Capítulo 11 : La Alquimia y la locura van de la mano.

Aún cuando repetía en su mente lo que dijo All Might le parecía absurdo, o quizás era su lado egoísta hablando por él, pues prefería que el mago número uno fuera su guía.

—Para simplificarlo joven Midoriya, Gran Torino es un alquimista y será tu tutor a partir de ahora.

Y es que cuando lo dijo el nombrado se encontraba metiendo su bastón en el hueco de un hormiguero del parque donde estaban, para luego sacarlo y lamerlo como si una paleta se tratara, también murmuró algo como “los dulces agrios de la tierra” o algo así mientras sonreía de forma perturbadora. Con simplemente eso tenía una buena excusa para haber mostrado esa expresión reacia en el momento.

Más sin embargo All Might le juraba una y otra vez que no era lo que aparentaba, que increíblemente ese hombre senil fue su entrenador espartano y que no sería ni la mitad de fuerte si no fuera por él. Pero aún con eso Midoriya quería seguir bajo la tutoría de All Might, de su ídolo de la infancia y modelo a seguir, pero estaba consciente de que el aludido no tenía experiencia en esa área, y que además podría aprender directamente de un experimentado alquimista de primera (al menos por palabras de All Might), no tan animado terminó por aceptarlo.

Formalmente All Might los presentó frente a frente, Midoriya y Torino intercambiaron miradas rápidas, juzgando a primera vista el ser frente a ellos mentalmente, hasta que el más viejo rompió a hablar.

—Mañana empieza tu entrenamiento.

Midoriya se mostró sorprendido, y cuando abrió la boca para preguntar detalles (Lugar y hora por ejemplo) a una velocidad alucinante el anciano salió disparado de un salto para desaparecer de su campo de visión entre risotadas. All Might se disculpó por él antes de seguirlo a igual velocidad, gritando ¡Torino espere! A los cuatro vientos.

Deku quedó parado allí, con la mirada en blanco y procesando lo que había ocurrido. Y aunque normalmente estaría sacando las mil conjeturas de lo que pasaría de ahora que está bajo el ala de un ente bastante particular, se limitó a regresar a casa, comer y echarse a dormir. Demasiadas cosas pasaron en el día y estaba exhausto, al menos era fin de semana y podría descansar cuanto pueda.

Oh eso pensaba cuando de repente la familiar melodía de guitarra española llega a sus oídos, al principio era agradable pero cuando una demacrada voz carrasposa empezó a expulsar lo que parecía la letra de un cantico, Midoriya pensó que el sonido de unas uñas arañando una pizarra era mucho más agradable.

—¡Sí! Sabes que llevo un rato mirándote~ Tengo~ que~ bailar~ contigo hoy~—De repente Midoriya siente un peso caer abruptamente al costado de su cama tirándolo al suelo por el rebote.

Adolorido por la caída contemplaba desde el suelo al ser que saltaba en su cama y cuyo tono de voz haría que los espejos se rompieran.

—¡Tú! ¡Eres el imán y yo soy el metal!

—¿¡Gran Torino!?—Izuku grita exaltado, por el rabillo del ojo también veía su computadora encendida reproduciendo el tan pegadizo vídeo de Luis Fonzi—¡¿Qué está haciendo?!

—¡Tienes que empezar el día con ánimo joven!—Dijo mientras retomaba a su desafinado cantico.

—¡¿Cómo es que supo donde vivo?!

—¡Revise la información en la escuela!

—¡¿Cómo entró?!

—¡La ventana!

—¡¿Eso no es ilegal?!

—Des~pa~cito~ quiero respirar tu cuello bien despacito~—Definitivamente tenía frente a él un ejemplo viviente del daño que hace la vejez a la mente.

Y había que admitirlo, el viejo como cantante moría de hambre pero hasta la misma Shakira sentiría envidia de cómo mueve esas caderas.

De repente el ruido de pasos y los toques bruscos en su puerta le recuerdan a Midoriya de que no vive sólo en esa casa.

—¡Izuku! ¡¿Qué crees que haces a esta hora?! ¡Los vecinos se quejarán!

Midoriya siente el corazón en la garganta mientras Torino seguía bailando Break dance en su colchón.

