Capítulo 13: El otro.

Su mente no se creía lo que sus ojos estaban viendo. Frente a él y detrás de unos barrotes de metal, estaba la imagen de quien creyó nunca volvería a ver. Cabello blanco como las nubes, piel pálida, y sus ojos azules cuales zafiros profundos.

—Deja de mirarme así, me das escalofríos—Dijo seguido de un suspiro de exasperación, Gon bajó la mirada y cerró los ojos mientras una de sus manos subió hasta su frente.

—Killua…—Atinó a decir para luego guardar silencio.

Solo Ging  quien estaba más cercano lo pudo escuchar murmurar cosas que no pudo entender. Y tuvo un mal presentimiento mientras lo contemplaba, Gon apretaba los nudillos fuertes hasta volverse blancos y los volvía a soltar, balbuceando incongruencias por lo bajo.

—¿Gon?—Llamó Kite al ver que el aludido no hacía ningún tipo de movimiento. Dios, esto es demasiado difícil incluso para él, sabía que era muy mala idea llamarlo, sin embargo el “intruso” insistía en que debían estar los tres presentes. Ging y él no tuvieron otra opción aun sabiendo que sería meter el dedo en la llaga y luego untarle sal a una herida que ni siquiera cicatrizó.

Kite quiso acercarse, pero Ging se lo impidió y negó con la cabeza, y se dirigió al intruso que con expresión entretenida los miraba expectante.

—¿Por qué te pareces a él?—Interrogó ahora el moreno ubicándose delante de Gon e interponiéndose en su línea de visión. El albino no le tomó importancia a esto.

—Para empezar, no soy humano, al menos no como ustedes. Soy una vida artificial incubada por el enjambre—Las miradas de ambos adultos se abrieron en sorpresa y sonrió ante esa reacción—del cuerpo de algún cadáver consumido por una cucaracha que luego fue tirada al pozo de recuperación, de sus restos y formación se dio otra vida, así fue como nací. Tengo esta apariencia debido al desdichado que usaron como contenedor.

Gon se sobresaltó a espaldas de Ging, sin embargo mantuvo la misma posición pero no por eso paso desapercibido a ojos de Kite.

—¿Eso quiere decir que eres parte del enjambre?—Preguntó ahora el peli largo quien posaba sus ojos con brillo de desconfianza en el individuo.

—Sí—Respondió con tranquilidad.

—¿Si sabes que buscamos eliminarlos, no?

—Por eso los buscaba—Contrarrestó con suspicacia—que sea parte del enjambre no me hace dependiente de este, la verdad es una molestia ya que no puedo ni andar por allí sin que un asqueroso insecto me esté siguiendo, pero eso es el menor de nuestros asuntos aquí.

—¿A qué te refieres?—Preguntó Ging interrogativo arqueando una ceja.

—Su enemigo real no es el enjambre, si no quien lo creo y lo controla en la oscuridad—Hablaba con una sonrisa y una seguridad que intrigaba a los presentes, lo sabía, por eso estaba tan divertido—todo este apocalipsis de sufrimiento y desgracias fue creado por un solo humano. Sino mal recuerdo me dijo que al principio solo era un arma que iba a vender a los terroristas.

—Lo conoces…—Agregó Kite y el contrario siguió.

—En algún momento le gustó la idea de quedarse con esta arma y utilizarla para sus propios fines.

—¿Y cuáles fines?

—No lo sé, nunca me los dijo—Se encogió de hombros con desinterés bajo la molestia de Ging—de todas formas, este científico no está muy cuerdo que digamos, creo que tomaba medicamentos o algo así.

—¿Sabes cuál es su nombre?

El albino desvió su mirada al techo meditativo, ignorando las miradas que se posaban en él. Mientras millones de pensamientos hacían un revoltijo en la cabeza de Gon. Su mirada castaña rodó a la pared a un costado, la vista dolía, su mano aun sostenía el costado de su cabeza porque sentía que se le iba a caer. Tiene su apariencia, sus ojos, la aptitud arrogante y sabelotodo, pero no es él, tiene hasta su mismo aroma, pero no es él… ¿No?

—No sé su apellido, pero su nombre es Charlees. Siempre procuraba hablar muy poco con él—Habló al fin después de un rato.

—¿Y qué quieres de nosotros?—Preguntó ahora Ging y el contrarió lo miró con cierto aire de superioridad que le molestaba un poco.

—Descubrí que me gusta la idea de ser libre, y sé que a ustedes les encantaría pasear por el bosque sin el miedo de que un monstruo se les abalance encima y los devore vivos—Encogió los hombros y alzó las manos en un gesto de despreocupación—así de simple caballeros, quiero ayudarlos a exterminar el enjambre.

Ging arqueó la ceja con sorpresa mientras el semblante de desconfianza de Kite se hacía más notorio.

—¿Cómo se supone vas ayudarnos?

—Sé más del enjambre que todos ustedes, humanos, además…—Tomó uno de los barrotes con la mano y con la facilidad en se exprime un limón estrujo el grueso metal—también soy bastante dotado…—subió la mirada a Kite  y este hizo una mueca que no pudo descifrar.

