Capítulo 8: Plantas come hombres.

Adolorido se removía en su sitio, las palmas de su mano se apoyaron en un suelo mohoso y suave que al parecer le hizo de colchón contra la caída.

—¿Dónde estoy?—Dijo mientras se reincorporaba con cuidado.

El paisaje a su alrededor era de un oscuro verde, árboles y arbustos mohosos le rodeaban y daba una sensación terrorífica.

—¡Kya!—Un grito femenino lo sobresaltó, al correr con velocidad al origen se encontró a Uraraka enredada entre las lianas de una flor roja con colmillos que sobresalían de sus pétalos, la reconoció por la imagen de un libro de pociones ocultas.

—¡Uraraka no forcejees!

—¡Midoriya kun!—Al darse cuenta de la presencia del aludido por reflejó quiso voltear a verlo, entonces no notó la flor acercándose a su pierna.

Izuku llegó a tiempo hasta ella de un salto, y agarró una rama muerta que se encontraba cerca para acto seguido golpear la flor.

—¡Aléjate de ella! ¡SSHU SHU!—Siguió dándole golpes secos hasta que las lianas soltaron las extremidades de Occhako y la flor se retiró finalmente. Midoriya suspiró y extendió la mano a la chica la cual aceptó aliviada.

—De nuevo me salvaste ¡Gracias!—El rubor de la vergüenza se posó en las mejillas de Izuku quien sonrió nerviosamente.

—¡E-Está bien! P-Por suerte sólo era una Mandrágora bebe.

—¿Mandrágora?

—Es una planta carnívora, normalmente son enormes y muy violentas—Explicó mientras miraba a su alrededor—esta era una joven pero su madre debe estar cerca por lo que no debemos estar mucho tiempo aquí—Uraraka asintió antes de registrar el alrededor también—¿Dónde estarán los demás?

—Yo escuche unas voces antes de que me atrapara aquella flor—Apuntó a lo profundo de unos árboles, los cuales para mala espina de ambos daban aires oscuros y recorría un viento lúgubre.

—M-Mantengámonos cerca ¿Si?

—S-Si…

A pasos inseguros avanzaron por el bosque, ambos sentían que algo les saltaría encima en cualquier momento.

Ambos sintieron un escalofrió cuando un viento gélido abrazó sus pieles y una voz sacada de un cuento de terror les habló.

—¿Quiénes son ustedes?

Se escuchaba como si fueran ecos a su alrededor, a pesar de eso Midoriya podía distinguir una voz  femenina.

—Mmm…Qué curioso…

—¿M-M-M-Midoriyakun? ¿Q-Q-Q-Qué es eso?

Los balbuceos y temblores de Uraraka lo hicieron entrar en la realidad, ya sea por querer  protegerla o porque se agarró tan fuerte a su brazo que los calambres lo despertaron que consiguió el valor para hablar.

—¿Qui-Quién es?—Sonó más inseguro de lo que quiso, sin embargo eso no impidió de que diera un paso firme hacia adelante.

—Oh… ¿Los asuste? No era mi intención… no vengo a hacerles daño o a interponerme en su camino, no es la primera vez que veo a los polluelos enfrentarse a las bestias de este bosque pero… siento curiosidad…—De entre el musgo sobresalió un montículo que los sobresaltó, una silueta delicada formada de una piel verde suave y de ojos brillantes amarillos, los observaba inexpresiva mientras lentamente se levantaba con una melena larga jade bailando en su cintura.

Tanto Uraraka como Midoriya la contemplaban embelesados, estaba descalza y apenas vestía una delgada tela transparente, se veía a leguas que no era humana pero poseía una belleza sobrenatural y única que los dejaba mudos.

—Que retoños tan curiosos…—Susurró mientras se acercaba a ellos mientras la observaban mudos—una maga… con botones de cereza en sus mejillas…

Uraraka reaccionó enrojeciendo y tomando su cara con evidente vergüenza, no sabía si tomarlo como un elogio pero escuchar esas palabras de un ser tan hermosamente extraño y de una manera aterrador (Bien podría ser Sadako versión vegetal) le producía un sentimiento extraño.

—Pero tú…—Ladeó la cabeza mientras miraba a Izuku de manera tan fija que lo atravesaba—tú eres distinto…hace mucho tiempo que no veía a alguien como tú, con unas manos tan únicas…

Izuku sintió su corazón detenerse cuando el ser tomó sus manos en una caricia suave y las inspeccionaba con curiosidad, rogó a todos los dioses de no empezar a sudar como un cerdo o hacer gestos estúpidos. Las miraba fijamente como si estuviera analizando una rara joya, y eso sumado a las miradas incrédulas y confusas de Occhako, hacía la situación más bochornosa de lo que era.

Entre tartamudeos nerviosos rompió el breve contacto y cerró los puños con nervios.