—¡L-Lo siento! ¡No podía dormir y quise escuchar un poco de música!

—¡¿Con un cover tan malo de Enrique Iglesias?!

—¡Es Luis Fonsi Mujer!

Midoriya se levanta rápidamente y calla con sus manos al anciano.

—¿Izuku? ¿Hay alguien más allí contigo?

—¡N-No! ¡Es mi computadora! ¡Pero ya la voy a apagar!—Dice, para luego soltar al anciano y hacerle señas de que guarde silencio—¡L-Lamento despertarte mama!—se apresura a apagar su ordenador mientras escucha a la mujer del otro lado de la puerta.

—Siempre que lo entiendas está bien, no hagas más alboroto—Advierte, y después de un momento se escucha sus pasos alejándose.

Ya en silencio suspira liberándose de tensiones, y cuando gira a encarar al anciano lo ve al borde del marco de su ventana.

—¡Sígueme chico! ¡Tu entrenamiento apenas empieza!—Sonríe alzando el pulgar bajo la mirada de horror de Izuku.

—¡Espere! ¡Estamos en el tercer piso!—Grita horrorizado más sin embargo el anciano salta con la pose de un cisne en despegue para caer recto hacia abajo. Izuku queda en blanco por el horror antes de salir disparado de su habitación.

En el pasillo ve a su madre saliendo de su habitación mirándolo sorprendida.

—¡¿Izuku?!—Llama al ver al aludido poniéndose sus tenis rojos a toda velocidad—¡¿A dónde vas a estas horas de la mañana?!

—¡V-Voy a trotar!

—¡¿En pijama?!

—¡Adiós!

Salió corriendo antes de que la mujer lo siguiera atosigando de preguntas, se dirigió a donde suponía era la parte de abajo donde estaba su balcón. Y lo encontró allí de pie, con su bastón y una sonrisa que le producía una muy mala sensación negativa. Abrió la boca para preguntarle si estaba bien pero se le adelantó.

—¡Corre! ¡Chico! ¡Corre!—Y salió trotando velozmente con Midoriya detrás de él persiguiéndolo.

Era un anciano de bastón con un serio problema mental, pero aún así su velocidad lo harían campeón en alguna maratón. Midoriya tuvo que seguirle el paso con mucha dificultad, y al compararse  a sí mismo, que ya tenía los pulmones a reventar y las piernas adoloridas, con el vejestorio, que fresco como un lechuga trotaba como si saltara en un campo de flores y tarareaba el “despacito” con una sonrisa, no suponía sino que estaba seguro de que el hombre no iba a su máxima capacidad sólo para que lo siguiera.

También admiró su gran resistencia, pues estuvieron corriendo durante varias calles, hasta el punto en que Izuku maldecía su suerte por no haberse puesto algo más deportivo pues su pijama verde con el logo “All Might” ya se le pegaba al cuerpo por el sudor. Gracias al cielo Gran Torino por fin se detuvo y Midoriya pudo derrumbarse para recuperar el aliento y descansar sus reventadas piernas.

Sintió la arena entre los dedos de sus manos y el sonido de las olas llegó a sus oídos. Midoriya contempla la playa en penumbra y al hombre mayor que la observa dándole la espalda.

—¿Gran Torino?—Llama confuso, el aludido ladea la cabeza mirándole, con una expresión menos risueña sino más serena, casi emanando una sensación paz. Niega la cabeza y pone su dedo índice, la madera oscura tocando sus labios.

—Shhuu—Susurra y hace ademán con la cabeza apuntando hacia la playa.

Midoriya no entiende la situación más sin embargo obedece, fijando la mirada en la playa, durante varios minutos en silencio. Y entonces vislumbra la luz anaranjada anunciando la salida del sol.

—Es una tradición empezar con la salida del sol—La voz de Torino suena más grave y menos carrasposa, y Midoriya siente un sentimiento de nostalgia en sus palabras. Guarda silencio y lo escucha sin quitar la mirada del mar—con el inicio de un nuevo día empieza el nacimiento de tu nuevo yo, o más bien, el cambio en ti mismo.

