Capítulo 18: El señor del templo.

Estuvieron hasta el anochecer “combatiendo” con los ayakashis, y lo digo de esa forma porque no los eliminaban del todo. Nagisa se había dado cuenta de que ese psico- ejem, extraño joven sólo encestaba el poder suficiente para dejarlos temporalmente inconscientes, no lo parecía, pero tenía cuidado en no dañarlos gravemente. Sobre los poderes de aquel chico, eran bastante especiales, hasta podría decirse únicos, era una de las razones por la que Nagisa estaba tan atraído por él. Es un humano especial de esos…

Ambos estaban espalda contra espalda, solos en ese maltrecho templo apenas iluminado por la vela ahora más corta.

—Me llamo Nagisa Shiota—Dice, rompiendo el silencio. El joven voltea a verlo encontrándose con su sonrisa sincera—lamento toda esta conmoción, yo sólo quería verte de nuevo.

—¿Verme?—Con algo de sorpresa observa la sonrisa del contrario, Nagisa se pone frente a él.

—Pídeles perdón a tus creyentes de mi parte, y que si me lo permiten, me gustaría volver. Siempre que obtenga el permiso del señor de este templo—Pide de manera cortes haciendo una leve reverencia.

El peli rojo pareció absortó observándolo con incredulidad, para luego reír de buena gana.

—Ya veo, no es que te guste meterte en líos sino que estás un poco mal de la cabeza—Agrega relajando las risas—no creo que los creyentes estén molestos contigo, sólo se emocionaron de ver a un nuevo ser vivo pisando este sitio. Eres libre de venir cuando quieras, aunque alguien en su sano juicio no lo haría. Y sobre el señor del templo…—toma su mentón sonriendo de forma vivaz—es el mejor título que me han dado, pero está lejos de la realidad. Mi nombre es Karma.

Nagisa amplía su sonrisa sintiéndose dichoso con algo tan simple como saber su nombre.

—Encantado de conocerte Karma.

Y con eso empezaron las infiltraciones de Nagisa en ese templo. Sin importar si era mañana, tarde o noche siempre iba a visitar al chiquillo ese. Y en esas visitas nos enterábamos de muchas cosas, como que esa aldea era más hipócrita de lo que aparentaba, que el templo era tan puro como un pozo séptico y cosas de la vida de Akabane Karma.

—Es aquel hombre, el de cabello negro y pendientes dorados—Apuntaba  Karma al sujeto que hablaba con unos visitantes del templo principal.

Ambos estaban ocultos en el techo del templo delantero bajo la luz del atardecer. Durante una charla casual, Nagisa sacó el tema y preguntó a Karma porque se quedaba en ese sitio, y este le salió con que lo siguiera a un sitio.

Nagisa observaba al individuo que le apuntó el contrario con cierta extrañeza. El hombre era alto y un tanto robusto, con una sonrisa amable le decía algo a sus seguidores.

—¿Quién es él?

—Es el dueño del templo, Akabane Damien. El ciudadano del año, bueno con los niños, el hombre con el que toda mujer quisiera casarse, todo un ejemplo a seguir. Pura fachada—Karma se recuesta en el techo con los brazos detrás de la cabeza mirando el naranja del cielo. Nagisa lo mira en silencio, percibiendo por donde va la charla—el ver como las limosnas del templo aumentaban le aumentó la codicia y ambición. Les llenó la cabeza a los aldeanos con que su dios es el que mantiene a flote el pueblo. Le endulza la oreja a los ricos y empobrece más a lo que ya son pobres. Su secta de religiosos suele hacer “favores desinteresados” que luego salen muy caros, todo un santo ¿No?

Le sonríe con burla al peli azul, que de igual forma le devuelve la sonrisa.

—Más que un santo, parece un demonio.

—De tal palo tal astilla como dice el dicho—Y sus palabras descuidadas le borraron la sonrisa a Nagisa.

—¿Tu padre es el dueño de este templo? ¿Entonces por qué…?

—Creo que ya debiste darte cuenta pero, mi apariencia no es religiosamente aceptable—Interrumpe con una sonrisa sagaz, pues sabía que Nagisa le preguntaría sobre el porqué vivía en un templo en ruinas—además mi madre era una pueblerina don nadie que apenas ganaba lo suficiente para sobrevivir vendiendo flores. ¿Bastardo y además maldito? Eso no sería una bonita cubierta para su perfecta imagen si se saliera a la luz, no era conveniente que se supiera…—pese a mantener la sonrisa burlona el tono de voz era despectivo, Nagisa permanecía en silencio atento a lo que dijera—una noche los seguidores entraron mientras dormíamos y nos encerraron, estuvimos juntos unos poco días, antes de que la obligarán a despedirse de mí e irse en una carroza. Quien sabe lo que habrá sido de ella…

—Karma…—Llama, la mirada del contrario se le hacía distante y amarga, e intenta traerlo de vuelta de esos feos recuerdos diciendo su nombre. El aludido le mira y le vuelve a sonreír.

—¿Sabes? Siempre he tenido esto que tu llamas poderes. Desde siempre he podido ver lo que nadie más puede, los creyentes, esas sombras que todo el mundo teme, fueron los únicos entes amables que me recibieron… es gracioso, la oscuridad resultó ser más acogedora que la luz—Dijo, desviando la mirada de nuevo al cielo y huyéndole a Nagisa.

—¿Porqué te quedas aquí?—Pregunta, acercándose recostándose a su lado. Es una duda que lleva desde que lo conoció.

Karma guarda silencio, pensativo y meditativo. Y cuando quiso decir algo Nagisa lo interrumpió.

—No tienes que decirlo si no quieres. Hay cosas que no se pueden explicar—Karma le mira la sonrisa en silencio y fijamente.

Unos segundos en los que se quedaron mirándose mutuamente. Karma entonces abre los labios lentamente.

—Corre…—Murmura lentamente.

—¿Eh?

—¡Intrusos!—Grita unos ayudantes que los vieron en el techo.

Nagisa queda de piedra mientras que Karma sale disparado gritando divertido.

—¡Corre Nagisa, corre!

El nombrado reacciona corriendo tan rápido como puede entre tropezones, el peli rojo le  saca la lengua burlón mientras huyen como pueden de la escena.

Continuará…

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Un comentario en “Capítulo 18: El señor del templo.

  • el enero 17, 2019 a las 8:15 pm
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    Fue un gran capítulo, esperaba por esta actualización 😀
    Me gustaría saber más sobre la relación de Karma y Nagisa :3♥

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