Capítulo 15: Encadenados.

El silencio reinó, su mirada rodaba entre el rostro aparentemente monótono de Gon y la fría desconfianza de Kite.

Ging mantenía un semblante impasible, con sus brazos cruzados miraba expectante de una respuesta, o más bien queja, de parte del prisionero que pese a todo parecía replantearse para sus adentros con cierto aburrimiento.

Fueron unos segundos que le parecieron fastidiosamente eternos.

—Así que…—Se dignó al fin a romper el silencio, recargó sus brazos en los barrotes de la celda mientras su mirada analizaba a los presentes—para que me crean debo estar encadenado a una niñera ¿No?

Ging asintió mostrando unas esposas gruesas metálicas, el contrario bufó con notoria exasperación.

—¿Si sabes que puedo romperlas cuando quiera no?

—Gon también puede—Agregó sin inmutarse a la negatividad del albino—velo como un símbolo de confianza, si las rompes o se te ocurre hacerle daño a Gon, te mataremos.

No estaba seguro de porqué pero sonrió, esas palabras no sonaron como amenaza o intimidación sino como un hecho intangible. Como cuando Chelsea daba su reporte del clima cien por ciento asegurado.

Observó por un momento a quien estaría pegado como un chicle durante los siguientes días. El Freecss menor había permanecido callado y con la mirada baja, casi ajeno a la decisión aun teniendo en cuenta que iba a soportar su presencia constante. Sinceramente se hacía una vaga idea de lo que estaría recorriéndole por la trastornada cabeza a ese chico, aunque poco le importaba realmente.

Alzó sus manos y baja la barbilla en gesto de rendición.

—Acepto, cumpliré todas sus condiciones. Así que… ¿Cuándo empezamos?—Había mirado a Ging buscando la respuesta pero este volteó hacia Gon al igual que Kite.

Gon alzó la mirada por fin con una convicción de piedra.

—Una hora—Dijo entonces, para luego salir por la puerta sin decir más nada.

Observó a los presentes buscando alguna reacción, pero estos se mantuvieron serenos sin inmutarse casi como si se hubieran esperado esa reacción. Sabía el porqué de esa aptitud.

—Así que no fui el único que se dio cuenta de que nos estaban espiando ¿Verdad?—Agregó entonces recargando su mano en la mejilla.

Tanto Ging y Kite lo miraron de reojo, sin embargo no respondieron, ambos sabían quién era la persona que se había colado a escucharlos, por eso Gon salió a buscarlo.

Cuando salió se encontró en el oscuro pasillo, un suspiro salió de sus labios mientras cerraba los ojos con pesadez.

—Alluka sé que estas allí—Dijo entonces.

La aludida salía de entre la sombra de una pared, veía afligida a Gon.

—¿Vas a estar todo el tiempo con eso?—Preguntó con un hilo de voz.

Gon remarcó el hecho de que la chica llamó al prisionero “eso”, refiriéndose a él como si de una asquerosidad fuera.

—La mayor parte del día…—Respondió, contempló como la chica bajaba la mirada y apretaba los puños.

—¿Por qué…?—Habló entrecortada más Gon se le adelantó al ver que se le dificultaba el hablar.

—No tienes que acompañarme, es más, preferiría que mantuvieras la distancia—Sus palabras se escucharon como un intento de consuelo, pero más que eso la hacían sentir frustrada.

Se supone que ella tenía que estar junto a él, pelear a su lado, protegerlo. Pero al final sigue siendo la pequeña niña malcriada y miedosa a la que siempre tienen que estar cuidando. Alluka mordió su labio y apretó sus puños.

—No vallas—Pidió entonces, Gon la contempló afligido.

—Alluka…

—¡¿Porqué tienes que ser tú?! ¡No es justo! ¡Es demasiado cruel!—Pisó con fuerza el suelo mientras retenía las lágrimas de sus ojos—¡No podrás ser igual de fuerte con eso cerca! ¡Podrías morir!

—No lo haré—Declaró interrumpiéndola de continuar—ahora más que nunca me mantendré fuerte. Tenemos una oportunidad de poder vengar a Killua y de poder a vivir como antes, sin miedo—se acercó a la menor y la abrazó, escuchando sus sollozos y sintiendo los temblores de su cuerpo—no desaprovechare esta oportunidad Alluka, no importa lo que tenga que enfrentar, pero te necesito…—se separó lo suficiente para verla a la cara y con cariño fraternal limpió las lagrimas que se habían escapado de sus ojos. Ella lo contemplaba en silencio, sin poder decir nada porque rompería llorar pero mantenía la mirada en la de él.

—Necesito que me apoyes Alluka, saber que cuento contigo en que seas fuerte y protejas a los demás. A ellos también les duele la situación ¿Sabes?—Le dió una sonrisa para conseguir su confianza—¿Podrías hacerlo por mi?

Alluka bajo la mirada antes de asentir, más inconforme que determinada.

—¿Estarás… bien?—Preguntó con la duda en la mirada, un suspiro abandonó los labios de Gon antes de regresa a sonreírle.

—Lo estaré, lo prometo.

Recitó, sin embargo la menor bajó la cabeza sin ningún ápice de estar convencida.

—No puedes prometer eso…

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.

.

.

Durante el tiempo de espera, Kite rodaba la mirada entre Ging y el ser que se hacía llamar prototipo.