El sol empezó a asomarse por el horizonte iluminando parte del ambiente, dando al mar un brillo cálido y permitiéndole a  Izuku contemplar mejor la silueta del hombre frente a él. Torino se erguía recto y la mirada al frente, con el cambio de actitud, Deku se preguntó si era el mismo anciano que había conocido.

—La alquimia representa la creación y el cambio que trae, independientemente de si esto sea considerado bueno o malo. Toshinori me dijo que querías ser mago—Mira de reojo a Midoriya y éste se sobresalta levemente. Abraza su brazo y desvía la mirada.

—Ah… ¿All Might? Sí, yo… no tenía planeado nada como esto, ni siquiera sabía lo que era hasta que él me lo dijo. Luego me dió el taller, palabras de aliento y puso sus esperanzas en mí… no sé si pueda lograrlo… o siquiera lo merezco—Admite, siente la incomodidad en la espalda y la mirada del mayor sobre él.

Pues si de algo está seguro, es que no está seguro de nada. Le han pasado tantas cosas irreales que apenas puede procesarlo, desde el cambio abrupto de la meta en su vida a la introducción brusca a un mundo que desconoce.

—La inseguridad tiene tu rostro, chaval—En algún momento Torino se puso frente a él, con sus rostros frente a frente como la primera vez que se vieron.

Al ver sus ojos Midoriya se da cuenta de que no son negros sino marrones oscuros, brillaban por la luz del sol que se acomodaba en el cielo. Sus manos de madera toman con brusquedad las orejas del menor y las jala hacia él sacándole un quejido de sorpresa y dolor.

—Escucha con cuidado porque sólo lo diré una vez—Dice, y suelta las orejas para alzarlo del cuello del pijama, y Midoriya se da cuenta de que en verdad es fuerte—presta atención porque esto es importante—suelta su cuello y ahora toma su cara presionando sus mejillas—piénsalo muy bien, ya que es una decisión que marca un antes y un después.

Los ojos verdes de Izuku se mantenían abiertos, confusos y atentos, observando las facciones arrugadas del ser frente a él.

—No me importa si crees que eres incapaz o si quiera lo merezcas. Chaval, sólo quiero saber esto ¿Quieres ser un Alquimista?

Izuku parpadea con sorpresa, guarda silencio mientras contempla la mirada seria de la persona frente a él. La sonrisa de All Migth llega a su mente, su apoyo incondicional, el rostro y las lagrimas de felicidad de su madre cuando le anunció que aprobó el examen, cuando salvó a Uraraka en la prueba, y la oportunidad de aprender en la academia prestigiosa de sus sueños UA. Todo esas cosas, no las hizo las hizo un mago.

Lo hizo un alquimista.

Ante eso las palabras brotan solas de sus labios.

—Si—Responde y Torino contempla un brillo diferente en los ojos verdes, una mirada distinta y más determinada. Sonríe antes de soltarlo y dejarlo caer en la arena.

—No se diga más, empecemos—Ante sus palabras Midoriya se reincorpora de rodillas rápidamente y lo ve hurgar en su bolsillo.

—¿Qué haremos?—Pregunta, con cierto animo y curiosidad.

Torino saca una pequeña corneta azul conectada a un mp3, al presionarla una melodía rítmica de trompetas familiar llega a sus oídos

—¿Rocky?—Balbuce incrédulo y el anciano sonríe de oreja a oreja.

—¿No te sientes inspirado cuando lo escuchas?—Deja el dispositivo en el suelo, y estira sus brazos al sol—la alquimia se debe hacer siempre con buena aptitud sabes, ven haz lo que yo—empezó a estirar las piernas mientras Deku se levanta y empieza a imitarlo.

—Sé que puede sonar tonto preguntarlo a estas alturas pero ¿Qué es un alquimista?—Mantiene los ojos en el mayor mientras estiran la espalda hacia atrás con la cara al cielo iluminado por el amanecer.

—Umm… alguien claro en lo que quiere, eso te lo aseguro—Suelta una risa mientras empieza a saltar siendo seguido por Deku—si los magos manipulan y usan la magia, nosotros jugamos con ella y sacamos cosas alucinantes de eso.