—¡E-Etto! ¿P-Podrías ayudarnos?—Pidió a lo que la criatura lo observaba sin mostrar ninguna emoción poniéndolo más nervioso—d-de alguna forma nos separamos de  nuestros compañeros, y no los podemos encontrar…

—Los otros retoños…—Murmuró, les dió la espalda y caminó unos pasos alejándose—un grupo de cinco esta por esa zona, otro igual de cinco se encuentra al frente un poco adelante, tres está al fondo en el lago, una persona se encuentra yendo al norte en dirección a las cuevas… y otras cuatros están a unos metros acercándose, uno de este grupo hará molestar a las mandrágoras si sigue explotando sus raíces…

—¡Es Kacchan!—Izuku tomó su cabeza con miedo—¡Nadie más que él se le ocurre provocar a las mandrágoras! ¡Hay que ir allá en seguida Uraraka chan!

La aludida asintió y Midoriya volvió a voltear hacia la mujer haciendo una breve reverencia de agradecimiento.

—¡Muchas gracias! Umm… ¿Cómo te llamas?—Preguntó evidentemente dubitativo.

—Tu especie tiene un nombre y una definición para los que son como yo—Declaró monótona, pero desvió la mirada y sus labios formaron una leve sonrisa cuando en su memoria apareció un viejo recuerdo—pero alguien hace mucho tiempo… me llamó Eco.

Izuku vió un brillo de añoranza y soledad en la mirada de la delicada criatura, recorriéndole un sentimiento de compasión hacia ella aunque no sabiendo muy bien porque.

—Gracias Eco…

.

.

.

.

Una, dos, tres, cuatro, demonios no dejan de salir. Definitivamente detestaba estás estúpidas plantas.

—¡Mueran basura inútil!

—¡Escucha Bakugou! ¡Sólo lo estas empeorando!

Un Iida intentaba en vano de detener las acciones del rubio ceniza, sin embargo este ya iba por la vigésima explosión y no dejaba de maldecir cuanta flor de mandrágora bebe encontraba.

—¡Ack! ¡¿Primer día de clases y ya estamos a punto de ser devorados por plantas?!

Se quejó otro de los presentes, de sus manos emanó una leve descarga eléctrica que alejó las lianas de las plantas hambrientas. Se mantenía alejado del grupo pero lo suficientemente cerca como para escuchar a su otro compañero de piel dura sobresaltarse.

—¡O-Oigan! ¡¿Escucharon eso?!

Un rugido los alertó, y una flor más grande emergió del suelo en un temblor que desequilibraba a los presentes.

—¡Esta es una adulta!—Gritó Iida intentando mantener el equilibrio.

Bakugou chasqueó la lengua con fastidio mientras sus manos emanaban explosiones, de un salto esquivó una liana que se dirigía hacia él y tomó impulso para acercarse al tallo de la flor y reventarla de una explosión.

—Quédense muertas—Dijo entre dientes, Iida suspiró con cansancio, sabía que eso atraería a más mandrágoras pero entendió que no podía razonar con este sujeto.

—Leí hace tiempo que la sábila que emana las flores “rubí” tienen propiedades que disuelven los efectos de ciertas pociones—Explicó mientras los dos muchachos restante se acercaban a él.

—Suena a que es lo que buscamos para el “neko sensei”—Dijo el rubio cruzándose de brazos—pero ¿Dónde lo vamos a encontrar?

—Las mandrágoras las protegen celosamente en sus madrigueras dentro de las cuevas, son su fuente de reproducción. Estarán muy bien protegidas—Advirtió, contempló que una  sonrisa ansiosa aparecía en el rostro del peli rojo.

—¿Una cueva llena de plantas come hombre? Suena a una aventura muy varonil—Chocó sus puños endurecidos y se dirigió a Tenya—mi nombre es Kirishima Eijirou por cierto, el es Kaminari Denki—el ultimo asintió en saludo, Iida devolvió el gesto.

—Mi nombre es Iida Tenia—Observó a los presentes, sus poderes eran bastantes útiles y fuertes pero a simple vista no parecían personas muy sagaces.

Escucharon un estallido, y vieron a Bakugou reventar una flor más pequeña con molestia.

—¿Tengo que moler más de estas porquerías?—Con fastidio terminó de pisotear los pétalos—terminaré con esto.

Se fue dando pisotones sin importarle que los demás lo siguieran. Estaba fastidiado de esta ridícula actividad, debería estar aprendiendo a hacer hechizos de poder absoluto no recogiendo basura mientras pisotea flores necias. Aunque en cierta forma el aire del bosque le recuerda a cuando hacía montañismo con su madre, pero eso era mucho más agradable a este lugar lleno de basura mohosa y vegetales raros.