—Acepte sus términos así que… ¿Me escucharán?—Dijo entonces el prisionero, Kite miró a Ging y este suspiró, era más un gesto de exasperación pero decidió tomarlo como afirmativo. Sonrió—encontrar un nido del enjambre es como encontrar termitas en la esquina de tu casa, ves un puñado pero sabes que son muchos más.

Escondió las manos en sus bolsillos y se recostó en los barrotes de la celda, disfrutando de la atención que recibía de los presentes.

—¿Qué hay con eso?—Preguntó Ging.

—¿Qué piensan de esas criaturas?—Dijo entonces, Kite miró como Ging cruzaba los brazos, un gesto que hace cuando espera con impaciencia una respuesta—deben pensar que sólo actúan a base de instintos, y la verdad es que tienen razón. El enjambre no tiene otro pensamiento que no sea devorar lo que tiene en frente, así que el daño que les están haciendo es inconsciente.

Tanto rodeo y el intento de suspenso barato lo estaba impacientando.

—¿A dónde quieres llegar?

—Hay una mente detrás de sus acciones, en otras palabras hay quien los manipula. El enjambre vive por y para cumplir lo que ordene porque sus instintos así lo dictan, “eso” es su verdadero enemigo.

Ging arqueó una ceja ante su declaración.

—Ya habías dicho algo parecido, el creador Charlees…—El albino lo interrumpió de forma abrupta.

—¡Momentito que no te eh dicho lo más importante!—Alzó el dedo índice contemplando el tic en la ceja del moreno.

—Dilo ya—Dijo casi como una orden y la exasperación en la punta de la lengua.

El albino contuvo una risa de manera poca disimulada.

—Es cierto que Charlees es creador del enjambre, pero no puede controlarlo, ya que su comunicación con él es tan fructífero como querer entablar una conversación con un león hambriento. Por eso creó a esta criatura que es la mente, la que obedece sus órdenes y controla estos monstruos a voluntad.

—¿Criatura?—Resaltó Kite—¿Madres de la prole?

—Controla a las madres de la prole, las hace sus siervas. Llámenlo la voluntad del enjambre o lo que sea, sino lo matan no tendrán nunca oportunidad alguna—Declaró.

Ging tomó su mentón en gesto distante, por un momento se quedo en silencio absorto en sus pensamientos.

—No estás sorprendido—Agregó el albino, mirando al par con cierta expectación.

—Habíamos notado comportamientos extraños en el enjambre—Comenzó Kite—se movían a zonas más oscuras, más inaccesibles. Atacaban a puntos débiles, demasiadas coincidencias…—contempló con cierta seriedad al albino—¿Por qué a ti no te controla?

—Soy una nueva generación, más fuerte, más inteligencia, pero poseo conciencia y voluntadasí que yo decido si obedezco o no—Respondió con una astuta sonrisa, el contrario no se le veía satisfecho con esa respuesta, más cuando iba a hacer otra interrogante Ging interrumpió.

—¿Sabes dónde está la criatura?—Interrogó entonces.

—No, pero sé cómo sacarlo a la luz, basta con que ataquen al enjambre en ciertos puntos débiles y lo obligaran a salir para buscar a los causantes. Les diré como, siempre que me dejen guiarlos por supuesto—Ambos adultos se miraron, con más incertidumbre que desconfianza y esto le daba cierto vigor, lo estaba logrando.

Pero sin poder escuchar una respuesta cuando la puerta fuéabierta nuevamente, Gon entraba con expresión monótona.

—Ya se fue—Dijo cuando Kite le dirigió la mirada.

Contempló como padre e hijo cruzaban miradas por un breve momento, fué corto pero pudo más o menos leer lo que se comunicaban en silencio.

¿Estás listo?

Sí.

—Kite abre la celda.

La orden fue hecha con un tono de voz estricto e irrefutable, más sin embargo Kite le dirigió una mirada con la esperanza de que hubiera una negativa o un cambió de idea de último momento, puesto a qué aún está convencido de que estaban cometiendo un grave error; pero las miradas decididas de tanto padre e hijo eliminó con cualquier expectativa..

—Entendido…—Sacó el juego de llaves y se acercó a la cerradura de la puerta, dirigiendo miradas de advertencia al contrario que fingía no notarlo.

La puerta se abrió y “Prototipo” dió unos pasos por fin afuera, notando en seguida las miradas que se mantenían en guardia alta.Ging sacó nuevamente las esposas metálicas, y se hizo a un lado para que Gon se acercara, el aludido caminó en silencio hasta estar frente a frente con el rostro que sólo había visto en sueños hasta hace poco.

—Muy bien, terminemos con esto—Agregó Ging, a lo que el par extendieron los brazos con los que iban a llevar las esposas.

El adulto las puso tan rápido que el ojo normal no lo seguiría, ya estaba impaciente y exasperado pues la constante mirada de “Esto es una mala idea” proveniente de Kite ya le estaba perforando la espalda. Entendía porque estaba tenso ¡Él también lo estaba! Pero esto es la única opción que tienen, de verdad que si, tenía el presentimiento de que Gon es el único que puede cumplir la misión.

Con un suspiró contempló la escena de ambos individuos mirando sus manos presas.  Las esposas eran metálicas y llevaban una cadena que apenas los separaba un metro, era incómodo pero así sería más arriesgado hacer algo contra el otro.

—¿Y ahora?—Cuestionó el albino mientras movía la muñeca haciendo tintinear la esposa. Ging sonrió ante su interrogante, sonrisa que ya de por si le daba un mal presentimiento.

—Gon dirá.

Continuará…

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