—¿Creamos?—Dice no comprendiendo, Torino se acuesta boca abajo en la arena y Deku hace lo mismo.

—Así es, el alquimista crea todo aquello que imagina y le da un uso—Con sus brazos apoyados en el suelo se alza con la punta de sus pies firmes en la arena, ayudándole como soporte en una plancha. Por el rabillo ve como Izuku lo imita sin mucha dificultad—Toshinori me dijo que has creado polvillo que manipula la tierra—Midoriya suelta un jadeo y en su rostro se posa una mueca de esfuerzo.

—Si… es anaranjado y con el manipulo la tierra—Responde y aprieta los labios, concentrándose en mantener la postura. A pesar de haber hecho ejercicio anteriormente para preparase para los exámenes de UA no  había hecho este tipo de entrenamiento, pero a pesar del creciente dolor se negaba  a declinar.

—¿Y cómo enloqueció la flor apasional?—Pregunta ahora tranquilamente sin mostrar ningún tipo de dolor o cansancio.

—P-Pues quedaron residuos de este polvillo verde que cree con las semillas que me dió una ninfa de bosque, pero creo que sólo funciona cuando la planta es una semilla sin germinar aún—Informa mientras toma aire y nota un movimiento de parte de Torino.

—Polvillo elemental.

—¿Eh?

—Lo que llevas hasta ahora—El mayor impulsa suavemente sus pies hacia arriba apoyándose ahora sólo en sus brazos estirados, bajo la cara perpleja de Izuku ante la facilidad en que lo hacía—el polvillo elemental es la creación básica de todo Alquimista ¿Qué estás esperando? Hazlo.

Izuku reacciona ante su demanda, intenta imitarlo entre tropiezos mientras Torino sigue hablando.

—Como su nombre lo indica, este polvillo representa los elementos del ambiente permitiéndote usarlos. Ya llevas dos, la tierra y las plantas, te faltan tres—Izuku cae a un costado en un quejido de dolor cuando termina de hablar.

—¡¿Tres?! ¡¿Cuáles?!—Pregunta con sorpresa y emoción.

—No te lo diré, no sería divertido—Dice en una sonrisa de diversión e Izuku frunce los labios en decepción—te guiaré en lo básico, pero tú eres él que hará las creaciones y todo chaval.

Ve como Izuku, tambaleante y con dificultad, se para sobre sus brazos y logra ponerse temblorosamente recto junto a él.

—La fuerza de tu centro es una vergüenza, como se nota que nunca has hecho yoga—Se mofa a lo que el menor suelta un quejido doloroso.

—¿E-Esto es para fortalecerme de algún modo?—Cuestiona sintiéndose a reventar.

—Fortalece tu cuerpo y mente, además te sacará algo de musculo que estás bastante flacucho—De un salto hacia atrás cae de pie a la vez de que Izuku cae de bruces contra la arena—levántate chico, haremos el saludo al sol.

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Fueron dos eternas horas de yoga donde aprendió la pose de la “Luna creciente”, se enredó las piernas con “la media torsión”, y casi se rompe la espalda con la del “Payaso en monociclo comiendo salchicha” la cual sospechaba profundamente que era falsa y que Gran Torino disfrutaba de verlo sufrir.

Después de eso lo llevó a la biblioteca, o mejor dicho, “lo persiguió” puesto que el mayor tan pronto terminó con los estiramientos, y Midoriya colapsa en el suelo por el cansancio, él simplemente gritó “sígueme” y salió corriendo dejando atrás a su perplejo pupilo. Cabe destacar que Izuku aún estaba en pijamas, y si bien era temprano por lo que no había casi transeúntes, se ganó una que otra mirada de rareza pura de alguna señora mañanera con rollos en el pelo.

Ahora se hallaban frente a la biblioteca pública, la cual estaba cerrada y vacía por la hora.

—No abrirán hasta tarde—Informa Midoriya, pero el mayor niega con la cabeza y hace ademán para que lo siga, guiándolo a una puerta de madera vieja apartada de la entrada y casi escondida entre los arbusto. Toca la puerta y espera, siendo recibidos por una mujer lagartona de ojos amarillos de depredador.

