño mientras baja la mirada a sus pies descalzos y aún húmedos por la lluvia. Ya que le iba a dar la comida del día bien podría darle su nombre.

—Karma…—Dice, tratando de sonar lo más arisco posible.

El contrarío puso una mirada curiosa.

—Karma kun eh… No sé porque pensé que ibas a tener un nombre más maligno—Comentó de forma desinteresada, pero sus palabras le supieron amargas.

—¿Pensaste que te iba a maldecir?—Agrega con amargura y apretando los puños—es por culpa de este estúpido pueblo, todos son iguales…

Bajó la mirada, sintiendo de que si ve la mirada de lastima o repudio del contrario no se contendría de golpearlo, y de hacerlo no podría comer que tanta falta le hace.

—Parece que has pasado por mucho eh, eres fuerte—Se sorprende por sus palabras, nunca le había dicho eso, y entonces le llega el olor del ramen.

—Su orden—Llama el dueño dejando ambos platos en frente de los clientes para luego alejarse sin dejar de verlos del todo.

—Mi nombre es Nagisa Shiota por cierto—Dice mientras toma unos palillos—estoy aquí de paso por un trabajo ¿Qué te ata a ti en este pueblo?

No dice nada, se limita a apresurarse a tomar unos palillos y degustar el platillo humeante. Nagisa sonríe al ver su mirada iluminarse por el sabor.

—Supongo que tus razones tendrás, espero sean lo suficientemente gratificantes como para soportar a diario ese tipo de miradas—Agrega mientras apunta disimuladamente al dueño que los vigilaba en la esquina.

Karma no responde, hace ademán de no escucharlo mientras devora el platillo frente a él. El resto del tiempo se la pasaron en un tenue silencio.

Continuará…

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