Capítulo 23: Sólo mátalos.

Un instructor asistente era el que guiaba a los estudiantes, les daba las instrucciones de la prueba. Mientras que Lovro se encontraba en una sala especial con monitores, llevaba dos alumnos cuyo rendimiento apenas calificaba para un “veremos” ya que no lo convencían del todo.

Una puerta abriéndose lo distrae del desempeño de otro alumno. Una media sonrisa aparece en su rostro cuando reconoce al recién llegado.

—Nagisa Shiota—Dice y el aludido sonríe y se inclina un poco como cortesía en señal de respeto. El joven llevaba ropajes negros, la vestimenta para el “trabajo” como la llama Lovro, conmemorando la ocasión—vienes a ver como lo hace tu demonio ¿No? Dependes de él en cierta medida…

En realidad no era en serio que si reprobaba le caerían represalias a Nagisa, después de todo hace mucho que éste se volvió asesino independiente, el peli azul sonrió sabiendo esto.

—Le prometí que lo estaría mirando—Responde con calma, parándose a un lado de quien fue su tutor.

—Supe que “él” estaba en la ciudad…—Empieza Lovro, la información de que el shinigami se encontraba cerca le llegó como el cantar de las aves, más bien en una solicitud de partida en candy crush.

—Le manda saludos—Responde Nagisa ahora dirigiendo una mirada a Lovro—siendo honestos ¿Qué piensa del desempeño de Karma?

En sus ojos azules se reflejan cierto brillo preocupación. Lovro suspira con algo de pesadez.

—Con la correcta orientación, estaríamos viendo nacer al siguiente shinigami… o más bien un demonio—Admite por fin, aunque era un hecho intangible sino fuera por ese desperfecto que tanto él y Nagisa son consciente de que posee Karma—pero no tiene la experiencia necesaria, es un petulante que nunca ha llevado una derrota y que cree fervientemente que seguirá así. Una presa fácil para quien sepa aprovechar la oportunidad.

Las palabras de Lovro son duras, y aún cuando quiere replicar sólo puede permanecer en silencio mientras observa la pantalla.

Porque Karma es el único que puede demostrar que está equivocado.

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Ha estado esperando en esa habitación gris por casi una hora, la persona que estaba delante de él ya había sido llamado hace mucho y no ha escuchado indicios de que pronto terminaría. Pero, pese a que odia la espera y las habitaciones pequeñas, extrañamente se hallaba calmado.

Desde que llegó se limitó a seguir las instrucciones de los supervisores, a recibir la información y luego a esperar a la sala. No dijo nada, permaneció en silencio sin hacer algún comentario sarcástico o burla, ni siquiera cuando sus compañeros hacían comentarios burlescos de que estaba muy tranquilo e insinuando que estaba asustado de la prueba.

Extrañamente estaba calmado.

—Akabane, prepárate, en diez minutos sales—Ordena un instructor que había abierto la puerta sólo para dar el mensaje, para luego volverla a cerrar rápidamente.

Como si de una película se tratara su cabeza repasó los planos del edificio donde sería su prueba, las rutas, las entradas, las salidas y los sitios que más frecuenta el objetivo. Era un área amplia por lo que debería haber guardaespaldas en ese sitio y en esos otros.

Karma miró la foto que estaba en sus manos. Les brindaron una imagen al comienzo para saber a quién debían aniquilar, su objetivo era una joven de cabello lila en dos coletas. Sonreía dulcemente, parecía inofensiva.

Parecía sencillo…

—Si el gato se confía demasiado el ratón puede matarlo…

Es cierto… luce demasiado sencillo. Sus demás compañeros les tocó objetivos más intimidantes ¿Por qué a él le tocó una dulce jovencita? Hay una trampa o quizás está armada. La cabeza se le llena de posibilidades y “quizás”, pero… al final… la solución es simple.

—Ganarás si simplemente los matas.

Un estremecimiento le recorre la espalda y una sonrisa aparece en sus labios.

—Akabane, es tu…—El instructor calla de improviso, una vibra en el joven lo pone alerta involuntariamente. Hasta ahora que había permanecido tranquilo, ve en él peligro.

La mirada le brilla aguda, un depredador.

Un demonio.

Cuando el menor camina hasta él se pega por reflejo a la pared intentando alejarse, es instintivo. Pero es ignorado cuando el joven pasó sin siquiera verlo.

Él no es la presa…

Continuará…

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