—¡Isabel! ¡Mi hermosa reptil de sangre fría! ¿Nos dejas pasar?—Midoriya contempla como Torino sonríe ampliamente con los ojos brillantes, y podía jurar en aires de galán; más sin embargo la nombrada le ruge molesta.

La lagarto mira a Torino y luego a Midoriya, y después a la pijama de éste, los observa sucesivamente unos segundos, y por un momento, Izuku cree haberlo imaginado, pero le pareció ver una mirada de lastima dirigida hacia él como imaginando lo que le espera. Sin más los deja pasar recibiendo un guiño de ojo de parte del mayor y gruñendo en respuesta.

A diferencia de la biblioteca original, que siempre está pulcra y ordenada con mesas y sillas en perfectas condiciones, Izuku contempla un sitio oscuro y frío. Con apenas bancos de madera donde sentarse y filas de libreros polvorientos.

—¿Qué es este lugar?—Pregunta abrazándose así mismo buscando calor y porque el lugar lo intimida.

—La verdadera biblioteca a la que debes asistir si quieres aprender algo diferente a los demás—La forma en que Torino pronuncio “diferente” le produjo desconfianza al menor.

Lo siguió hasta un librero particular, en mejor estado y limpio comparado a los demás, quizás porque le daban más uso pensó Midoriya para sus adentros. Cuando fijó la mirada en los lomos de algunos libros divisados en su campo de visión; los ojos de Izuku brillaron como dos estrellas.

—¡Por Dios! ¡El libro de hechizos de Ulthard!—Exclama con emoción apresurándose a tomar dicho libro azul— ¡El libro escrito por uno de los magos más increíbles antes de All Might! ¡Sólo existen 5 copias en el mundo! ¡No puedo creer que tenga una en mis manos!

—Baja la voz chaval, estás en una biblioteca—Regaña con voz severa Torino pero el menor está demasiado ensimismado en sus balbuceos de otaku que no lo nota.

Midoriya abraza el objeto a su pecho con un brazo mientras que con el otro hurga entre las filas del librero.

—¡No puedo creerlo! ¡Los secretos de Miranda también están aquí! ¡Libro hecho a mano por la maga médica más especial en la historia! ¡Oh Dios! ¡Las pociones de Braum! ¡Escobas voladoras de Lexy! ¡¿Estoy soñando acaso?!—Sus ojos brillaban y se sentía en las nubes al tener ejemplares antiguos hechos a puños y letra de los mejores magos en la historia, cuyo valor era incalculable hoy en día. Y entonces cierta idea invadió su mente haciendo latir su corazón de la emoción  retumbando como tambor en su pecho

—¡¿Empezaremos estudiando esto?!—Pregunta con la emoción en el habla, y es que de ser así ya se imaginaba obteniendo conocimientos increíbles que lo ayudarían a ganar fuerzas alucinantes.

—No, aun no estás listo para esos libros—Y con eso sus esperanzas y emoción cae en un profundo precipicio sin fin.

Con la mirada en blanco observa como Torino hurga entre una pila de libros en una esquina y saca uno grueso y polvoriento el cual sopla con la boca, levantando una pequeña nube de polvo y revelando una cubierta rosa. Sonríe ante su hallazgo y regresa frente a Izuku para extendérselo.

—Este es tú libro, te lo llevarás y te lo memorizarás al derecho y al revés, hasta que sus enseñanzas te salgan por instinto y se graven en tu piel—Ordena con una sonrisa astuta ante la mirada de extrañeza de Midoriya. Éste lee la cubierta en voz alta.

—¿Recetas de Doña bruja?—Dice cuestionando, recibiendo una mirada casi ofendida.

—No subestimes a la señora Gertrudis—Advierte frunciendo el entrecejo, dándole una expresión severa, que cambio rápidamente a una pensativa, poniendo la mano de madera en su arrugado mentón dando la sensación de que acababa de ocurrírsele algo—Toshinori te hizo un taller en la academia ¿No?

—Ah sí—Responde un tanto curioso por la repentina pregunta

—Muéstramelo.

—Pero entrar a la academia los fines de semana está prohibido.