—Ging san, no creo que esto sea una buena idea—Atinó a decir. El nombrado cerró los ojos por un momento y suspiró.

—Necesito pensarlo.

—Ging san…

—Como quieras viejo—Agregó el albino escondiendo las manos en sus bolsillos.

De repente Gon alzó la cabeza, tanto Kite y Ging al dirigirle la vista se sobresaltaron, su mirada vacía con una mueca inexpresiva, y caminó hacia la celda bajo la mirada del visitante, en su “Shock” o sumergido en su delirio extendió la mano atravesando los barrotes hasta ese rostro, pensando en dios sabrá qué.

Ging y Kite lo sabían. Gon se las había ingeniado después de tanto tiempo para que la ausencia de Killua no causará tanto estragos en él, al menos retenerlo en un nivel en que pudiera disimular, fingir que estaba bien y que los demás dejarán de estar tan pendiente de él. Ignorar el hecho de que alucina con su voz en las noches y con su imagen para despertarlo por las mañanas. Pero esto probablemente rompió su frágil muro de cristal.

Apenas rozó su mejilla antes de ser apartado bruscamente por otra mano. Y parpadeó inerte.

—Mira, te entiendo—Decía con una sonrisa fingida de compasión y alzando las manos en gesto de “relax”—la viva imagen de tu amante que lleva no sé cuánto tiempo muerto aparece repentinamente y sin avisar, lo sé, lo sé. En cuanto me viste detrás de estos barrotes debiste pensar “¡Kyaaaa volvió! ¡Sabía que no estaba muerto! Pero parece que actúa raro ¿No? ¿Será que está amnésico?” Algo así—habló con una voz aguda imitando a una fangirl, Gon lo contemplaba aturdido y él lo miró con diversión—jojo ¿No captas? Supongo que necesitas tiempo para digerirlo, es lógico, pero aun así tienes que aceptarlo. Yo-no-soy-Ki-llu-a—pronunció entre silabas de manera burlesca—“esto” no es un sueño ni tampoco un milagro, los cielos no te escucharon, tu amor no regresó ¿Te lo repito más lento? Pareces que estás pasando por un mal momento.

Y Kite tenía ganas de golpearlo.

—Gon—Tomó sus hombros con suavidad y dándole por un momento una mirada feroz a aquel bastardo—vámonos de aquí—dijo, sin embargo era como si el moreno no lo escuchara, como si ni siquiera estuviera allí. No se resistió cuando fue guiado hacia la puerta abierta por Ging y ambos la cruzaron, el Freecss mayor miró al albino por un momento.

—Hablaremos luego. Aún hay mucho que discutir—Dijo, a lo que el contrario se encogió de hombros.

—Tranquilo, no iré a ningún lado—Agregó con sarcasmo mientras se sentaba en una cama pegada a la pared de la celda. Ging se fue finalmente.

Gon estaba sentado en una silla contra la pared con la cabeza gacha y su cara escondida en sus manos. Mientras Kite lo observaba expectante y pensativo Ging se puso a su lado.

—No creo que este mintiendo.

—Ging san, en serio no estará pensando en la oferta de ese tipo ¿Verdad?—Reclamó recibiendo una mirada severa.

—No tenemos opción.

—No es una buena idea. Ese tipo no es de fiar, su sola presencia…—Sus palabras fueron bajando el tono cuando miro nuevamente a Gon, quien permanecía inerte y en silencio.

—Gon…—Ging se agachó a la altura de del menor—lo que menos necesitamos ahora es que pierdas el control. No puedes mostrarte débil, debes volver a recuperarte ahora o de lo contrario las cosas se pondrán más feas. Ya sabes que no eres el único al que le afectará esta situación ¿No?

Y era cierto, él no era el único que quería a Killua. Alluka…Aunque se estuviera muriendo por dentro debe fingir que es fuerte por los demás.

Alzó la cabeza después de pasar su mano por sus ojos, y miró con dureza a los presentes.

—Ya estoy bien—Declaró ante los ojos de los presentes.

—Ve a descansar. Te diremos de cualquier cosa—Dijo Ging y se retiró siendo seguido por Kite quien le daba un semblante no muy convencido.

—Ging san…

—Déjalo, es una lucha que sólo él puede pelear—Finalizó.

Gon los vió alejarse hasta que se perdieron de vista, y sus ojos rodaron al final del pasillo frente a él, en la puerta de aquella celda. En aquel lugar, nadie pasaba por allí, nadie venía a buscarlo, y pasaron muchos segundos, minutos horas, quien sabe cuánto tiempo sólo con la mirada fija y sin parpadear. Se mordió los labios y apretó los puños, aquello que se alojó en su mente sabía que iba a hacer lo más difícil en su vida, y hasta masoquista, pero necesitaba hacerlo. Necesitaba convencerse de que lo que estaba sucediendo era real. De lo contrario no iba estar tranquilo con su ya rota y frágil mente.