Se detuvo frente a su destino y chasqueó la lengua exasperado, escuchó los jadeos de asombro de los presentes cuando llegaron a su lado. Una enorme roca bloqueaba la entrada de la cueva.

—Debieron bloquearla en cuanto se sintieron amenazadas—Agregó Iida con lógica.

—Deberíamos buscar otra entrada…—Dijo ahora Kaminari, más sin embargo se sobresalto cuando vió a Bakugou produciendo explosiones en las palmas de sus manos.

—¡Y un cuerno! ¡No voy a perder más el tiempo, haré pedacitos esta cosa!—Intento varias potentes explosiones pero sólo logró quemarla un poco, seguía igual de intacta.

Tras varias explosiones sin resultado, empezaron a sentir un temblor bajo sus pies alarmándolos.

—¡Son Mandrágoras! ¡Aléjate de allí Bakugou!

Iida no pudo advertirle a tiempo pues debajo de Bakugou emergió una enorme flor roja con espinas. El rubio ceniza hubiera caído de no ser por unas lianas en redadas en sus pies que lo hacía guindar de cabeza, se vió así mismo siendo llevado hacia la mandíbula  de la planta, explotó varias de las lianas pero estas lo mantenían firmemente agarrado, por el rabillo del ojo veía al grupito que lo seguía intentar ir hacia él pero flores más pequeñas los atacaban y los alejaban.

Gruñó con molestia, el definitivamente no iba a ceder frente a una estúpida planta. Tuvo la loca idea de si se dejaba devorar la estallaría por dentro, pero cuando estaba a puto de quedar sobre las fauces de la planta, escuchó esa fastidiosa y familiar voz.

—¡Resiste Kacchan!

Rocas puntiagudas atravesaron el largo tallo de la planta, está soltó lo que parecía un chillido y soltando a Bakugou en el proceso se volvió a sumergir en el suelo dejando una gran hoyo, al igual que las pequeñas flores.

Bakugou logró caer con las piernas flexionadas, agachado y con la mano apoyada en el suelo contempló entre atónito y enardecido a Deku sobre una roca que flotaba sobre el suelo, sus mano tenía una escarcha anaranjada y bajaron suavemente al mismo tiempo que la piedra tocaba el suelo.

—¡¿Están bien?!—Gritó Uraraka corriendo hacia el grupo.

—¡Midoriya! ¡Uraraka!—Llamó Iida, la chica ya estaba frente a él con mirada de preocupación.

—¡Qué bueno que llegamos! Esa planta en serio se los iban a comer.

Izuku pisó tierra, y miró por un momento al grupo para luego rodar la mirada en Bakugou. Tragó grueso, tenía esa mirada de perro enardecido y ahora se dirigía hacia él a zancadas, oh demonios.

—H-Hey Kacchan—Saludó más sin embargo eso no calmó el ya muy mal humor del rubio.

—¿Qué fué eso Deku?—Escupió enrabietado—¡¿Todo este tiempo fuiste un mago?!

—¡N-No yo!—Paró en seco ¿Qué se supone le iba decir? Es bastante difícil de explicar.

Su silencio enfurecía más al otro, y Bakugou estaba dispuesto a estallar esa estúpida cara de nerd hasta que un nuevo temblor los alarmó. Y entonces Midoriya sintió el apretujón en sus tobillos, para luego ser arrastrado a gran velocidad hacia el interior del agujero.

Escuchaba el llamado de los demás como ecos lejanos, era arrastrado velozmente en el suelo y no podía ver nada por la oscuridad. Sabía que unas lianas lo tenían firmemente agarrado, pese a sus esfuerzos por librarse la fuerza que le ejercían era bastante y no pudo pensar en algo para cuando lo sacaron.

De cabeza se vió así mismo siendo dirigido hacia la voraz boca de la flor, al igual que Kacchan antes. Ahora estaba dentro de la cueva rocosa, justo en la madriguera de las mandrágoras.

El lugar estaría totalmente oscuro de no ser por unas flores azules brillantes, estaban alrededor, en el suelo, en los rincones, en el techo. Las estaría observando embelesado de no ser porque era llevado a las fauces de la flor.

Soltó un quejido mientras se sacudía en vano para tratar de librarse. Para poder usar su polvillo necesitaba tocar la tierra, la cual se hallaba lejos de su alcance. Estaba ya casi sobre la flor, sin ideas y a punto de ser devorado.

Izuku se le volvió la mente en blanco cuando sintió una ventisca helada, y de repente vió el tallo de la flor congelándose desde la base y subiendo hacia los pétalos. La flor soltó un chillido y soltó a Izuku quien cayó de bruces contra el suelo, observó a la planta moverse abruptamente para luego quedarse quieta.

Sintió un viento gélido que le puso la piel de gallina, y contempló anonadado gran parte de la cueva congelada.

—¿Estás bien?