—¡Ñieee!—Torino hace un ruidoso sonido grave desde su garganta mientras con sus dedos índices como palos se cruzan formando una equis, recibiendo una mirada desconcertada del menor—¡Has cometido una terrible primera falta novato! Si el aprendizaje está de por medio mandas al diablo cualquier prohibición.

—¿Incluso si infringe la ley?

—Infringe la ley si alguien te descubre.

—Oh…—Deku comprendió la facilidad con la que allanó su cuarto anteriormente sin ningún tipo de miedo a represalias—pero la academia está muy bien asegurada ¿Cómo entramos?

Torino sonrió de una forma muy tétrica.

—Tú sólo dime si puedes seguirme el ritmo.

La mirada de Midoriya se endurece determinada y dispuesta.

—Yo puedo hacerlo.

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—¡Oh Dios! ¡Gran Torino no puedo hacerlo!

—¡Sshh! ¡Calla mocoso que estamos cerca!

Al principio iba bien, distraer el guardia con gatitos, escalar el muro de seguridad que rodeaba la academia, evadir las zonas más vigiladas, Torino tarareando la música de misión imposible,  admitía que no se sentía bien pero podía con ello. El problema empezó cuando llegaron al patio y no encontraban manera de entrar a las salas comunes debido a las puertas cerradas.

En un arranque de impaciencia Torino rompió una ventana, el estruendo de los vidrios rompiéndose no fue lo que terminó de acobardar a Izuku sino la ruidosa alarma de sirena que juraba hizo eco hasta en el espacio. Y entonces de algún desconocido lugar empezó a resonar la voz de comando militar de “Intrusos, intrusos”, no hizo falta que Torino gritara “corre” para que lo hiciera. Ahora estaban debajo de una las mesas del comedor, escondidos de un corpulento mago que registraba el sitio como el soldado de un cuartel.

Es necesario mencionar que seguía vistiendo su pijama de All Might.

—¡Oh Dios! Ese es el mago de la luz Light, él es conocido por ser capaz de encontrar desde objetos perdido a personas desaparecidas. Es cuestión de tiempo de que nos encuentren, infiltrarse de esta forma a la academia debe traer consecuencias muy graves ¡¿Y si me expulsan?! ¡¿O me meten en la cárcel?! Terminaría compartiendo celda con un hombre corpulento tatuado que me atacaría en las duchas ¡Oh Dios! ¡¿Cómo pude terminar en esto?! ¡Perdóname mama! ¡Por causarte el dolor de visitar a tú único hijo en la cárcel!—Ha estas altura el pánico invadió su mente y entrañas, hasta el punto de imaginarse una vida en una prisión de Norteamérica o excavando minas como castigo por infringir la ley.

En cambio Torino actuaba como un profesional especialista en infiltraciones o fuga, pues mantenía una calma de piedra a pesar de los murmullos incesantes negativos de Midoriya.

Aprovechó el momento en que el haz de luz que expulsaba la manga del mago centinela apuntaba hacia otro lado para asomarse y volver esconderse rápidamente.

—Muy bien chico, esto es lo que haremos—Dice captando la atención del lagrimoso joven—voy a correr hasta esa mesa llamando la atención del tipo estirado, entonces cuando este distraído te colas detrás de su espalda y te deshaces de él.

Deku tardó tres segundos en procesar lo dicho, su mandíbula se desencajó de manera antinatural y sus ojos estaban que se salían de su cara.

—¡¿Qué?!—Exclamó sin siquiera medir su tono y llamando la atención del guardia quien grita en voz grave de advertencia.

—¡¿Quién anda ahí?! ¡Sal antes de que te lastime!

Torino saca de su abrigo amarillo una gruesa botella negra y se la extiende a Izuku quien perplejo la mira y luego lo ve a él.

—¡No lo dudes y habientasela toda!

Midoriya no tuvo tiempo de replicar pues al anciano a una velocidad poderosa se desplazó a la mesa continua, llevándose consigo la atención del guardia quien apuntó la luz a otra dirección.

Izuku apretó la botella en sus manos, con el corazón en la garganta y escuchando los pasos del mago vigila pasando de largo. Un tic tac en su cabeza le decía que debía decidirse pronto, no importa como lo mires, infiltrarse ilegalmente a la academia, romper una ventana y por si no fuera poco usar una botella de vidrio contra un mago profesional le traería castigos muy graves como unos veinte años de cárcel y cuidarse en las duchas.