Jugueteaba arañando la pared con su filosa uña, aquello fue bastante entretenido de hacer, aunque bastante fácil, pensaba que aquellos sujetos se abstendrían más de hablar con él. Escuchó unos pasos acercarse y se sentó en la cama mientras veía la puerta siendo abierta. Una sonrisa adornó su rostro al reconocer quien era.

—¡Caramba! Regresaste ¿Qué necesitas?—Se levantó y caminó hasta estar frente a los barrotes de hierro, al igual que lo hacía el moreno del otro lado.

Gon lo miró con los ojos llenos de dudas y luego ladeó la mirada a un costado.

—¿Qué tanto sabes de Killua?—Dijo directo. Fue la mejor pregunta que se le ocurrió hacerle después de haberlo pensado un rato.

—No mucho…—Decía en vos grave y entrecerrando los ojos, con una expresión que a Gon le pareció familiar.

La escena le perforaba y volvió a mirar hacia otro lado.

—¿Qué tanto sabes… de cómo murió?—El bufido del contrario lo sobresaltó.

—Está muerto ¿No? Es lo único que me importa—Escondió las manos en los bolsillos, gesto que a Gon se le hizo imposible no notar, rayos ¿Hasta tienes sus costumbres?—no sabía siquiera su nombre hasta que lo susurraste como un zombi hace un momento ¿Yilua?—pronunció a propósito sólo para ver el gesto de incomodidad que ahora hacía el contrario.

—Es Killua…. ¿Realmente no sabes nada de él?—Preguntó con cierta inseguridad que hizo que el contrario soltara una risilla.

—Parece que todavía no has captado, lo único que me une a este “Killua” es que fui creado a partir de su cadáver. Que te emocioné mi apariencia es otra cosa—Habló de una forma burlesca que empezaba a fastidiar al contrario.

Gon frunció el entrecejo pero luego suspiró bajando la vista en el proceso.

—No eres él…—Susurró así mismo, en un intento de convencerse de lo obvio.

—¿Ahora lo ves? Te tomó un buen rato, valla que eres lento ¿Qué vió este Killua en ti? Aunque…—Escaneó de arriba a abajo al moreno, poniendo la mano en su mentón con una sonrisa sugestiva, eso no le gustaba para nada a Gon—supongo que no estás mal… para ser un chiquillo raro.

—Basta—Habló en tono de advertencia y una expresión de vehemencia.

—¿Qué? Yo no estoy haciendo nada, no eres mi tipo. Pero en cambio ¿Yo si soy el tuyo, verdad?—En un movimiento rápido tomó el brazo del moreno y lo acercó hacia él antes de que pudiera reaccionar, ahora estaban cara a una distancia muy corta. Observó con diversión la perplejidad del otro.

—¿Qué crees que haces?—Con su otra mano, la del brazo que no estaba preso, trató de zafarse del agarre sin embargo lo apretaron con más fuerza—suéltame—ordenó, ya mostrando claramente su molestia, pero esto sólo agrandó la sonrisa del contrario.

—¿Por qué estás tan alterado? ¿Tanto te afecta mi presencia?—Entrecerró los ojos nuevamente, repitiendo ese gesto que sabía afectaba a Gon—¿Qué sientes?

Se estaba burlando de él.

—¡Eres un bastardo! ¡No me toques!—Ya enardecido se soltó bruscamente del agarre, una mueca de furia se alojaba en su semblante.

—Sí, te afecta—Declaró sin inmutarse por el estado del otro.

Gon apretó los puños en un reflejo por la furia que sentía.

—¿Quién rayos eres?—Preguntó tosco y grave.

—Nuevamente esa pregunta difícil, de tal padre tal hijo ¿No?—Puso las manos en sus caderas—llámame prototipo.

—¿Prototipo?

—Si no te gusta puedes llamarme “Killua”, no es que me guste usar el nombre de otro pero si es por ti haré el sacrificio.

—De ninguna manera—Farfulló entre dientes dando media vuelta y empezando a alejarse de ese tipo.

—¡Oh! ¿Te vas?—El otro no respondió y eso sólo lo hizo sonreír más—ven cuando quieras, fue todo un placer.

Gon sólo lo miró de reojo con molestia. Detestaba a ese tipo, y detestaba aún más que alguien como él tenga la apariencia de Killua, de su Killua. Esto era una tortura para él y se recriminaba el haber regresado a hablar. Necesitaba salir y alejarse lo más pronto de él, lo más lejos de su presencia.

Y cuando iba a tomar la perilla de la puerta esta se movió sorprendiéndolo, alguien estaba entrando, retrocedió para que se abriera la puerta y ver quien había llegado, retuvo el aliento al verla allí jadeando exhausta y una expresión de estar a punto de hacer un reclamo.

—A-Alluka…

—¡Gon! ¡Te eh estado bus…!—Pero la voz se le fue hasta en un murmullo, cuando al desviar la mirada a espaldas de Gon y distinguir a la persona en la celda—¿Onii chan?

Continuará…

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