Una voz grave lo sobresalto, volteó y abrió la boca en sorpresa al ver al mismo chico intimidante que vió en el salón aquel día. Lo rodeaba un aire gélido y su boca emanaba un vapor, “magia de hielo” pensó Izuku para sus adentros.

—Gracias…—Se puso de pie rápidamente, una sonrisa nerviosa se posó en sus labios mientras veía la apacibilidad del chico—(que rápido)—pensó para sus adentros, probablemente sea él primero y único en llegar a las madrigueras.

Izuku lo miró expectante por un momento, el muchacho había ladeado la vista con un semblante pensativo y distante. Emanaba esos aires de seriedad que Deku envidiaba de cierta forma, parece el tipo de persona que tiene la capacidad de hacerlo todo sólo. Probablemente sea un genio dotado.

—¿Qué miras?—Dijo al notar la insistente mirada del más bajo el cual se cohibió por los nervios, no era bueno tratando con este tipo de personas y eso lo sabía gracias a Kacchan.

—E-Es que… es impresionante que hayas podido con esto tú sólo—Decía, era un alago pero recibió una mirada indiferente o de aburrimiento, Izuku sentía que de alguna forma lo ofendió.

El muchacho caminó sin responderle, hacía donde estaban tres flores rubí que brillaban destellantes sobre una roca con musgo. Izuku se sobresaltó ante el pensamiento de que estaba a punto de cortarlas si más.

—¡Espera! ¡No puedes tomarla bruscamente!—Dijo corriendo y poniéndose rápidamente en medio de él y las flores.

El chico ni se inmuto por su acción e inexpresivo le dijo.

—Lo sé, perderán su efecto si las arranco ¿no?

“Oh, ya lo sabía” pensó Izuku frotándose detrás de la cabeza en gesto avergonzado, eran estudios básicos obviamente estudiantes de UA iban a saber algo tan sencillo. En su lío mental el muchacho pasó a su lado para quedar frente a las flores.

—La roca es muy grande para llevarla…—Dijo más para sí mismo que para Izuku.

—Yo puedo hacerlo—Recibió una mirada expectante e Izuku se puso a su lado, observó sus palmas por un momento.

Aun tenía un poco de polvillo anaranjado; era suficiente, puso las palmas en la roca rodeando; una de las flores y unas grietas aparecían por donde trazaba los dedos. Logró romperla sin dañar a la flor, como una maseta de piedra. La cargó entre sus manos y se la extendió al contrario.

—Tú fuiste quien la consiguió, deberías ser quien la entregue al sensei. Es lo correcto—Dijo, el más alto alternó la mirada en la planta fosforescente y en Midoriya, la recibió en silencio sin mostrar ninguna expresión aparente.

Ya sea por el incómodo silencio, o porque tenía la sensación de que ese chico lo iba a convertir en un cubito de hielo aunque no tenía motivo aparente para hacerlo, procedió a presentarse.

—Mi nombre es Midoriya Izuku—Decía con una leve sonrisa tímida, el contrario apenas lo miró por un momento desinteresado, antes de regresar la mirada a la planta. No lo sabía muy bien, pero le pareció que se estaba replanteando o dudando para sus adentros.

—Todoroki Shouto—Dijo al fin.

El nombre le pareció familiar, “Todoroki” ¿En donde lo había oído? Estaba seguro de conocer ese nombre de alguna parte. Lo tenía en la punta de la lengua…

—Salgamos de aquí por el agujero—Dijo Todoroki comenzando a andar sin esperar a Izuku quien estaba metido en sus pensamientos.

—¡Ah! ¡Espérame!—Iba a seguirle el paso en seguida cuando divisó una silueta por el rabillo del ojo.

Abrió la boca en sorpresa; fusionada con la parte de la pared de la cueva, que no fué congelada; vió a Eco. La figura femenina apenas era visible como una sombra en la roca; sus ojos amarillos era lo único vistoso; y parpadeaban vigorosamente, como si estuvieran llamándolo.

Izuku vió que Todoroki se había adelantado por el agujero por lo que estaba sólo con la criatura; así que más curioso que asombrado se acercó a ella. Extendió una mano; sobresaliendo de la pared hacia él; lentamente, queriendo darle algo que Izuku recibió confuso, sus manos se juntaron y le pareció ver algo brillar.

Al abrir su puño vió tres semillas verdes brillantes reposando en su palma; alzó la vista y Eco ya había desaparecido. Pero escucho su voz como un susurro lejano.

—Alguien me dijo el nombre de los que son cómo tú… no creí volver a ver un alquimista.

Continuará…

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Un comentario sobre “Capítulo 8: Plantas come hombres.

  • el septiembre 9, 2017 a las 6:00 am
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    Oh dios mio! ya se conocieron! creo que Eco le dio semillas para las plantas del polvillo

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