Lo decidió, huiría sin importar que, ya después pediría perdón a All Might y a Torino, debían comprender que esto ya lo superaba. Se levantó con mucho cuidado, y justo cuando dió un paso pisó una ruidosa lata de refresco.

—¡Oye tú!

—¡Uwaaahh!—Su cuerpo sólo reaccionó, su mano sosteniendo el cuello de la botella, su brazo estirándose, el vidrió impactando y rompiéndose en fragmentos.

La respiración de Midoriya es agitada mientras contempla el cuerpo caer desplomado al suelo, su rostro era un poema y su boca balbuceaba vocablos inconexos de disculpas.

—Jope… chaval, te subestimé—Torino sale de la mesa y se acerca a la escena del crimen con rostro de asombro absoluto. Dió un ligero toque con su bastón al hombro de la víctima y al escuchar un respingo de su nariz confirmó que seguía con vida—qué radical, yo creí que sólo soplarías el somnífero dentro de la botella.

El rostro de Midoriya era lo más parecido a un pescado muerto. Justo ahora comprendió, después de todos estos años, porque Bakugou lo apodaba Deku.

Hecho una piedra todavía, no recuerda muy bien en qué momento guió a Torino por el pasillo hasta el librero que ocultaba su taller.

—Oh vamos chico ¡Espabila! ¡La juventud trata sobre como rompes botellas en las cabezas de los demás!—Intentaba animar distraídamente mientras contemplaba el lugar a su alrededor, observando cada detalle, con una expresión de nostalgia que Midoriya no supo descifrar—le quitó personalidad pero no está mal, en verdad supiste conservar este sitio Toshinori…—dijo más para sí que para el menor que salió de su trance de culpa al escuchar el nombre de su ídolo.

—¿Conservar?—Repite, pues si lo pensaba con detenimiento las herramientas y las paredes mismas tenían resquicios de haber sido usadas antes, más sin embargo pensó que pertenecían a la academia misma.

Torino voltea verlo con una sonrisa.

—Este sitio le perteneció a mi vieja amiga y maestra de Toshinori—Los ojos de Izuku se abrieron absortos, como si hubiera escuchado el secreto del universo mismo.

—¡¿La maestra de All Might?!—Repite con asombro y emoción juntos—¡¿Este lugar le perteneció?!

—Oh si, aún hay huellas de ella en este sitio. Mira esta por ejemplo.

Al mover hacia un lado la cortina que decoraba la ventaba, dejó ver la tranparente mancha de quemado mal cubierta por pintura.

—¡Jaja! Fue de cuando explotó una caldera intentando hacer fuegos artificiales para un festival, Toshinori sufrió quemaduras de tercer grado ese día. Está otra…

Al mover una maceta decorativa descubre una grieta larga y recta.

—Es de cuando intentando hacer una máquina podadora de arboles, ¡Puff! Toshinori casi muere decapitado. Y en esta otra fue cuando quiso hacer un repelente de bestias carnívoras ¡Y Toshinori fue perseguido por un clan de antílopes por una semana entera! ¡Puff gijiiji!

Cada relato contaba un alocado experimento con un final dolorosamente desafortunado para All Might, Midoriya contemplaba desorientado como Torino soltaba risotadas a medida que seguía contando las desventuras del pasado del mago número uno. Más una duda carcomía su mente.

—Entonces…—Interrumpen dudoso obteniendo la atención del contrario—esta mujer ¿Qué clase de mago era?

—Ella era una Alquimista—Corrige con simpleza, la sorpresa se plasma en el rostro como si hubiera escuchado algo inaudito.

—¡Pero fue la maestra de All Might! ¡¿No?!—Replica confundido y para su sorpresa el hombre asiente.

—Un alquimista capacitado puede perfectamente entrenar una mago, pero nunca al revés. Suena loco pero así es, por eso Toshinori me buscó para guiarte, él no puede enseñarte nada—Dice respondiendo la duda que emergía en la mente de Izuku, este calló sintiéndose descubierto pues  el mayor leyó el fugaz pensamiento reclamante del porqué All Might no lo entrenaba. Pero al parecer no le dió importancia alguna.

Torino continuó hablando.

—¿Sabes dos de las cosas más especiales en los alquimista? La capacidad de aprender y crear. No podemos dejar de ir hacia delante. Ella era el ejemplo humano de esas dos cosas juntas…

Midoriya ve como Torino se acerca a la mesa de las herramientas, y las acaricias con sus prótesis de madera con delicadeza, con una mirada de añoranza y nostalgia que lo hizo sentir conmovido de alguna forma. No quería ser entrometido, pero probablemente por la forma tan distante en que habla el mayor, esa persona ya no este.

El mayor nota la mirada sobre si y tose para reincorporarse, pues aunque no lo parezca es orgulloso, adopta una actitud más animada.

—¡Escucha muy bien chaval! ¡Está es la regla más importante que debe tener siempre presente un alquimista!

—¡Sí!—Responde listo y con su atención total en el contrario.

—¡Si quieres crear algo! ¡Hazlo! ¡Sin importar qué! ¡Sigue hasta en las últimas consecuencias!—Una sonrisa felina apareció en los labios del mayor mientras un brillo de inspiración relucía en sus ojos—¡Aún si todo el mundo lo considera incorrecto o prohibido! ¡Hazlo! ¡Aún si ocasiona el desastre! ¡Sigue! ¡No importa si trae terremotos o crea incendios! ¡En absoluto no! ¡Lleva el infierno a la tierra! ¡Roba la reliquia prohibida! ¡Crea el pandemonio si con eso aprendes algo útil! Eso sí, dentro del ambiente seguro de tu taller.

Advierte lo último alzando un dedo, y a estas alturas la determinación de Deku cambió a una expresión asustada limitándose a asentir intimidado por lo que considera palabras incitadoras al caos. Torino sonríe y pone los brazos detrás de la espalda mientras se endereza más.

—Bien pues, aclarado eso ¿Probamos algunas recetas mágicas? Creo que te serían útiles para tus clases en la academia—Midoriya asiente repetidas veces, esta vez más animado.

Ahora que lo repetía en su mente, las palabras de All Might, su perspectiva acerca del viejo Gran Torino ha cambiado después de este loco primer día bajo su tutela, y por fin comprendía en su totalidad porque el mago número uno lo había buscado con tanta prisa y terquedad.

—En estos casos hay que usar glucosa de ácido—Dice el mayor mientras lo ve mezclar el contenido verde fluorescente de una gran hoya negra.

—¿Cómo sé cuanta debo usar?—Pregunta y Torino sonríe de buena gana.

—Tú échale con confianza, así lo entenderás—Midoriya obedece sonriéndole de vuelta antes de tirar el contenido de un pequeño frasco a la hoya.

Izuku aprendió que debajo de toda esa inestabilidad mental, locura temeraria y un extraño gusto musical, había un verdadero alquimista cuyos conocimientos y experiencias quería aprender sin importar que.

Aprendería a ser tan capaz cómo ese hombre y estar al nivel de la elite, así sea de una manera distinta a como había soñado de niño.

No importa lo difícil que pueda ser el camino y sus enseñanzas, no se rendiría. Ni siquiera lo hará aún cuando el contenido fluorescente de la hoya haya tenido una reacción química al haberse excedido de la porción de glucosa de ácido correcta, dando como resultado la explosión de una mini bomba nuclear cuyo impacto mando a volar su cuerpo contra la pared destruyéndola en el proceso; terminó siendo amortiguado por un pilar decorativo de la sala común del pasillo.

Su pijama verde de All Might, terminó siendo pintada de negra por la explosión.

En la nube de polvo y químicos, Midoriya desparramado y casi inconsciente en el suelo pudo distinguir la silueta y sonrisa risueña de Torino mirándole con cierto brillo de sadismo en sus ojos.

—Así es cómo sabes cuanta glucosa de ácido usar—Informa con la satisfacción en cada palabra.

De esta forma Midoriya Izuku inició su entrenamiento como alquimista bajo la tutela de Gran Torino.

Continuará…

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